
Quizá con el mismo celular que en este momento tenés en la mano, ellos hicieron una diferencia: lo convirtieron en una herramienta de creación. Cómo es generar nuevas expresiones y compartirlas en la era de Instagram, Tinder y Vine
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<b>Arte Digital</b>

Socketscreen y el arte colectivo
Rafael Marchetti nació en Buenos Aires hace 39 años, vive en San Pablo y comenzó su carrera de artista digital en Francia, cuando se fue a estudiar Bio Art o arte transgénico, que logró notoriedad hace unos años cuando uno de sus grandes referentes, el brasileño Eduardo Kac, alteró la pigmentación de un conejo haciéndolo verde flúo. Rafael es el creador de Socketscreen, una obra en vivo alimentada por los asistentes a través de sus celulares. "Durante la presentación, la gente hace búsquedas de imágenes en Google por medio de nuestra app y el resultado se proyecta en grandes espacio públicos", cuenta Rafael. Socketscreen es una muestra itinerante y ya se proyectó en Santa Catarina, Natal, en la fachada de la embajada de Brasil en Roma y en la Estación de Luz, la estación de trenes más grande de San Pablo. "La idea nació en 2011, cuando me invitaron a participar del Festival Live Cinema de Río de Janeiro, que consistía en producir cine en vivo. Así pensé en una dinámica con el público, en la que ellos colocaran el contenido que quisieran y yo hacía la película", cuenta. La experimentación en vivo trae el concepto que Rafael quiere transmitir en sus obras: la falsa idea del control total sobre la tecnología. "Las redes tienen ruidos y tienen sus controladores. Eso se ve en las búsquedas que hace nuestro público durante la muestra. Hay un desfase entre aquello que queremos hacer en nuestros celulares y lo que finalmente logramos hacer", dice.

Espacio Byte: un museo virtual
¿Hay alguna manera más apropiada de disfrutar del arte digital que desde un celular? Eso es lo que pensó Enrique Salmoiraghi (35 años, licenciado en Comunicación Institucional y museólogo), que junto con el diseñador David Bianco creó Espacio Byte, un museo virtual dedicado a la educación y difusión de artistas digitales argentinos. "El arte digital es el arte de la abundancia, y es imposible captarlo en toda su dimensión en un museo tradicional", cuenta Enrique, que venía trabajando desde hace unos años en gestión cultural, como el Festival Argentino del Videoclip, hasta que fundó Espacio Byte en julio de 2013. Espacio Byte funciona como cualquier otro museo (de hecho, formó parte de la propuesta de La Noche de los Museos en noviembre de este año), con doce muestras permanentes y otras itinerantes. De las obras permanentes, los visitantes pueden descargarse las imágenes como fondo de pantalla y la música para escuchar en su playlist. Su propuesta es educativa (llevan el museo con iPads y computadoras a los colegios) y, además, único en el mundo. Solo existen tres museos de este tipo: el Digital Art Museum, "con un perfil más arqueológico", explica Enrique, y el Spamm, dedicado al web art.

Los stickers de Boris Hasabike
Podemos usar el celular para crear, o crear para que otros sean creativos con su celular. Algo así se propuso Lucio Paletta (28 años, ilustrador), más conocido como "Boris Hasabike" cuando empezó a armar personajes con la idea de que se los usara como emoticones para chatear por celular. Lucio es el padre creativo de "Hipster & Oso", dos amigos que diseñaron emoticones de la aplicación de mensajería instantánea Line. La empresa tiene una plataforma llamada Line Creators Markets, que les da la posibilidad a los ilustradores de todo el mundo de subir y vender sus propios stickers. Lucio, que venía trabajando en ilustración de videojuegos, encontró esta oportunidad, creó sus propios personajes y los subió, siguiendo algunos parámetros técnicos que permiten ser descargados y usados desde un celular. "Antes, este tipo de ilustraciones las dejaba perdidas en algún disco duro; hoy, con un par de clics las podemos subir, darles vida propia y obtener rédito económico", dice Lucio, que gana el 50% de cada sticker que vende (el precio de los stickers de Line va entre uno y dos dólares cada uno). Los emoticones son parte natural de la comunicación por celular: 1.800 millones de stickers son enviados a través de Line todos los días.
<b>Escritura Creativa</b>

Carolina Ortega: Twitter y el encuentro con un padre
Este es el karma de todo tuitero intenso: multiplicar por 140 caracteres la cantidad de tuits escritos y suponer que si toda ese energía se hubiera volcado en una hoja en blanco, hoy tendría una novela. O dos. El cálculo es un juego y es, claro, una falacia, porque 10.000 tuits no hacen un libro. Pero eso no significa que no pueda haber creatividad literaria en Twitter. Situación: Carolina Ortega, 36 años, por entonces asesora de prensa del diputado Felipe Solá. La noche del 17 de abril de 2013 –que la encontró trabajando en el Congreso– le avisan que su mamá, que vive en Burzaco, había sido asaltada. Toma un taxi apurada. El taxista le dice que conoce la zona a la que va. Maneja nervioso. En el trayecto Carolina habla por teléfono con la policía, con familiares. Casi media hora de viaje después alza la vista para ver a su chofer. Le mira los ojos, parece reconocerlo. Luego lee el cartel que cuelga del respaldo del asiento delantero: era su papá, al que no veía desde que tenía 7 años. Ya en la madrugada del 18 de abril, agarró su teléfono y contó toda la historia del encuentro con su padre desde su cuenta de Twitter, @comandocarolita, en quince tuits. Hoy esa historia, escrita con el corazón a mil pulsaciones desde su teléfono celular, está a punto de convertirse en un libro (Taxi. Cómo reencontrarte con tu padre después de 30 años, sale en enero de 2015 por Mondadori). "Siempre pensé que mi cuenta de Twitter iba a derivar en un libro. Yo lo uso mucho para contar historias y anécdotas, y hacía rato que lo venía pensando, pero no sabía cómo", cuenta Carolina, que así como llevó su vida a Twitter, también decidió llevar Twitter a su libro. "El libro está cruzado también por mi relación con Twitter y con tuiteros", cuenta. El ilustrador @costhanzo, por ejemplo, a quien no conoce más allá de la red social, ilustrará la tapa.
El topo ilustrado: una obra en fragmentos

Twitter puede disparar una obra literaria, pero una obra también puede ser contada en Twitter. @eltopoilustrado es una cuenta creada y alimentada por Cristian Turdera (ilustrador) y Tobías Schleider (escritor, docente, abogado). No se conocían más que por seguirse mutuamente hasta que un amigo en común los puso en contacto. "A mí me gustaba cómo escribía", dice Cristian de Tobías. "A mí me gustaba cómo dibujaba", dice Tobías de Cristian. Empezaron a ver qué podían hacer juntos y nació la idea de contar una historia corta, ilustrada, todos los días de lunes a viernes durante seis meses. Así apareció @eltopoilustrado, que es una obra larga y fragmentada en 120 tuits. "El desafío era que pudiera ser leída desde un teléfono celular", cuenta Cristian, que entonces pensó que sus dibujos debían ser simples como un boceto. Tobías, el escritor, apasionado por los juegos de palabras, pensó en un formato de décima para construir sus textos. "Escribir para Twitter es ceñirse a poco para expresar mucho", dice. Durante seis meses, entonces, uno escribió y el otro dibujó para que la gente los leyera en sus celulares. El proyecto con el tiempo se convirtió en un libro (El topo ilustrado, volumen 1, ediciones De la Flor) y ahora van por el volumen 2.
TipType: la precisión en los dedos

Lucas Llach (economista, docente) no le prestaba demasiada atención a su celular hasta que decidió cambiarlo. Usaba un Blackberry y pasó a uno touch con sistema operativo Android. Y algo empezó a molestarlo. "La tasa de error de tipeo empezó a ser altísima", cuenta. Esto lo confirmó cuando vio que el sistema predictivo en ese tipo de celulares era muy usado, por lo que empezó a pensar en un método para escribir más rápido con menor riesgo de equivocación. Se juntó con el desarrollador Daniel Goldberg y juntos crearon TipType, un teclado para Android (está por salir la versión iOS) que consta de solo doce teclas deslizables. "La idea era tener teclas más grandes para no errar al escribir", cuenta Daniel. Cada tecla tiene asignada una letra o signo y solo hay que deslizarla en la dirección correcta. "TipType recupera la idea del trazo de la escritura, porque cada tecla es un minitrazo, y la primera escritura era eso, trazos pequeños, cada uno en diferentes direcciones". Lucas desafía a escribir una frase en menos de treinta segundos en un teclado distinto del TipType. El ganador se lleva US$500. Info en youtube.com/uiyopqi2.
<b>Música (Por Lucas Petersen)</b>

Estudio 2Beat: cómo componer tus canciones
Juan Bordón es un apasionado de los cruces entre música y tecnología. Bajista (toca en The Tandooris, entre otras bandas) y programador, comenzó a imaginar en 2008 la posibilidad de armar algo para la tecnología móvil. Fue así como le propuso a un compañero de trabajo, Sebastián Marconi, licenciado en Ciencias de la Computación, presentarse en un concurso para desarrolladores de Google con una aplicación que permitiera componer canciones. Darío Georges, diseñador gráfico, guitarrista, amigo y compañero de Juan, armó la interfaz de lo que se llamaría en un primer momento Uloops. El proyecto quedó sexto a nivel global en la categoría Multimedia y marcó el nacimiento de su estudio 2Beat.
Aquel proyecto los impulsó a avanzar y Uloops se convirtió en PocketBand, una aplicación para teléfonos celulares que funciona como "un pequeño estudio de composición con plataforma de publicación y red social incluida", como lo define Juan. Con PocketBand no solo podés crear en tu teléfono, sino formar bandas y componer con gente de cualquier parte del mundo. PocketBand tiene hoy más de cuatro millones de usuarios –la mayoría, raperos y músicos electrónicos del hemisferio norte– que, agrupados en más de 16.000 bandas, crearon casi 340.000 canciones, todas desde sus celulares. "Me sentí como un chico en un kiosco –recuerda desde los Países Bajos Fliquid, uno de los usuarios más intensivos del software–. Era la aplicación de una comunidad musical con la que siempre había soñado".
Luego de PocketBand, y con la incorporación de Andrés Blanco a 2Beat, armaron Oscilab, una groovebox móvil para iOS y Android que, mediante una interfaz gráfica muy simple, permite componer incluso a los que no tienen conocimientos musicales. "Lo que hacés es dibujar formas de onda a través de herramientas muy sencillas y eso termina ajustándose solo a una grilla. Lo que sale ya va a ser música", explica Darío.
Para Sebastián, desarrollar aplicaciones musicales es una experiencia fantástica: "Ves personas muy creativas realmente disfrutando de usarlas, gente que ha descubierto su impulso, en gran medida, gracias a ellas".
Le Freak Selector: instrumentos en pantalla
En 2001, como tantos argentinos, Martín Nardone rumbeó hacia Barcelona a buscar un futuro. Y lo encontró. Percusionista de formación, comenzó a trabajar como DJ en discotecas –en un trayecto que incluyó colaborar con La Fura dels Baus– hasta que fue convocado por los creadores de Reactable, una de las primeras aplicaciones musicales que aprovecharon las superficies multitacto, para probar la versión para celulares y tabletas del instrumento que hizo conocido Björk en tiempos de Volta. Su tarea era encontrar las fallas del programa y supervisar la utilidad o facilidad de operación de sus funciones.
Después de esa experiencia, Martín formó Le Freak Selector –una productora de música basada en la electrónica y nutrida variedad de instrumentos, líneas vocales y estilos de múltiples culturas– y se convirtió en performer oficial de Reactable mobile.
Como DJ productor, además, usa controladores como Traktor, cajas de ritmos, sintetizadores y el OSCulator, que establece un puente inalámbrico con la computadora. "Yo puedo estar en la pista –dice–, bailando con la gente y pinchando las cosas que están en la cabina. Por ahí va el futuro en esto: todo va a estar en la nube y sin cables".

El Remolón: cumbia móvil
Andrés Schteingart, uno de los pioneros de la cumbia electrónica y creador de El Remolón, entiende la tecnología móvil más como una herramienta de juego y búsqueda que de composición. Para él, las aplicaciones muy sofisticadas "tienen demasiada información para un celular". Por eso, prefiere las más sencillas ("descartables", dice), como aquellas que disparan efectos.
De todas formas, le dio alguna vez un uso más extensivo. Uno de los más curiosos fue adosar el celular a un Keytar (un teclado portátil como el que usa Pablo Lescano, de Damas Gratis) y procesar desde allí, con la mano izquierda, mediante una conexión inalámbrica con la computadora, los sonidos que producía con las teclas con su mano derecha.
También usa el celular para componer. "Lo bueno de las apps –sostiene– es que entrás a la música por un lugar distinto y sale una idea que de otra manera no hubiera salido". Ejemplifica: explorando la aplicación iKaossilator, creó un ritmo y una línea de bajo que terminaron en un remix que hizo de un artista brasileño.

Fabián Kesler: la invención del sonido
"Lo que me interesa es transformar dispositivos cotidianos en instrumentos musicales", dice Fabián Kesler, un músico formado en composición electroacústica en la Universidad de Quilmes que experimenta con las posibilidades de los celulares, el mouse, el joystick o la webcam, para controlar o generar música y arte multimedia.
De los celulares Fabián aprovechó la superficie táctil, los botones y los sensores internos –como los que hacen rotar la pantalla– para integrarlos a la creación. Para eso diseñó DRK LiveOSC, un programa gratuito que colgó en su blog y que, a través de un enlace Wi-Fi del móvil con la computadora, permite activar o controlar sonidos grabados, o directamente crear en vivo.
Fabián utilizó celulares en gran cantidad de sus presentaciones multimedia, por lo general dentro del circuito del arte experimental. También lo incorporó a la obra de danza Speak, en la que los bailarines generan con su movimiento parte de la banda sonora utilizando tecnología móvil.
<b>Video</b>
Vine o los seis segundos de fama
Los podés ver mezclados en tu timeline o muro de Facebook: son los microvideos que alimentan la red social Vine. En Estados Unidos, hay superestrellas del género con millones de seguidores y marcas interesados en ellos. En la Argentina, esto recién empieza.

Zepet y el Vine absurdo
Si vas caminando por la calle y ves a un chico de 25 años que se filma con su iPhone y repite una misma escena una y otra vez, puede que sea Ezequiel "Zepet" Gurovich, un productor de TV que hace pequeñísimos cortos y los sube a Vine, una red social para compartir videos de seis segundos de duración. Zepet (ese es también su usuario de Vine) hace humor absurdo y se hizo famoso cuando en el programa de Jorge Lanata pasaron la canción que el joven enamorado le había dedicado a una chica K. La había subido a YouTube, donde también sube videos un poco más largos, de tres a siete minutos, todos con su celu. "Entré a Vine cuando no te dejaban editar los videos, hoy se puede y es mucho mejor", dice Zepet, que, además, es el creador de asinomevasacogerpelotudo, la ¿red social? que escracha imposibles chamuyos virtuales.

Alee Sanzi busca su estrella
Alexis (Alee) Sanzi tiene 20 años, estudia arquitectura y quiere ser una superestrella de Vine. Tiene más de 8.000 seguidores, aunque al igual que Zepet, asegura que la clave de Vine es la viralización por redes como Facebook o Twitter. Conoció Vine porque lo vio en el mercado de aplicaciones de su celular (usa un iPhone 5s) y empezó a subir videos primero en inglés, hasta que encontró su público acá y ahora los hace en castellano. "Hago vines cómicos, buscando cosas en la vida cotidiana que a todos les pasó en algún momento", se define.
Viners Argentos o los curadores de la red
Vine viene creciendo incipientemente en la Argentina, pero ya tiene sus propios "curadores". Se llama Viners Argentos y es una fan page para promocionar a los viners argentinos."Veníamos viendo que mucha gente subía vines yanquis y nos preguntábamos por qué nadie subía sus propios videos. No había creaciones locales, entonces alguien tenía que hacerlas y esos fuimos nosotros", cuenta Hernán "Nano" Bellucci (19 años, redactor creativo), y explica: "La gente filma un video con Vine, lo sube a la red, nos pasa el link o lo buscamos con el hashtag #VArgento en la aplicación y, si lo vemos creativo, original o que se despega de lo normal, lo subimos a la fan page para que tengan sus seis segundos de fama".
<b>Cine y Fotografía</b>

Yuri Caminos: el cine a mano
"Nos vemos igual", se llama la página de Yuri Caminos (30 años, licenciado en Educación) que condensa su experiencia en los talleres de cine para chicos con celulares. Yuri empezó en 2004 ofreciendo cursos audiovisuales en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Avellaneda y luego siguió por su cuenta, siempre con chicos de la zona. Su idea inicial fue enseñarles, a los que tenían entre 6 y 13 años, el lenguaje y la técnica de los cortos de cine, aprovechando las buenas cámaras de sus teléfonos. "Estos talleres giran alrededor de la idea de aprovechar el conocimiento tecnológico de los pibes y potenciarlo desde la exploración artística, profundizando los conceptos del cine, su lenguaje y las implicancias narrativas de cada toma", cuenta Yuri. De este modo, los chicos fueron haciendo lo mismo que hacían antes de tomar el taller, es decir, filmar videos con sus celulares, pero con un sentido artístico: "Reconociendo su intención y haciéndolos responsables de lo que transmiten", explica. Así surgieron algunas historias que pueden verse en la página, como "La corriente" (un grupo de extraños intenta desconectar a una pequeña niña fanática de la tecnología), "El oseo de la vida" (tres historias independientes que giran alrededor de la discriminación, cuyos personajes coinciden al final) y "¿Y si fuera real?", un compilado de los prejuicios contados con humor. "Muchos chicos con sus celulares filman peleas armadas en el aula de la escuela y las suben a YouTube, o escrachan a sus profesores con filmaciones de celulares ocultos. Esos son los primeros pasos para la producción audiovisual. Lo que ofrecen talleres como los nuestros no es un dominio técnico de los celulares, sino la búsqueda de una voz propia", dice Yuri.

Chicas Bondi o la cámara indiscreta
Torcuato González Agote (30 años, especialista en marketing y branding) es un claro ejemplo de cómo el aburrimiento y la tecnología pueden disparar la creatividad hacia lugares impensados. Un día de octubre de 2011, mientras iba al trabajo en colectivo, vio a una chica que le gustaba y le sacó una foto con su celular. "Pasaba mucho tiempo arriba del colectivo", dice. Repitió la foto unos días después y empezó a mostrarlas en un Tumblr, y se dio cuenta de que aquello que le parecía lindo a él (la chica, la foto y la situación) era lindo para muchos. Y así nació Chicas Bondi, un proyecto de fotografía callejera como existen varios en las grandes ciudades; por ejemplo, el de Daniel Arnold, un fotógrafo neoyorquino que va tomando fotos de personas en la vía pública con su iPhone y las sube a Instagram (y vende por varios miles de dólares). Sin el impacto comercial de los proyectos del primer mundo, Torcuato, que no es fotógrafo profesional aunque sí un entusiasta de la fotografía documental y de retratos, pudo en su escala convertir Chicas Bondi en un proyecto comercial: Levi’s lo contrató para una producción de fotos y Nokia lo llevó a principios de este año a recorrer quince ciudades de la Argentina sacando fotos con su modelo Lumia 1020. Si bien siempre toma fotos con un iPhone, Torcuato usa la app Hipstamatic, que emula la textura de una cámara analógica (con el recuadro blanco y el granulado de la "película"). Chicas Bondi va y viene (como los colectivos), pero Torcuato siempre está subiendo alguna nueva toma y ya lleva cerca de setecientas entre chicas y chicos.





