
Los enemigos de la Navidad huyen del festejo
En plena celebración, muchos reniegan de esta fecha en la que, aseguran, aumentan las depresiones y el daño al medio ambiente
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MADRID (El País).- En los cuentos infantiles una característica para reconocer al malvado era que siempre odiaba la Navidad. Como el empresario huraño y explotador que retrató Dickens en A Christmas Carol (Cuento de Navidad) bajo el nombre de Ebenezer Scrooge, o el Grinch, aquel personaje creado en 1957 por el autor Theodore Seuss Geisel, más conocido por Dr. Seuss, que incluyó a este diablillo de color verde en el libro How the Grinch Stole Christmas (Cómo el Grinch robó la Navidad).
Sin embargo, son muchos ya los que empiezan a identificarse con Scrooge en su alergia al muérdago y desearían que el calendario pasase, como por arte de magia, la página de diciembre. Hugh Grant es uno de esos Grinch que sueñan con un mundo sin arbolitos, pero consciente de que eso nunca va a ocurrir, se traslada con su padre a un país musulmán, generalmente Marruecos, para ignorar estas fechas. Ozzy Osborne, como buen gótico, las prohibiría, y su mejor memoria navideña fue cuando en 2003 tuvo un accidente de bicicleta, que rememoraba con alegría: "Estuve en coma por algún tiempo, por lo que me perdí la Navidad. Gracias a Dios". Lady Gaga confesó también que le deprimía esta celebración y en uno de sus conciertos rompió un muñeco de Santa Claus. El actor británico Colin Firth, que puso voz al personaje de Fred Scrooge, el sobrino del malvado de Dickens en la película animada, Cuento de Navidad (2009), reconoció que, en cuanto a filosofía navideña, estaba más cerca de su tío en la ficción que del resto de la humanidad.
Recientemente, se ha publicado que el portal de búsqueda de vuelos Skyscranner elaboró una encuesta entre sus usuarios para averiguar por qué les gustaría escapar de la Navidad. Las diez razones más comunes fueron: para huir de la suegra, por compromisos con la familia política, para escapar del ambiente navideño, para celebrar las Fiestas en otro destino, para descansar con su pareja, para evitar volver a casa, para ir a un destino de playa, para llegar a tiempo a las rebajas de ciudades famosas, para practicar esquí y para formar parte de una celebración navideña famosa.
En el fondo de todas estas razones se esconde el hecho, registrado ya por profesionales, de que estas fiestas consiguen todo lo contrario a lo que se proponen: deprimir y estresar hasta límites insospechados. La revista Psychology Today, escribía: "De acuerdo con The National Institute of Health, la Navidad es la época del año con mayor incidencia de depresiones".
Pero si la Navidad es mala para la psiquis, para el medio ambiente es devastadora. Según la EPA (Environmental Protection Agency), la cantidad de basura se incrementa en un millón de toneladas en los Estados Unidos. entre Acción de Gracias y Año Nuevo, la mayoría procedente de paquetes, envoltorios y adornos. Por no hablar del gasto de energía eléctrica que suponen las luces.
Desde Ecologistas en Acción cada año se lanzan campañas para impulsar a la gente a vivir unas Fiestas más ecológicas. Según Ánxela Iglesias, responsable de medios, "un estudio que se hizo en Francia develó que tenemos una media de 3000 a 4000 objetos en casa, quince veces más de lo que tenían nuestros abuelos".
Como los que odian la Navidad son ya legión abundan las páginas web que dan consejos para sobrevivir a las comilonas, los parientes indeseables, las canciones y las películas. Ihatechristmas.net propone kits de supervivencia para Navidad, mientras que The Atheist's Guide to Christmas informa sobre alternativas para cenar. Cuentan que entre los judíos de Nueva York se hizo popular ir a comer a restaurantes de Chinatown, los únicos siempre abiertos. El Evening Standard publicó una guía titulada Anti-Christmas Events, en la que incluía una visita al National Army Museum para ver el cartel que en 1647 prohibió la Navidad: el líder puritano Oliver Cromwell consideró que las comilonas y parrandas eran inmorales. La ley duró en Inglaterra hasta 1660, pero en los Estados Unidos estuvo vigente desde 1659 hasta 1681. ¿Se imaginan qué felicidad?



