Los boliches de nuestra adolescencia

¿Quién no bailó sobre un parlante? Un repaso por algunas de las pistas memorables de nuestra adolescencia. Sumá tu recuerdo.
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4 de marzo de 2010  • 14:39

La larga cola para entrar, los odiosos patovicas, el pulóver en el cuello, los pasitos en el parlante, los hitasos, la barra de amigos, y claro, la chica que esperábamos conocer cada sábado. Esos son algunos de los recuerdos que muchos compartimos de cuando íbamos a los boliches durante nuestra adolescencia. Todo empezó en la matinee, continuó en las "maratones" para terminar (ya con pelos en la barba) con la noche después de la previa.

Buenos Aires ofrecía distintos lugares para divertirse cada fin de semana. Desde los boliches más "chetos" en zona norte hasta los antros perdidos en el centro. Cada barrio tenía propuesta. Aquí, un recorrido por algunas de las pistas famosas de nuestra adolescencia.

La Embajada. Todos los que hoy tienen cerca de 30 alguna vez pasaron por La embajada en Villa Crespo. Las barras de los clubes, los chicos y las chicas del barrio, los del Ferreyra, el Claret y los Normales se reunían cada sábado como en una ceremonia, junto a los tarjeteros y los rrpp. El lugar tenía dos pisos y escaleras en cada punta, conformando una caja de zapatos de cemento de varios colores. La noche siempre arrancaba con marcha para empezar con pasitos arriba del parlante y luego seguía con la música más pachanguera y los temas de moda. Lamentablemente, como en muchos otros casos, hoy La embajada es un supermercado.

La France. En el centro, detrás del Complejo La Plaza, aparecía La France. Animado en una época por el locutor Cristian Palacios, este boliche reunía a chicas y chicos de toda la Capital y a los que venían de zona sur. Eran inolvidables las filas en la entrada detrás de una horrible y finita baranda, y las escaleras de entrada que parecían que llevaban a la pista. Años después esta disco se convirtió en un boliche gay.

Caix. Entre las opciones que daban al río, una de las más recordadas es Caix. La entrada costaba unos buenos billetes y era un poco top (por momentos demasiado "cheto"). Se podían festejar cumpleaños e ir en banda con amigos si se conseguía una lista o un contacto con los rrrpp. La gente de las barras tenía mucha onda y la vista, desde las barandas blancas, era inolvidable.

Los Cabos. Para muchos, este lugar en Belgrano fue una cuna de grandes. Su matinee fue una de las más populares de los ´90. Ahí se juntaban grupos de amigos de los clubes de rugby y de fútbol, y todos los colegios de la zona. Su decorado tropical y sus parlantes para bailar eran imperdibles. La noche explotaba cada sábado cuando el dj hacía sonar La isla del sol.

La Reina. Para los rockeros, rollingas y alternativos de aquellos tiempos, La reina era su espacio ideal. Un antro en planta alta perdido por el centro pero con toda la mística de los mejores lugares para bailar rock and roll y conocer chicas. Muchos lo recuerdan por ser el único boliche que no tenía dj: todos los sábados sonaba una y otra vez casi los mismos temas en el mismo orden. Para los fanáticos, La reina tenía su correlato en el balneario de Villa Gesell, en donde la ceremonia rockera volvía a celebrarse después de un día de sol.



¿A qué boliches ibas vos? Contanos.

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