
Matías Riccitelli. "Hoy nos animamos a no seguir una receta, a descontracturar un poquito el vino"
Salteño, pero mendocino por elección, Matías Riccitelli (34 años) es uno de los enólogos jóvenes más exitosos e innovadores
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Con 26 años, apenas recibido, Matías Riccitelli decidió subirse a un avión y dar la vuelta al mundo... al mundo del vino. Así, entre 2007 y 2008, participó de cinco cosechas en cinco lugares emblemáticos de la vitivinicultura: Austria, Australia, Nueva Zelanda, los Estados Unidos y en el país de donde partió, la Argentina, al que volvió concluido su periplo para retomar su trabajo en la bodega Fabre Montmayou y empezar a desarrollar su proyecto personal, Riccitelli Wines, proyecto que ahora, a los 34 años, ve cómo se ha convertido en una de las nuevas bodegas más premiadas y exitosas del país.
"Desde los 22 años, hacía dos cosechas al año: una en la Argentina y otra afuera. He tratado de absorber esas experiencias, no sólo enológicas sino de vida, de imágenes que uno va captando y va guardando, y que es lo que trato de expresar hoy en mis vinos. Esos viajes me permitieron ver, por ejemplo, cómo los australianos o los neocelandeses no respetaban tanto las tradiciones que nosotros considerábamos la Biblia, y mezclar esa tradición con la que yo me formé con la ruptura que vi afuera; creo que hizo un poco mi estilo de vinos", cuenta Matías, cuyos República del Malbec y Vineyard Selection se llevaron este año dos de los premios máximos de los Argentina Wine Awards (AWA), al mismo tiempo que se ubicaban junto con otras de sus etiquetas -como The Apple Doesn't Fall Far From The Tree o Hey Malbec!- entre los vinos más trendy de los consumidores sub 40.
-¿Qué creés que el consumidor de tu edad busca hoy en el vino?
-El consumidor joven está más abierto a nuevas etiquetas, a nuevos proyectos. Y hoy, al mismo tiempo, enólogos de mi edad o más grandes se abren sus proyectos personales y tratan de mostrar otras facetas, no solamente en el vino, sino también en las etiquetas, o un estilo, y eso creo que es muy bien captado por la gente joven, que está abierta y cansada un poco de lo clásico, con ganas de descubrir cosas.
-¿Qué lugar le das vos a la artística de la etiqueta?
-Le doy mucha importancia. Soy muy observador y detallista del diseño, me meto mucho. Creo que he descubierto una faceta mía que no la conocía y que me encanta. Trato de expresar la frescura de una nueva generación, que es algo que creo que es muy importante. Es más, yo compro productos que me expresen calidad, pero donde también yo se que hay una idea atrás. Y trato de hacer lo mismo con mis vinos y con las etiquetas. Obviamente, hay que respaldar todo eso con la calidad del vino, que es lo fundamental.
-¿Qué ideas y qué historias expresan las etiquetas de tus vinos?
-Cada uno de mis vinos tiene una historia. Con The Apple Doesn't Fall Far From The Tree yo quería expresar algo en referencia a mi viejo [Jorge Riccitelli, enólogo jefe de Norton, nombrado mejor enólogo del mundo en 2012 por la revista Wine Enthusiast], a la familia, que está totalmente involucrada en el vino. Y no solamente mi familia directa, sino mis abuelos, que han sido toneleros, bodegueros, y que han trabajado en todos los rubros de la industria vitivinícola. Pero al mismo tiempo quería darle una vuelta de rosca. Entonces apareció esta fase que me pareció muy divertida. No la pensé mucho, me imaginé la etiqueta como podía ser y salió. Después se generó todo un antimarketing alrededor, porque es un nombre superlargo, pero realmente fue una idea fresca sin mucho pensamiento atrás de marketing. Luego está Vineyard Selection: yo nací en Salta, y su etiqueta es como un grabado norteño. Es una imagen de arte que estaba muy metida en mi cabeza, de tanto verla. Y cuando empezamos el proyecto de este vino sabía que tenía que ser algo así, y salió y gustó mucho. En cuanto a República del Malbec, surge con un concepto de mezcla de culturas y de tradiciones, por eso esa mezcla de colores, que es como una mezcla de banderas, de una nueva república que se hizo en ciertos lugares de Mendoza donde hay una mezcla de inmigrantes italianos y franceses que trabajaron las tierras y siguen trabajando los malbec. Lo que yo quiero expresar con cada etiqueta es una idea, y a partir de eso trato de jugar un poquito para tratar de potenciarla.
-Y el nuevo Hey Malbec!, con esa etiqueta de cómic, ¿qué lugar ocupa dentro de tus vinos?
-Hey Malbec! es la línea más friendly de nuestra bodega, que busca llegar a la gente con un vino con mucha fruta, para aprovechar esa versatilidad que tiene el malbec de dar lugar a vinos de alta, alta gama, pero también vinos superjóvenes. La idea era meterlo rápido en la botella y mostrárselo a la gente. Lo que a mí me gusta hacer cuando hago vinos es romper un poquito los esquemas, no sólo de diseños, sino de vino: en este caso, tener un malbec 2013 o 2014 ya en botella y poder mostrarlo, y que sea un malbec de alta gama, pero con pura fruta, joven, con toda esa fuerza de la fruta que tiene el malbec.
-Hablando del malbec, ¿cómo ves que sigue la historia de esta cepa que hoy es emblemática de la Argentina?
-Creo que año tras año se están haciendo mejores vinos. Hay nuevos viñedos, nuevos emprendimientos, nuevos desarrollos vitivinícolas en altura, con diferentes suelos. Eso hace que año tras año nos vayamos reinventando con el malbec. Aun así, yo creo que el malbec no ha llegado todavía a su techo, para nada, y me parece que ahora hay una explosión de una identidad del enólogo argentino, de las cosas que queremos hacer, con menos influencia externa, tratando de mostrar cómo nosotros entendemos el estilo del vino argentino.
-¿Qué sentís que es lo que está cambiando la generación de enólogos a la que pertenecés?
-A mí me encanta lo que está pasando hoy, y que tiene que ver con descontracturar un poquito el vino y empezar a tener una identidad enológica argentina. Dejar un poquito la guía que nos enseñó y que hizo mostrar Argentina siguiendo escuelas o formas de elaborar vinos como la francesa. Me parece que ahora nos animamos más a no seguir una receta, a poder romper una línea en la forma de hacer las cosas. Nos dimos cuenta además que rompiendo a veces no pasaba nada y que a veces mejoraba.
-¿Qué diferencia a tu generación de la generación de tu papá?
-Corremos con una gran ventaja, que son los nuevos desarrollos de altura de los viñedos, que antes no existían. Y que hoy nos animamos a ir un poquito más, un poquito más, un poquito más, y eso nos ha dado la posibilidad de buscar el mejor terroir para cada uva. Mendoza tiene una gran diversidad de terroir, pocos lugares del mundo tienen esa diversidad, donde uno puede encontrar un terroir para hacer hermosos bonardas como lo es el este, pero también un terroir hermoso para pinot noir como Gualtallary, por ejemplo. Estoy mencionando extremos: Mendoza es muy diversa tanto en suelos como en altura, y eso te da la oportunidad de jugar con muchas variedades. En definitiva, el que tenga ganas de moverse y explorar encuentra un montón de posibilidades. Los enólogos de mi generación lo que tenemos es esa inquietud de pensar a dónde más se puede llegar, y creo que ahí está el diferencial.
-Conociste mucho países y muchas formas de hacer vino, ¿qué te retiene en Mendoza?
-Siempre tuve la posibilidad de ir a otro lado, de vivir en otro lado, pero también siempre vi a Mendoza como un lugar donde había muchas posibilidades de hacer cosas, aún hoy en día no exploradas del todo. Además es un lugar donde no tenés que ser millonario para hacer cosas, donde podés llegar a comprar uvas de alto potencial enológico sin ser una bodega grande o alguien importante. Uno va a Napa [Valley, Estados Unidos], por ejemplo, y no sólo comprar una uva de alto potencial enológico es muy caro, sino también a veces inaccesible. Y en Mendoza, más allá de los viñedos de la familia, que son hermosos, veía que había cosas muy interesantes y que uno podía meterse fácilmente, y eso me mantuvo acá. Yo nacía en Salta, soy resalteño, pero mendocino por adopción. Mendoza me vuelve loco, Vistalba me fascina para vivir, tiene esa mezcla entre montaña y viñedo que me parece genial.
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