Los hombres dan like al 60% de los perfiles femeninos en las Apps; ellas solo al 4,5% de los candidatos
4 minutos de lectura'

Un tufillo permanente a marihuana ha reemplazado el perfume francés de los ejecutivos neoyorkinos, esos que antes caminaban por Madison con el saco abotonado y dejando una estela de chicas atrapadas en su modo glamoroso de perderse entre la multitud. Las turistas incautas sufríamos calambres de nuca de tanto voltear la vista para apreciar ese lindo “irse”. Nueva York ha cambiado, y las citas románticas también, me dicen mis amigos. Una cena cuesta un ojo de la cara, y hay que estar vacunados y demostrarlo para sentarse en una mesa, pero sobre todo hay que encontrar alguien que merezca la pena el riesgo de estar en el espacio cerrado. Me dicen también que las plataformas de encuentros están entrando en su ocaso, que luego de la pandemia y hartos del home office, los urbanitas están reivindicando las experiencias offline. Eso alienta a los encuentros casuales, a la serendipia, al cruce espontáneo de miradas, ahora potenciadas por el uso de la máscara, que acá no ha decaído.
Sin embargo, aunque personalmente creo que no van a desaparecer, como nunca antes las aplicaciones nos han proporcionado información concreta sobre las relaciones sentimentales. Gracias a que permiten cuantificar, clasificar y analizar las reacciones humanas hoy sabemos a ciencia cierta muchas cosas que antes estimábamos sin más argumento que la observación y la experiencia. Sabemos, por ejemplo, que existe una brecha profunda en la atracción entre hombres y mujeres, sabemos cómo nos comportamos ante el sexo casual y qué nos divide a la hora de interpretar las relaciones. Y, sobre todo, cuáles son las motivaciones que nos impulsan a buscar pareja y como eso está íntimamente ligado al tiempo que nos toca vivir, decía en un interesante balance publicado en el sitio Magnet.

Un estudio realizado entre 3600 perfiles de Tinder demuestra que existe una profunda grieta entre los sexos al momento de buscar amor o compañía en la virtualidad. Según los datos, mientras ellos encontraron atractivas al 60% mujeres sugeridas por la plataforma, ellas sólo dieron “like” al 4,5% de los hombres que aparecían en el timeline. Es decir, que a la mayoría de los hombres le gustaron la mayoría de las mujeres, concluía el ensayo. Pero a la mayoría de las mujeres sólo le gustó una minoría muy reducida de candidatos. Es decir, la brecha es enorme y muestran a las claras lo que cada quién busca en otra persona: las mujeres, educación; los hombres, compañía.
La psicología lleva años discutiendo el criterio de “selectividad” femenino, explica el autor del ensayo de Magnet. Mientras algunas teorías la explican a partir de la seguridad (para las mujeres invertir en una relación supone otros riesgos, como el embarazo), otras fundan esa selectividad en la economía, pues las mujeres saben que casi cualquier “like” o “superlike” que den siempre resultará en un “match”. Es decir, saben que la mayoría de hombres estarán interesados y que tendrán menos dificultades para encontrar pareja.
Con esa sensación, muchas mujeres deciden salirse de las aplicaciones y abrir el campo visual cotidiano, léase, prestarle atención a lo que trae la marea. Ayer mismo en la fila del nuevo mirador del edificio Vanderbilt comprobé lo divinas que son las causalidades de la vida. Dos ex compañeros de escuela primaria coincidían 40 años después en las alturas soleadas del Midtown, cuando nada hacía parecer que algo así podría pasarte, habiendo cupos y teniendo que sacar turnos para poder subir. No podía dejar de escucharlos. Cómo es el mundo de pequeño, pensaba, mientras ellos mismos repetían esa frase, abrázandose y organizando para compartir un café.
1Por qué el arroz con huevo puede igualar el aporte proteico de la carne roja, según expertos
2Hotel Casino Míguez: parte del emblemático edificio de Punta de Este está abandonado, en venta, y espera renacer
3En fotos. Todos los invitados a la muestra de Paola Marzotto en Punta del Este
4Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”





