
"Me gustaría ser anónimo"
Desde la explosión piojosa, diez años atrás, Andrés Ciro Martínez se convirtió en uno de los rockeros más populares. En una charla por demás relajada, el cantante cuenta cómo vivió ese cambio y recuerda su infancia, cuando todavía muchos de sus sueños no se habían cumplido y se la pasaba jugando al fútbol en un potrero
1 minuto de lectura'
Corría 1993. A la par de la lenta, pero segura caída de la primavera menemista, crecía un nuevo rock. Los Piojos, La Renga y Bersuit Vergarabat eran sólo la punta de una generación que iba a tomar la posta a fuerza de un crecimiento paulatino, pero igual de seguro. Inversamente proporcional a lo que sucedería con la Argentina.
Las tres bandas ya habían debutado en primera y sin que medie concurso alguno para sacar chapa de tal. La Renga hacía dos años que tenía en la calle Esquivando charcos ; La Bersuit había pegado gracias a su cover del tema de Cazuza, El tiempo no para (del disco Y punto , de 1992); y Los Piojos asomaban la cabeza con Chactuchac (también de 1992), donde sorprendían por su interesante aproximación rockera al tango con su versión de Yira, yira . "En esa época ya estaba afirmada la personalidad de la banda -comenta Andrés Ciro Martínez-. Yira, yira era el caballito de batalla, pero ya hacíamos temas como Llévatelo , que no tenía mucho que ver con lo que se consumía en ese momento, cosas como Bajo la rambla . ¡Ya hacíamos Los Mocosos ! "
En un bar de Palermo, en la suerte de rotonda que se genera alrededor de la plaza Serrano, Andrés mira por la ventana y habla. Estos últimos años lo han cambiado y eso no es ni bueno ni malo. El tipo locuaz que era da paso a un Andrés más medido. Sólo el correr de los minutos y de la charla lograrán ablandarlo. Y por ahí se abrirá una puerta para husmear en su vida.
Es verdad, la personalidad de Los Piojos estaba lo suficientemente encaminada como para presagiar algo serio. Pero fue Ay, ay, ay (1994), su segundo álbum, el que le dio a la banda un puñado de temas contundentes. Arco , Babilonia , Pistolas , Ximenita y Te diría , entre otros, todas canciones que pasarían a formar parte del ritual.
En aquellos días, cuando la banda solía presentarse seguido en Arpegios, un antro rockero de San Telmo, estas canciones ya pintaban para clásicos piojosos. Como dirá Andrés, en esa época los sueños estaban por delante. "Vivíamos con Micky en Lascano y Cuenca, en Capital. Ahí todos los sueños estaban por delante, ahora uno está inmerso en esos sueños. ¿Sabés qué extraño de esa época? El anonimato. Estoy muy contento con ser famoso, me encanta, todo bien, pero me gustaría poder apretar un botón y decir hoy soy anónimo . Extraño el hecho de no tener ningún tipo de ataduras. No teníamos un mango, pero no teníamos ataduras... ni novia tenía. Para esa época conocí a la Colorada, que me quemó un poco la cabeza, pero me hizo escribir unos cuantos temas. Es una historia larga y muy interesante, ya escribiré un cuento con eso."
Si pintamos la vida de Andrés como la de un pibe introvertido que antes de ser estrella de rock había tenido pocas experiencias con el sexo opuesto, nadie lo va a creer. Pero estaríamos mucho más cerca que si lo describiéramos como un ganador por naturaleza. De hecho, de adolescente, salía poco y nada. "Siempre me preguntan qué bandas iba a ver, porque creen que no me perdía ni un recital pero, la verdad, recuerdo haber visto a Sumo, a Memphis y pocos más. No era mi costumbre, con mis amigos salíamos en auto, fumábamos, dábamos vueltas, llegábamos a la puerta de un lugar y ni bajábamos del auto."
Eso de banda de El Palomar es sólo una referencia. Hasta los 10 años, Andrés vivió en Villa del Parque, luego se mudó con su familia a El Palomar, hasta los 20, cuando volvió a Villa del Parque para compartir un depto con Micky. Esa fue la última escala antes del regreso definitivo al pago bonaerense, más precisamente a Ciudad Jardín. "Desde que tengo memoria que conozco las dos cosas, la Capital y la provincia. Por eso nunca hice un culto al barrio, a la plaza, a la esquina y todo eso. Mis abuelos vivían en el Centro, yo los iba a visitar y me encantaba el movimiento, las luces, la gente... En El Palomar, uno de los primeros amigos que tuve fue Beto (iluminador de la banda, falleció en 2000). Enfrente de mi casa había un campito enorme y nos pasábamos el día ahí, jugando al fútbol, haciendo casas con ramas, pozos en la tierra. Esa vida era mucho más interesante que la de la Capital, donde hice casi toda la primaria. En Villa del Parque llegaba del colegio a las 5 de la tarde, tomaba la leche y me iba a jugar al fútbol a una plaza de cemento."
Fue en 5° grado cuando Andrés descubrió a los Rolling Stones y ya no volvería a ser el mismo. El lo cuenta en el libro que acompaña la edición de Huracanes en luna plateada , el doble en vivo que lanzó la banda hace más de un mes. En realidad, sucedió un par de años más tarde, cuando un amigo lo invitó a un pub a ver, en pantalla gigante, un concierto de Jagger, Richards y compañía. "De esa época también es la marca Little Stone, que hacía los enteritos de jean. Empecé a convertirme en un fana de los Stones, compraba los discos usados y consumía toda la información de la banda que estuviera a mi alcance."
De la fiebre por los Rolling al germen de Los Piojos sólo hay un paso, porque el sueño de subir a un escenario y seducir a miles ya estaba instalado en la cabeza de Andrés. El mismo que hoy es capaz de afirmar que le causa temor morirse cuando está en plena grabación de un disco. "El proceso de composición es muy loco: uno pasa de tocar, de estar con ciertos temas y, de repente, te ponés a crear algo nuevo y no tenés la menor idea de qué efecto va a causar. Se lo mostrás a algunas personas y te dicen que les encanta; y otros, más o menos, y todo siempre es relativo. Entonces, uno tiene una incógnita absoluta: graba, sale el disco, está tres meses laburando con la cabeza a full y luego viene el vacío total."
Con mayor o menor precisión, Andrés recuerda frases, escritores y anécdotas que, en definitiva, formaron al tipo que escribe canciones y que, antes de animarse a mostrarlas, debe hacer una intensa tarea de autoaceptación. Su objetivo: defender la frescura. "Cuando estudié teatro tuve un profesor, Claudio Nadie, que hablaba de la traición al sueño. Cuando uno empieza a ensayar una obra arranca la traición a lo que soñó, porque el ámbito, los actores, el presupuesto, todo condiciona lo que se imaginó. Y eso también pasa con las canciones. Uno las sueña, las toca con la criolla, zapa con la banda quince minutos, pero después hay que reducirlos a cuatro, agregarles una letra. Y en ese proceso tan doloroso estamos ahora (ver recuadro)."
Podrá jactarse del crecimiento musical de la banda, relativizar la enorme convocatoria que, ante la ausencia de los Redondos, la coloca en un segundo lugar, apenas por debajo de La Renga, pero todo lo hará en un mismo tono, hablando y escuchándose atentamente. "Siempre le dimos la espalda al éxito -dispara-. Pensá en lo que pasó con Verano del 92 y, sin embargo, nunca volvimos a hacer un tema así. Terminamos un disco con una batucada ( Tercer arco ) y empezamos el siguiente con cuerdas ( Azul ). No me gusta hacer lo que la gente espera, me gusta sentirme libre."
La lengua Stone, Clemente y el piojo, eso era lo que estaba dibujando Andrés con mucha precisión justo cuando llegamos al lugar del encuentro... Pensaba utilizar estos iconos de Los Piojos para la producción fotográfica, pero finalmente los eliminó. En realidad, el conjunto de ideas, pensamientos y objetos que contribuyeron para formar su pensamiento es más amplio. Voraz lector de libros de historia, el cantante se identifica con líderes fuertes, de esos que no admiten la indiferencia: Rosas y Perón. "Siempre me intrigaron los personajes oscuros, relegados, que se habla de ellos, pero que, en realidad, no se sabe mucho. Así fue como leí sobre Rosas y llegué a la conclusión de que la historia está escrita por los unitarios, por la línea liberal oligarca, la línea Alsogaray-Menem y me parece que debería ser otra. Al menos, me gustaría que se empezara a contar de otra manera y también a hacerla de otra forma."
La inevitable realidad argentina
El nuevo trabajo tendrá más de una referencia a la actualidad sociopolítica
- En enero de 2002 Los Piojos prometieron dos discos: uno en vivo (que terminó siendo doble) y otro de material nuevo. Este último finalmente no llegará este año, pero aún está en su fase primaria de producción. "Hay material, pero hay que trabajar mucho todavía -se sincera Andrés-. Tenemos unos cuantos esqueletos y estructuras muy interesantes, pero sólo seis de ellas ya tienen una letra y una melodía definidas. Lo que se está dando ahora es que también están componiendo los chicos, no sólo la música, sino también la letra."
Para alguien que se declara admirador de las bandas que transmiten algo , las nuevas letras que salen de su cabeza y de sus vivencias no pueden ni deben evitar la realidad argentina. Andrés ejemplifica con una a la que llamó Dientes de cordero . "Habla del 20 de diciembre. Empieza diciendo: "Dientes de cordero sobre la ciudad, árboles de fuego para Navidad". Hay otra que se llama No se sabe nada y hace referencia al momento que vivimos, que no se sabe si el Presidente termina o no su mandato y, peor aún, no se sabe qué es mejor; o si ves una mina en la calle muy bien arreglada, no sabés si es un gato o no, o si es un travesti. Con los bancos tampoco se sabe. Se supone que deben cuidar tus ahorros, pero quedó comprobado que ellos también te afanan. En realidad, sólo necesitás profundizar un poco para dudar de todo."
El motivo de la salida de Dani Buira de la banda, justo cuando iban a entrar a grabar Verde paisaje del infierno , es uno de los secretos mejor guardados de Los Piojos. En lo musical, su alejamiento resistió la dinámica de trabajo. "Es posible que si Dani hubiese seguido en el grupo el proceso de un nuevo disco habría estado más avanzado. Recién estamos explorando y profundizando en las capacidades de Roger. La idea es llegar al estudio con 40 temas bien ensayados."
1
2Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
3Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
4Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?



