
Los fundamentales Hoy: el Album blanco de los Beatles
Por Claudio Kleiman
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Es difícil creer que han pasado ya (más de) 30 años desde la edición original de The Beatles , disco doble que se haría popularmente conocido como The White Album , o entre nosotros, El álbum blanco . Grabado y editado en los agitados días de 1968 -un año después del verano del amor y Sgt. Pepper´s, uno antes de Woodstock-, refleja a la perfección el zeitgeist de una época que vibraba con la ebullición de múltiples corrientes culturales. Su tono oscuro y desolado por momentos, anticipa también el cambio de década, con el advenimiento de unos años que marcharían bajo un tambor diferente. Fue, además, el primer disco de los Beatles en aparecer bajo su propio sello, Apple, inaugurado meses antes.
Pero el paso del tiempo resulta aún más increíble cuando uno realmente escucha el álbum. La frescura, diversidad, musicalidad y riqueza de ideas expresada a través de sus 30 canciones, suena con una vigencia asombrosamente contemporánea. Incluso por sus valores de producción, cuyo approach despojado y directo (comparado con -por ejemplo- la suntuosidad de Sgt. Pepper´s ) realza el contenido emocional de los temas y los viste con una pátina atemporal. Es quizás el disco menos pop -y, en consecuencia, más rock- de los Beatles, con las guitarras elevando el nivel de distorsión y volumen, y la batería de Ringo asumiendo en ocasiones un papel preponderante (el ejemplo más claro de esto es Birthday ).
Se ha dicho que en este álbum cada Beatle trabajó individualmente en sus respectivas composiciones, usando a los restantes integrantes casi como sesionistas, lo que en definitiva anuncia el camino que tomarían dos años más tarde. Pero en su momento, ante el poderío musical, la cohesión y el espíritu demostrados aquí, nadie fue capaz de leer en esto el aviso de una posible separación. Visto con la perspectiva del tiempo, el álbum es prácticamente un catálogo donde están expuestos los caminos que asumiría el rock en las tres décadas siguientes: unplugged, heavy, hard, noise, experimental, alternativo, rock´n´roll, blues, music-hall, lounge, pop, está todo en 30 canciones que irradian brillante inspiración.
Muchas de ellas (especialmente las de Lennon) fueron compuestas en Rishikesh, India, durante un retiro espiritual junto al Maharishi, del que luego el propio John se mostraría amargamente desencantado. En cualquiera de los casos, Lennon muestra en sus temas tanto el lado salvaje como el más vulnerable de su compleja personalidad, a través de una serie de gemas: el crudo minimalismo de Yer Blues anticipa el rumbo que tomaría con la Plastic Ono Band; Julia es una tierna y excepcionalmente poética letanía por su madre ausente; en la potente Glass Onion multiplica las referencias Beatles, para confundir más aún a los obsesivos que intentaban desentrañar significados ocultos en cada frase; I´m So Tired es una especie de confesión existencial; el mismo aire de cansado cinismo impregna Sexy Sadie ; en la compleja Happiness Is A Warm Gun se torna incisivamente surreal; las semiacústicas Cry Baby Cry y Dear Prudence mezclan inocencia junto a una ironía casi siniestra. Para colmo, remata todo con el avant-garde Revolution 9, donde introduce algunos de los procedimientos de la música concreta y compositores como Cage y Stockhausen, y la suave canción-despedida Good Night , cantada por Ringo en plan crooner . Como dijo un crítico inglés, primero te provocan pesadillas y después te mandan a dormir.
McCartney, por su parte, no le va en saga, exhibiendo su tremenda versatilidad compositiva con algunos de los rockers más extremos así como varias de las piezas más delicadas de toda su carrera: el celebrado Back In The USSR es el encuentro ideal entre Chuck Berry y los Beach Boys; en Helter Skelter alcanza niveles de escalofriante intensidad (tanto que luego sería elegida como emblema por el clan Manson), desgañitando su garganta, al igual que en Why Don´t We Do It In The Road ; en Martha My Dear (¡dedicada a su perra!) y Honey Pie revela su afecto por la vieja tradición del vaudeville y el music-hall; en tanto que muestra su lado más sensible en canciones acústicas de naturaleza folk como Mother Nature´s Son , la cuasi-latina I Will, y la perfecta Blackbird .
George Harrison alcanza su madurez como compositor en la que es probablemente su primer obra maestra: While My Guitar Gently Weeps , con un memorable solo de Eric Clapton. Además, encara la crítica social en la satírica Piggies , y se pone melancólicamente nostálgico en Long, Long, Long. Y esto no es todo: están las farsescas The Continuing Story Of Bungalow Bill y Rocky Racoon , la infecciosamente pegadiza Ob-La-Di, Ob-La-Da , y la lista sigue. La 30th Anniversary Limited Edition (lanzada a fines del año último en una edición de 500.000 ejemplares) reproduce en miniatura todos los detalles del original: el número de serie, las cuatro fotos individuales, el nombre The Beatles en relieve y el póster, uno símbolo de los años 60.
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