
Algunos pocos privilegiados son capaces de disfrutar tanto de las ciencias exactas como de la literatura. Es el caso de este especialista en Biología marina que supo integrar el amor por la investigación científica con la pasión por el arte a través del compromiso con la divulgación.
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Por Cecilia Acuña
No es el lugar común del científico. Ni el de camisa, anteojos y pantalones de vestir, ni tampoco el de remera, jean y zapatillas. Luis Cappozzo entra en la categoría de científico con rocanrol, en el caso de que existiera esta tipología. Canchero por naturaleza, lleva una campera de cuero negra que combina con un porte elegante y desestructurado a la vez. En su imagen, aunque natural, hay una preocupación estética que va mucho más allá de la moda: lo que se ve es el compromiso con un conocimiento que necesita expresarse como si de alguna manera la vocación por la ciencia escondiera y canalizara la pasión por un arte capaz de llegar a la verdad a través del corazón.
Tan fuerte pareciera ser este llamado que Luis Cappozzo, doctor en Ciencias Biológicas, especializado en biología marina, y jefe del Laboratorio de Ecología, Comportamiento y Mamíferos Marinos del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, dedica hoy parte de su tiempo a la literatura, no solo como actor y escritor de ficción, sino también mediante colaboraciones con autores que necesitan la ciencia para hacer verosímiles sus historias.
Pablo de Santis, Guillermo Martínez, Samanta Schweblin, Paula Bombara e Inés Garland son, hasta el momento, algunos de los profesionales de la literatura que han requerido de su asesoramiento para hacer más consistentes sus relatos. "Explicar la ciencia a través de una historia de ficción es mucho más atractivo que hacerlo en el marco de un libro de texto. Cuando el conocimiento es parte de una trama se hace más fácil de incorporar", señala Cappozzo.
La primera en pedirle un asesoramiento de este estilo fue Paola Kaufman, científica y escritora –fallecida en 2006–, que en 2004 lo visitó en el museo y le hizo un curioso planteo: que explicara a través de la ciencia que alguien hubiera visto con certeza al Nahuelito, el monstruo del Nahuel Huapi, y que lograra que esa argumentación fuera coherente y verosímil. A Cappozzo lo atrapó tanto la propuesta que se pasó varios días cruzando teorías científicas reales aunque vinculadas por medio de la ficción para delimitar las fronteras de ese mundo posible. Parte de las 30 páginas que escribió aparecen en la novela El lago, ganadora del Premio Planeta 2005. Aquello fue el puntapié inicial que necesitaba el especialista para tomar confianza frente a la literatura. Desde ese primer contacto, le fueron llegando hasta la actualidad distintos pedidos de amigos en busca de sabiduría científica.
Cappozzo combina sus viajes de campaña para recolectar la información que luego procesará en los laboratorios del museo con un sinfín de iniciativas y proyectos relacionados, esencialmente, con la divulgación. "Soy curioso. Siempre estuve vinculado a alguna actividad artística para contrarrestar la exigencia de las ciencias duras. Estudié teatro, escribí, dibujé, canté en coros; voy a talleres de lectura y de escritura. De eso me nutro para hacer divulgación".
En el tiempo que no está reconstruyendo las condiciones del ecosistema marino para explicar, por ejemplo, un alto índice de mortandad de delfines dentro de una determinada zona del país, a Cappozzo se lo puede encontrar en el set de grabación de una ficción no solo como asesor científico, sino como coprotagonista de la historia. Así sucedió con Área 23, una de las series de la Televisión Pública que tuvo importantes picos de rating durante 2015. Convocado en primera instancia como consultor de los contenidos científicos, el investigador desarrolló un caso por capítulo para resolver. Después, al verlo cómodo en el trabajo, le pidieron ayuda con el casting y también con algunos detalles del departamento de arte para, finalmente, ser elegido como coprotagonista del drama junto con Carolina Peleritti.
Sin embargo, y aunque decidido a continuar explorando los caminos de la divulgación, Cappozzo no se deja llevar por los reflectores y tiene muy claro cuál es su prioridad: "Soy un científico que, además, se dedica a contar lo que hace la ciencia, pero a mí lo que me interesa antes que nada es la investigación, porque todavía la sigo sintiendo como mi vocación más íntima".
UN CIENTÍFICO CON ALMA DE LECTOR
Luis Cappozzo se reconstruye a sí mismo como un lector compulsivo e insaciable. J.R.R. Tolkien, Isaac Asimov, Ray Bradbury, Ursula K. Le Guin, H. P. Lovecraft, Edgar Allan Poe y Emilio Salgari son algunos de los nombres que quedaron grabados a fuego en su corazón literario. Además, junto con obras propias del canon clásico, es un verdadero fan de historietas de culto como Asterix, Obelix, El Corto Maltés, Nippur de Lagash, Gilgamesh: el Inmortal y Tintín, entre otras.
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