
Los chicos malos del mar
En Honduras, un buzo italiano se dedica a conducir a otros osados hacia encuentros cercanos con tiburones que llegan a medir hasta 3 metros de largo. Aquí, el relato de la apasionante aventura de bucear junto a estos peces de mala fama
1 minuto de lectura'
Sergio Tritto, italiano de 45 años, dejó la abogacía por nadar entre tiburones. Para algunos, la adrenalina a veces no es suficiente. Y él se dedica ahora a llevar buzos que buscan extremar las emociones nadando entre predadores de mala fama.
En la mayor de las islas de la bahía de Honduras, Tritto y sus clientes interactúan con el animal acuático más temido, como si se tratara de cándidos delfines.
A 30 millas de la costa hondureña, la isla de Roatán es la base desde la que parten las excursiones de buceo, muy buscadas por lo económico y variado de sus posibilidades, entre las que se cuenta la visita al segundo arrecife más grande del mundo. También parten las inmersiones que se dirigen a Cara a Cara, el punto de encuentro de Tritto con sus socios submarinos.
No es el típico buzo. Tritto llegó al Caribe hace siete años, tras dejar atrás toda una vida trajinando los tribunales italianos con pilas de legajos bajo el brazo. Buceaba desde los 14 años, pero fue el sabor de hacerlo con tiburones alrededor del planeta lo que lo llevó a tomar la determinación de darle un viraje drástico a su existencia: cambiar de profesión. Pero no es un improvisado. En 1986 fue instructor de la Federación Italiana de Buceo y desde 1990 tiene certificación de PADI, la asociación profesional de instructores de buceo.
Actualmente lleva buzos para tener encuentros cercanos con los escualos. Los provee de herramientas para realizar esta experiencia, una serie de procedimientos y medidas de seguridad sencillas pero importantes. El descenso a 22 metros de profundidad se realiza sujeto a una cuerda que une el barco de buceo con el fondo de una pared de coral de más de dos metros, que protege de las fuertes corrientes durante el tiempo en el que el buzo interactúa como le salga con más de 30 tiburones de entre 2 y 3 metros de largo. Los animales llegan atraídos por un balde con pescado que Sergio lleva para la ocasión. Como para que ninguno esté con hambre.
El buceó por primera vez junto a tiburones en 1986, en la isla Brothers, del mar Rojo. La noche anterior no había podido pegar un ojo, por la mezcla de nervios y ansiedad. “Sé exactamente lo que la gente siente cuando está por debutar –asegura, y recuerda su propia experiencia–. Llegamos a un punto de mucha corriente y olas. Los delfines, que escuchaban el ruido de los motores de la lancha, brincaban a nuestro lado. Al ser un lugar muy movido, la guía me dijo que me tirara y bajara lo más rápido posible porque si no la ola me tiraría encima del arrecife. Apenas bajé, recuerdo cómo un tiburón martillo muy grande me pasó por arriba. Es una imagen que todavía tengo grabada. Más tarde llegaron otros. Era un lugar con muchas especies: tiburón gris, tiburón zorro, y varias especies en el mar abierto, a unas 80 millas de la costa.”
Así comenzó su carrera en la búsqueda de lugares donde bucear con tiburones: Sudán, Egipto, Maldivas, la isla del Coco en Costa Rica, las Bahamas o la Florida, donde se bucea en barcos hundidos a una profundidad de 35 a 40 metros y siempre se ven ejemplares del agresivo tiburón toro.
Al principio, su idea no era trabajar con ellos. Decidió instalarse en Roatán, tentado por los tiburones. Salía con un amigo a buscarlos, atrayéndolos con presas pescadas para ellos. Bajaban dos veces por semana, desde el mismo lugar, y luego de unos meses lograron cierta familiaridad con cinco ejemplares. “Tardamos un mes en acostumbrar a los tiburones a nuestra presencia y más de un año en acostumbrarlos a nadar junto a ellos”, asegura.
No son, igualmente, tiernas mascotas. Un día buceaba Sergio con un camarógrafo, y comenzó a alimentar a los tiburones, como es su costumbre. Los comensales se habían retirado ya, excepto dos, algo inquietos. Uno de ellos, no contento con su ración, lo atacó. Primero apuntó a la cámara de filmación y luego se le acercó a Sergio por detrás y le mordió la cabeza. Lo soltó al sentir que no era más que piel y hueso. Pasados seis meses de la cicatrización las dos heridas, Sergio comenzó a sentir algo duro en una de ellas: era un pedazo de diente del tiburón que más tarde abrió la herida nuevamente para salir.
Pero existen también historias de amor entre hombres y tiburones. Sergio identifica a María, “el animal más grande, inteligente y curioso de todos”, según su definición de enamorado. Sergio se pone por debajo de María y la acaricia con sus manos. María siempre se deja tocar un poco más. “Es como si buscara el contacto conmigo”, dice Sergio, que reserva estos momentos de intimidad sólo para ella.
Una vez, la estaba alimentando cuando llegó un malón y lo cercó, esperando su porción. En un abrir y cerrar de ojos se dio cuenta de que no se veía más las manos. María tenía su cabeza pegada al pecho de Sergio, y guardaba las dos manos del buzo dentro de su boca. Sergio comenta que no sintió mucho y que el animal suavemente le soltó las manos y se retiró. De todos modos él llevaba, como es habitual, sus guantes de malla de acero.
“Es como darle de comer a varios perros hambrientos: sería muy difícil, si uno mete la mano en el medio, no ser mordido por alguno”, los disculpa su domador. Para él, cada tiburón es diferente, y distingue su carácter. Los más chicos son los más nerviosos y por lo general los más grandes son más inteligentes y tranquilos. “Nunca observé que un tiburón de este tipo estuviera interesado en un buzo. Lo único que los pone un poco nerviosos o más tensos es el olor a la sangre del pescado con que los alimento”, apunta, y recomienda: “No mover las manos, ponerlas cruzadas o detrás de uno. Los tiburones detectan muy bien las vibraciones en el agua y sienten curiososidad por todo lo que se mueve de una manera rápida y desordenada. Si se está nadando en una costa y se descubre que un tiburón anda cerca, hay que volver nadando lentamente. Ellos tienen una capacidad enorme para detectar cuando un animal tiene miedo y está en problemas”.
revista@lanacion.com.ar
Para saber más
http://es.wikipedia.org/wiki/tiburon





