
Macaneos de escritora: la relación con la vestimenta de Sara Gallardo, autora de Los galgos y Pantalones

Es la admirada Madame Frou Frou, cara de talco, cejas less, pestañazas, ropa de ciré negro, plataformas zapatales. En su boutique de la Galería del Este hay ambiente a Nueva York, música, ropas que se bambolean, clientes vanguardistas, curiosos boquiabiertos." Semejante descripción de Rosa Bailón y de su tienda me llegó desde un archivo en papel y me remitió a una sección de estilo de fines de los sixties llamada La donna é mobile, que la revista Confirmado había publicado sin firma aunque con logo pop. La periodista Felisa Pinto (autora de Estravagario, de Eureka y de columnas que merecen una urgente recopilación) me contó que los textos en cuestión pertenecían a la escritora Sara Gallardo.
A propósito de la publicación de Macaneos, las columnas de Sara Gallardo en Confirmado, 1967- 1972, en formato libro y con una portada rosa shocking (Ediciones Winograd, 2015), le pregunté a la editora Paula Pico Estrada –hija de Gallardo– si me podía contar cómo y dónde se había vestido su madre y si conserva ropas de ella. Me respondió: "Lo único que conservo es una camisa de seda color rosa viejo, escote en V, con botones comunes en el frente y en las mangas. Ella se compraba ropa en los viajes. Leyendo las columnas vi que estaba muy pendiente de la moda y de lo que se usaba. Eso me recordó que en un pasillo del departamento en el que vivíamos había un placard lleno de zapatos de ella. O sea: eran un tema. En los 60 usaba minifaldas, pero siempre vestidos más que polleras. Vestidos bastante a gogó, con botas. También usaba maxifalda, cuando se puso de moda. A principios de los 70 usaba blazers y pantalones, ropa con corte masculino. Hacia los 70 tardíos le dio por usar ropa tejida, largos sacos, tipo Manos del Uruguay. En los 80, cuando abrazó las tareas de la casa, en Europa, ya había perdido el interés por la ropa".
A la usanza de las célebres causeries de Lucio V. Mansilla –los textos periodísticos de Clarice Lispector y los memos de Diana Vreeland– desde Macaneos, Gallardo reflejó su arbitraria mirada sobre la actualidad, el cine, el arte, los usos y las costumbres. Del libro de 420 páginas con textos seleccionados por Lucía de Leone plus un bonus track con imágenes, reproducciones de portadas y desopilantes cartas de lectores se desprenden sus afirmaciones alrededor de la moda y sus modos. En su apología del vintage en Coco Chanel y la ropa vieja dice: "Coco Chanel cuenta cómo su amor de muchos años, el duque de Westminster, dejaba que sus ropas se transformaran lentamente en otros yo de su persona. Otros yo que llegaban al estado de desecho. Avergonzada por la ruina de los zapatos del duque, Coco le mandó a hacer unos iguales pero nuevos. El duque era distraído y no notaría la sustitución. No la notó del todo. El primer día llegó embarrado hasta las rodillas. «No sé… –explicó a su azorada amiga–. Estos zapatos brillaban tanto… Me vine caminando por la cuneta.»
Entre una y otra prédica se manifestó en contra de la peluca corsé para elogiar los tonos azulinos, verdosos, arco iris que tiñe la peluquería Leonard de Londres, el azulino del fotógrafo David Bailey y el naranja de la diseñadora Zandra Rhodes. Rescató una nueva expresión entre las zapaterías contiguas de la avenida Alvear para aludir a las liquidaciones: las llamaban "únicas realizaciones". Analizó el uso de sombreros en Nueva York, en España y en viajes por el NOA y los abrigos del sur (no le gustaban los suéteres estilo Bariloche). En La corbata y el saco escribió: "De vez en cuando se me reprocha el tocar temas frívolos, digamos el vestido. No soporto reproches, ya lo dije. Además, extraordinaria frivolidad de quienes creen que existen temas en sí absolutamente frívolos".






