
Manos de muñeco maldito
Entre el jazz y la electrónica, Chucky explora su proyecto más personal. Mientras tanto, sigue con su ruta blusera sentado al piano de La Mississippi
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El piano y algunos fetiches electrónicos -un póster de una fiesta con el DJ Lee Burridge o la tapa del último disco de St. Germain pegada en una puerta- agotan las posibilidades visuales en el mínimo living de la casa que Miguel de Ipola habita en Belgrano.Y los maullidos de su gata, implorando libertad desde el cuarto, sirven de telón de fondo a la escena. Cerveza en mano, Chucky repasa su historia con la música que, al mismo tiempo, confirma las sospechas sobre un apodo que le arrebató el nombre. "Empecé a tocar en vivo a los 14 años y, justamente porque era demasiado pendejo, empezaron a decirme Chucky, por el muñeco maldito. Ahora no puedo evitarlo", cuenta, resignado, el pianista de La Mississippi.
De su temprano debut con los bluseros de La Retiro, el tecladista pasó a las filas de Botafogo, y después de tocar con Javier Calamaro, Actitud María Marta y Rata Blanca, ahora lleva casi tres años grabando y girando con el equipo que lidera Ricardo Tapia (también ahí es el niño de la troupe). "Mi prioridad es La Mississippi, aun cuando mi proyecto personal sea otro", destaca, con referencia a su primer trabajo solista: un EP largo o un álbum corto (siete temas más un remix de Tweety González a modo de bonus track) que colabora en desdibujar las fronteras entre la música electrónica y el jazz.
En realidad, el germen de este disco (se editará en noviembre) brotó después de una seguidilla de improvisaciones sobre las pasadas de un DJ con las que él se divertía en bares y fiestas. "Me planteé la importancia de la composición de las bases -comenta- y empecé a estructurar shows con este objetivo de fusión, un camino que se explora de a poco, porque no hay muchos referentes." De hecho, sólo encuentra un nombre para comparar su proyecto: "Tipo Saint Germain", arriesga.
Con toda la responsabilidad que le inspira "la eternidad de un disco", Chucky tomó las bases más potentes de la electrónica ("al principio me molestaban, hasta que encontré el groove y está buenísimo") y las conjugó con pianos, voces, trompetas, saxos. "Pero con mucho cuidado -advierte-, porque si se plantea una fusión no puede quedar una base electrónica con algo puesto arriba."
Según la ocasión, After day (posible título para el mestizaje) adoptará diferentes formatos: el show, con banda en vivo; el set, con la dupla teclados y bandejas, y la pista. Para eso piensa editar un par de temas en vinilo, llegar al bolso del DJ y, de ahí, saltar a la pista. Un ámbito que para Chucky no es ajeno. "Es un mercado importante -aprecia-. Hay música electrónica que puede convertirse en una droga sónica, por lo envolvente, por la potencia con que se escucha. Y la sonoridad juega con tus sentidos."
Miguel de Ipola
- Nació en México en 1979, pero, con el regreso de la democracia, sus padres volvieron con él a la Argentina.
- Desde su debut en vivo, a los 14 años, el tecladista vivió de show en show. "Son parte de mi cotidianidad."
- Hoy reparte su tiempo entre La Mississippi, la docencia y su proyecto más íntimo: un disco que cruza el jazz con bases electrónicas. Además, prepara el regreso del ciclo House vivo, donde él oficiará de anfitrión a diferentes invitados de la electrofauna.






