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Animación

Masha y el Oso, la animación rusa que le quiere ganar a Disney

Alejandro Jasinski
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25 de marzo de 2018  

En Argentina, quizá muchos no sepan quiénes son Masha y el oso, pero estos personajes rusos de animación en 3D, creados en 2009, ya aparecen en los huevos Kinder, ocupan las pantallas de televisión de países de todos los continentes y, en YouTube, el capítulo 17 se transformó en el séptimo video más visto en la historia, detrás de "Despacito" y "Gangnam Style", con más de 2.600 millones de visitas.

Visitar los estudios de dibujo y las oficinas comerciales de Animaccord no se parece a un paseo por Disney ni mucho menos, pero las ambiciones de estos rusos tienen la potencia de despertar las suspicacias de cualquier sovietólogo: "Quisiéramos pasar a ser algo tan eterno como Mickey Mouse", confiesa Dmitri Loveiko, director ejecutivo de la compañía.

Y es que, reminiscencias de la Guerra Fría al margen, la traviesa Masha y el oso bonachón parecen estar mejor preparados que Pinky y Cerebro para conquistar el mundo. Una idea atractiva, un talentoso equipo de creativos y una agresiva estrategia de negocios se combinan con el rico legado histórico y un contexto político y económico estable, para explicar este éxito de la pantalla.

Pareja atípica

Cuentan que a fines de la década de 1990, Oleg Kuzovkov, el padre de la criatura, estaba descansando en una playa en el Mar Negro cuando vio a una rusita de no más de 4 años, sola, que resultaba muy molesta para los visitantes. Varios días presenció la misma escena. La musa funcionó y, en 2009, Kuzovkov presentó a Masha. Inquieta, caprichosa, independiente y ansiosa de crecer pronto, la niñita de ojos celestes, pelo rubio y vestido tradicional se lanzaba al ruedo a través de la segunda emisora rusa: el canal público Rossiya 1. No estaba sola. Mishka –osito de peluche– es un atípico oso pardo ruso, caballeroso, muy culto, solitario y amante del orden, que se presenta como la pareja antinómica, pero dinámica, de la pequeña Masha. Retirado del circo y dedicado a una vida autosuficiente en el medio del bosque, el oso advierte, desde el inicio de su relación con Masha, que se le ha hecho presente su karma, pero se demora apenas un capítulo en entender que está creado para sufrir y proteger a su nueva amiga. Es el típico héroe positivo de la literatura rusa contemporánea, que depone el principio hedonista frente al deber trascendental.

Cada capítulo de Masha y el oso puede llevar hasta tres meses de producción. Natalya Malgina, directora de varios de los capítulos, muestra uno de los proyectos en su computadora, en pleno proceso de elaboración. "No podemos compararnos con Pixar, una máquina tan poderosa, pero la tecnología de la producción de 3D es prácticamente la misma", señala y luego agrega que, como la compañía creadora de Toy Story y Monster Inc. aunque a menor escala, Animaccord también tiene un departamento especial de doctores en ciencias que se encargan de desarrollar tecnologías modernas: "Nosotros elaboramos y desarrollamos detalles nuevos, como la piel del oso, que entre los primeros y los últimos capítulos hemos podido mejorar notablemente su detalle y movimiento" .

En 2009, un estudio de animación ruso creó un dibujo en 3D con una ambición histórica: competir con Mickey Mouse.
En 2009, un estudio de animación ruso creó un dibujo en 3D con una ambición histórica: competir con Mickey Mouse. Fuente: Brando

Pero más allá de la animación en 3D, el uso mínimo de diálogos y una composición musical cuidada y atractiva dan una especial potencia al dibujo. Para el mánager de la empresa, el musical es uno de los principales factores del éxito y no se trata de un elemento innovador: "En la Unión Soviética –señala Loveiko–, había una tradición de que todos los dibujos se acompañaban por una música, que después se hacía muy famosa y querida". Perdida esta tradición tras la desintegración de la URSS, Masha y el oso la recuperan: "Ahora tenemos 18 composiciones para nuestro dibujo que a los habitantes de nuestro país y de otros lugares les gusta mucho. En Rusia las cantan los niños y los conjuntos musicales", indica Loveiko.

Cuestión de marca

En el éxito de esta serie no se reduce a una buena idea, la estrategia comercial tiene mucho para decir. Creada en 2008 a partir de los fondos privados aportados por un arriesgado físico nuclear, 10 años después, Animaccord está cerca de amortizar la inversión inicial. Según Loveiko, parte del éxito se debe al salto dado por el dibujo al mundo de lo real y concreto: "Así como existe el mundo de Walt Disney, queremos crear el mundo de Masha y el Oso", dice Loveiko, mientras enseña en su teléfono celular las fotos que envían sus partners taiwaneses, donde se observa a los personajes de la serie y a muchas pequeñas mujercitas orientales disfrazadas de Masha en una concurrida feria popular. Esta estrategia incluye las giras teatrales, que en 2017 pasaron por Argentina y ahora finalizan el año en París; también, las actividades caritativas con fundaciones y orfanatos.

No es de extrañar que la marca haya podido expandirse tanto en tan poco tiempo. Se han firmado contratos con Danone, Burger King, Ferrero (Kinder) y con el fabricante de juguetes alemán Simba Dickie, entre muchos otros. La serie se ve en las redes sociales, en plataformas on demand como Netflix, a través de apps y también en canales de televisión de países tan distantes entre sí como India, Nueva Zelanda, Vietnam, Brasil y Polonia. En Reino Unido, uno de los capítulos alcanzó la pantalla del cine; y no pocos creyeron a mitad de año que los rusos finalmente ganaron la batalla espacial tras enterarse de que el capítulo 65 llamado "¡Hay contacto!" fue visto por el comandante de la Estación Espacial Internacional Fyodor Yurchikhin, convirtiendo Masha y el oso en la primera animación infantil en ser vista en el espacio.

En cuanto a réditos económicos, en el ranking elaborado por License! Global, que encabeza Walt Disney, Animaccord fue incluida entre las primeras 150 marcas más exitosas, alcanzando el puesto 104. Sus licenciatarios generaron más de US$250 millones, con 2,6 millones de juguetes y un millón de libros y revistas distribuidos en la Unión Europea. Y todo ello bajo el control total de la empresa. "Nosotros nos ponemos de acuerdo para cambiar algunas cosas que no nos gustan", explica la encargada del área de desarrollo de productos, Anastasia Anisimova, mientras invita a pasar al showroom de juguetes de la empresa.

Sin fronteras

En mayo del año pasado, el presidente Vladimir Putin mantuvo un encuentro en el Kremlin con los líderes de la industria de la animación rusa, entre ellos, con la estatal Soyuzmultfilm, con Melnitsa, Wizart y KinoAtis. Elogió la habilidad de estos animadores para enseñar a los niños a distinguir lo verdadero de lo falso y el bien del mal, y luego se dispuso a escuchar preocupaciones e ideas. En los años recientes, el Ministerio de Cultura ruso financió proyectos con fines educativos bajo los eslóganes de la tolerancia y la prevención del extremismo, revirtiendo en cierta medida el desfinanciamiento de los críticos años 90. Una de las máximas preocupaciones, asimismo, está dada por el masivo acceso de los chicos rusos a los dibujos y las costumbres estadounidenses. En la Rusia actual, no pocas familias permiten a sus chicos festejar Halloween y recorrer los edificios donde viven para pedir golosinas.

Pese a esta recuperada iniciativa estatal, en Animaccord se interesan por subrayar el carácter privado de su trabajo. Dice Loveiko: "Nuestro proyecto no está vinculado con un proyecto estatal, aunque varios piensan que es por la solicitud del gobierno". Sin embargo, los objetivos convergen cuando se trata de pensar una política cultural hacia el mundo: "Creamos a Masha para los niños, para que se diviertan, y resultó después que estamos en la sintonía con nuestro país que quiere dar a conocer más información sobre nosotros, que en todo el planeta conozcan los logros y las personalidades de nuestro país".

Los rusos también quieren a sus niños

La animación en la URSS ofreció una primera etapa de experimentación, otra de explícito mensaje ideológico, pero también generó animaciones que pretendían, antes que nada, ser entretenidas para los chicos. Así, las familias soviéticas disfrutaron de adaptaciones propias de historias "universales" y muchas otras creaciones locales. No faltó el pony mágico con El caballito jorobado (1947), La Reina de nieve (1957), el pinocho ruso llamado Buratino (1959), Cheburashka (1969), Winnie the Pooh (1969), el popular Un, Pogodí! (1969, una especie de Tom & Jerry, pero con un lobo y una liebre), Las aventuras de Mowgli (1973) y El erizo en la niebla (1975), que en 2003 fue elegido, en el Festival de Animación de Laputa de Tokio, la mejor animación de todos los tiempos. En este legado también aparecen los premiados films de la era de reformas y de los primeros tiempos postsoviéticos, como Poumse (1990), del cual participó el creador de Masha y el oso, y coproducciones como El viejo y el mar (1999) y la versión de Cuentos de invierno, de Stanislav Sokolov (1994).

Allí también se encuentran los antecedentes directos de Masha y el oso. Esta historia nace de un cuento popular sobre una niña campesina perdida en el bosque y un oso que la retiene y hace trabajar para él, hasta que ella lo engaña y escapa. En 2015, la serie fue premiada con el reconocido Kidscreen Awards y la autorizada edición norteamericana Animation Magazine la incluyó entre los 250 programas de televisión destinados a convertirse en un clásico. De esta manera, la serie se destacó entre el pelotón de las brillantes animaciones rusas contemporáneas, compuestas entre otros por Smeshariki (Kikorikí), Masyanya, Las aventuras de Lutnik, First Squad, Piglet (un antecedente inmediato de la cerdita Peppa) y La montaña de gemas.

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