MEJORES Y PEORES, SEGUN PASAN LOS AÑOS
Opinan los críticos sobre lo que gano y lo que perdió con el paso del tiempo
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No todas las películas que tuvieron gran éxito en su época son hoy consideradas obras sublimes. Muchas rompieron las taquillas, y sin embargo no lograron sobrevivir a su tiempo. Otras, en cambio, se estrenaron sin pena ni gloria y el tiempo se encargó de añejarlas hasta volverlas deliciosas.
¿Cuáles son esas piezas únicas? Para saberlo, consultamos a diez periodistas especializados en cine.
Axel Kutchevatzky
Trabaja en el programa Zoo y dirige la revista de cine bizarro La Cosa
Mejor antes
Lo que el viento se llevó no es una gran narración y tiene agujeros del tamaño de una casa. Hay una escena, por ejemplo, de unos blancos tirados en la cama con una chiquita negra abanicándolos. Deplorable. También me parece que se sobredimensionó la producción de Antonioni de fines de los 60, menos Blow Up . Son todas películas al margen del espectador, que no quieren generar nada en él. Lo mismo me pasa con La dama duende , que vista tres años después del estreno es medio tenebrosa. A nadie le pasa nada. Y en el caso de Greenaway, creo que el 80 por ciento de sus películas es pretencioso. Y de las últimas que vi, creo que Velvet Goldmine , que fue ponderada por un montón de críticos de cine, está mal contada: no hay nada en concreto, no tiene foco, no sabés quién narra.
Mejor ahora
Soñar soñar , de Favio es la que más me gusta, no se parece a nada. Otra gran película es Mi novia el..., donde Susana Giménez hace de hombre. Es una película que tenemos que volver a ver urgente, al igual que Punto límite , una de surfistas hecha por la ex mujer de James Cameron. Y todas las de Don Seagal, porque son brillantes en su forma de contar y tienen una increíble economía narrativa. Otra bárbara es una con Vincent Price: Cuando las brujas arden , que es de un director llamado Michael Reeves, que inventó un género entero: el de cazadores de brujas. Nadie la respetó ni respeta por oscura, pero trata sobre la corrupción que implica el poder. También me gustan mucho las comedias americanas del 30. Son tildadas de livianas, pero no. Hay una, Artistas y modelos , que cuestiona cuál es la responsabilidad del artista frente a la obra. Y otra gloria es Cuando besa mi marido , una comedia de un tipo... mirá qué oscuro lo que te voy a decir: Carlos Schlieper. Era el director de comedias más grosso de la Argentina y muy desconocido. Nadie se acuerda de él porque la crítica levanta los análisis de la generación anterior y los sostienen como si fueran verdad a través del tiempo. Hoy nadie se atreve a decir que Scorsese aburre. Pero a mí La edad de la inocencia me aburrió.
Osvaldo Quiroga
Escribe en El Cronista y hace comentarios en el noticiero de América 2
Mejor antes
La condesa de Hong Kong generó tremenda expectativa por sus protagonistas, y hoy no vale nada. Y en el nivel nacional, esto mismo pasó con películas como La mafia, Martín Fierro, El santo de la espada, Nazareno Cruz y el lobo, Gatica, Juan Moreira... Torre Nilsson quiso buscar temas históricos y lo que hizo fue filmar una caricatura de la historia, sin hondura. Y Juan Moreira , de Favio, pertenece al cine-espectáculo, hoy la veo como un film efectista. Tanto en el caso de Favio como en el de Torre Nilsson, en los años 70 ambos venían del cine de arte o intelectual y sus películas se anunciaban como grandes historias épicas, tratando a héroes o contrahéroes nacionales. Pero el tema de San Martín en El Santo... fue tratado como Billiken, para que los chicos fueran y dijeran qué bueno San Martín. Evangelina Salazar, que hacía de Merceditas, era la Virgen María. Y San Martín no tenía sexo, celos, angustia... lo único que quería era liberar a la patria. San Martín aún necesita una película.
Mejor ahora
Fantasía , de Disney. Cuando se estrenó nadie dijo nada. Tal vez fueran las condiciones sociales del momento. Y hoy, sin embargo, creo que es un clásico. No sé si masivamente está considerada así, pero es un clásico para los cinéfilos. Tiene cierto rigor conceptual vinculado con la imaginación, y un delirio muy fuerte.
Manuel Antín
Director de la Universidad del Cine.
Mejor antes
Missing , y casi todo el cine emblemático de Spielberg. Nadie habla de E.T. , por ejemplo. Son películas que han quedado perdidas en el espacio. En el caso de Spielberg, no trascendieron porque el arte es comunicación entre la gente y la obra, y estas películas no tuvieron la suficiente profundidad. Y en el caso de Costa-Gavras, lo que ocurrió es que la película no pudo trascender más allá de la coyuntura sociopolítica en la que fue hecha. El tema ha perdido interés.
Mejor ahora
Una película injustamente olvidada a pesar de su condición premonitoria en muchos aspectos es Network , que acá se llamó Poder que mata . En ese film se preveía una circunstancia sumamente contemporánea: que ya no hay Estado sino empresas. Ha pasado inadvertida y, sin embargo, yo creo que debería estar en la línea de El ciudadano .
Ricardo García Olivieri
Escribe en la sección Espectáculos del diario Clarín.
Mejor antes
Es difícil, porque hay que contextualizar las películas. Por ahí tienen fama porque fueron las primeras en un tipo de cine luego superado. Creo que El ciudadano, aunque es formidable desde el punto de vista formal y presenta un montón de avances, al punto de haber un antes y un después en el lenguaje cinematográfico, no es todo lo profunda que mucha gente cree. Incluso lo es menos que otras del propio Orson Welles, como La dama de Shangai . Creo que igual es un clásico, pero no hay un corno de denuncia: William Randolph Hearst, de quien se supone que es la historia, se siguió matando de risa y no se le movió un pelo. Hay una visión humana de él, muestran que tiene corazón blandito. En ese mismo contexto está Un hombre y una mujer , de Claude Lelouch, que siempre me pareció y me sigue pareciendo una pavada.
Mejor ahora
Las grandes maniobras , de René Clair: un realizador que considero gran artista y que fue de los más vapuleados por los iconoclastas de la nouvelle vague, al punto que cuando llega la nueva ola él deja de filmar. Tiene muchas películas sumamente rescatables, como La belleza del diablo, Para nosotros la libertad, El silencio es oro . Es un gran canto del cine, perfecto como relato cinematográfico, más allá del estilo sardónico, romántico, superficial. Robert Flaherty es también uno de los grandes maestros del cine. Trabajó un género tan difícil y poco popular como el documental. Hizo algunos semidocumentales y grandes películas, como Historia de Louisiana , uno de los documentales más bellos que recuerdo.
Bartolomé de Vedia
Jefe de la sección Editoriales de La Nacion. Fue destacado crítico de cine y teatro.
Mejor antes
Una película que en su momento fue sobredimensionada por la crítica (incluso por mí mismo), es La naranja mecánica , estrenada en la Argentina con un retraso de trece años a causa de los obstáculos que le opuso la censura. Vista hoy, esta parábola sobre la violencia juvenil -versión de un libro feroz de Anthony Burgess- es aparatosa, artificial y fría. Al espectador de hoy le resulta muy difícil conectarse por la vía de la sensibilidad o de la emoción con esta turbadora profecía sobre la sociedad del futuro, que entremezclaba estratégicamente muñecos y seres reales para suscitar el trasfondo de crueldad de una cultura sin salvación.
Creo que el impacto que produjo La naranja mecánica tuvo que ver con el contexto de una época: fundamentalmente, con la ansiedad de muchos jóvenes de los 70 por encontrar las claves que explicaran y hasta justificaran el subculto de la violencia como matriz de la transformación histórica. Juzgada en la impiadosa perspectiva del tiempo, la película aparece como un intento demasiado obvio de expresar por la vía de la metáfora la posibilidad de que el camino de la destrucción haga más creíbles a los seres humanos.
Hoy, La naranja mecánica no nos conmueve. Ni siquiera su protagonista, el patético Malcolm McDowell, consigue golpear nuestra sensibilidad con toques genuinos. El tiempo, que es implacable, ha convertido a una película pretendidamente terrible en una fábula truculenta y efectista.
Mejor ahora
Hubo pocos casos en la historia del cine como el de La regla del juego , de Jean Renoir, que a 60 años de su realización mantiene intactas su excepcional calidad estética, su conmovedora precisión narrativa y su sobria y sugerente vitalidad emotiva. Realizada en 1939, tardó en ser reconocida como lo que es: una obra maestra impecable, en la que lo trágico y lo cómico se funden para iluminar aspectos recónditos de la condición humana. Perseguida por la censura, el mismo año de su estreno y más tarde destruida por los nazis, debió esperar hasta el fin de la guerra para llegar al público en una versión mutilada, que duraba media hora menos que el original. Sólo en 1965 fue presentada en París en su versión original, gracias al paciente trabajo de reconstrucción de un grupo de cinéfilos.
Descripta a menudo como un divertisement sobre la hipocresía burguesa y los sentimientos humanos, La regla del juego es mucho más que eso: es una obra que explora el espíritu humano tratando de establecer sutiles correlaciones entre la realidad y la ficción.
Renoir narra con maestría las peripecias de un grupo de aristócratas que se recluyen en un castillo para participar de una cacería de conejos. El genial director describe alternativamente los conflictos de los distintos personajes, lo que se traduce en una ronda de desencuentros sentimentales y eróticos, de íntimas frustraciones, de egoísmos, fracasos y decepciones.
Los hombres han fijado una regla: el objetivo de todos será dar muerte al conejo, que es la presa convenida de antemano. Pero detrás de esa regla hay otras, que son menos visibles pero no menos reales. Y en esas otras reglas, la presa no es necesariamente un animal: puede ser un hombre.
La regla del juego no ha sido tocada por el tiempo. Al contrario, hoy parece aún mejor que ayer. Está viva la espléndida objetividad con que Renoir lleva adelante su relato; está entera, también, la controlada emoción con que se conecta con sus personajes, piezas útiles de un engranaje espléndidamente ajustado.
Quintín (Eduardo Antín)
Escribe en El Amante.
Mejor antes
Toda película aclamada por sus contemporáneos parece destinada a devaluarse con el tiempo. Supongo que la razón es simplemente que los grandes films se adelantan a su época mientras que los clásicos instantáneos tienen la consistencia de las ilusiones. Más específicamente, en la historia del cine de cada país suele haber un film que representó durante muchos años a esa cinematografía por razones ideológicas o industriales, hasta que un día alguien descubrió que eran mediocres o menos interesantes de lo que la opinión unánime establecía y empezaron a perder prestigio. Eso ocurrió, por ejemplo, con Lo que el viento se llevó en el caso norteamericano, El acorazado Potemkin en el soviético (no es una mala película, precisamente, pero tampoco la maravilla que se sigue diciendo que es en las escuelas de cine), Les enfants du Paradis o Ladrones de bicicletas . En la Argentina, esa película es La guerra gaucha, que sólo los que la vieron hace mucho o no, nunca pueden sostener que es siquiera buena. Se trata de un mamotreto pesado y reaccionario, sobreactuado y subrayado hasta lo indecible, que alienta la delación y la traición.
Mejor ahora
No debe haber muchos clásicos que hayan sido reconocidos como tal el día de su estreno. Esto vale para películas emblemáticas como Vértigo, La regla del juego o Los siete samurais , que con el tiempo se transformaron en indiscutibles. Están también las películas malditas, que parecen alzarse contra los valores de su sociedad y son rechazadas de plano hasta que sólo más tarde se las puede apreciar en su genialidad. Peeping Tom, Gertrud, o El imperio de los sentidos son ejemplos de ese fenómeno. De todos modos, no tengo la menor idea de lo que se pensará dentro de 50 años de El ciudadano, Sin aliento o El Padrino . Aunque no creo que Esa maldita costilla mejore con el tiempo. Pero ¿quién sabe?
Sergio Wolf
Trabaja en el programa radial de Pepe Eliaschev y colabora con la revista El Amante.
Mejor antes
Kramer v. Kramer y El baile. Kramer... porque era sólo una soap opera y se quedó con los Oscar de Apocalypse now , que hizo un verdadero corte en la historia del cine. Y El baile porque era teatro filmado y no agregó nada al cine como arte autónomo y con un lenguaje específico.
Mejor ahora
Johnny Guitar, porque define nítidamente las dificultades de los grandes artistas por dar una visión personal del mundo en el Hollywood dorado, demostrando además las razones de su agotamiento; y también por pensar que el western no es un género del pasado sino del futuro. Y La noche del cazador , que es un clásico no sólo por ser el film maldito por excelencia, sino porque contiene todas las orientaciones del cine de aquel 1955: el artificio y lo documental, la condensación de géneros y el cine como sueño, lo standard y las vanguardias. Es uno de los films que más influyeron en el cine posterior.
Diego Battle
Escribe en Espectáculos del diario La Nación
Mejor antes
Lo que se cayó o al menos hoy no se le da tanta importancia, es el cine político de los 70, todas esas películas como La batalla de Argelia, Missing... En su momento marcaron cierta tendencia, pero hoy se puede pensar que más allá de su valor testimonial no eran tan buenas. Algo similar pasó con el cine de qualité francés, que en los 80 y principios de los 90 era el más refinado y hoy hay una tendencia a desvalorizar. Salvo las películas basadas en novelas de Shakespeare, que mantienen su encanto, el resto de films de época sobre pintores o escritores hoy están dados de baja.
Mejor ahora
Las comedias americanas del 30 y el 40 siempre fueron injustamente criticadas. Estaban hechas por tipos como Billy Wilder o Preston Sturges, que trabajaban a sueldo para los estudios y hacían un cine pasatista. Pero pasaron los años y ahora se hacen muchas remakes o se toman muchos elementos de esas comedias románticas, como gags físicos, diálogos... Eso ocurre, por ejemplo, con Tienes un e-mail y Ernst Lubitsch. Esta misma revalorización ocurre con cineastas como Hitchcock o los western de John Ford. Ellos no eran sólo buenos artesanos que hacían mercadería a pedido, eran tipos que realmente tenían una manera de pensar, sentir y filmar el cine.
Fernando Martín Peña
Escribe en la revista Rolling Stone y dirige la publicación Virtual Film, ( http://filmonline.com.ar )
Mejor antes
Cualquier ejemplo aislado que pueda citarse será siempre la expresión de una preferencia personal. De todos modos, creo que el tiempo ha sepultado todas las películas de Luis César Amadori.
Mejor ahora
Hombre de la esquina rosada hoy está considerada entre las mejores adaptaciones de Borges que dio el cine (si no la mejor), pero en su momento fue tratada con frialdad y hasta desprecio. Todas las pelíclas de Mugica, en realidad, han superado muy bien el paso del tiempo. Otra es Los traidores, que permaneció desaparecida, como su realizador, desde 1976. Sólo en 1993 su reaparición en fílmico llamó la atención de los medios y permitió una difusión más amplia.
Ernesto Schoo
Crítico y escritor
Mejor antes
La puerta del cielo , de Cimino, un director que había ganado un Oscar el año anterior con El francotirador . Con el precedente del premio concibió esta enorme epopeya (a los americanos se les da por hacer grandes historias sobre la colonización del país). La película terminó durando seis horas. Fue un fracaso.
Mejor ahora
Un día en el campo , una película basada en una historia de Guy de Maupassant. El film se empezó a filmar el 27 de junio de 1936 y hubo una cantidad enorme de traspiés. En total, el film dura una hora, pero se ha convertido en una joya para los cinéfilos.
Películas citadas
- Almafuerte (Argentina, 1949), de Luis C. Amadori, con Ibáñez Menta.
- Apocalypse now (Estados Unidos, 1979), de Francis Ford Coppola, con Dennis Hopper, Marlon Brando.
- Artistas y modelos (Estados Unidos, 1955), de Frank Tashlin, con Jerry Lewis, Dean Martin y Shirley MacLaine.
- Blow up (Italia-Francia, 1967), de Michelangelo Antonioni, con David Hemmings y Vanessa Redgrave.
- Cuando besa mi marido (Argentina, 1950), de Carlos Schlieper, con Malisa Zini, Angel Magaña.
- Cuando las brujas arden (Gran Bretaña, 1988), de Michael Reeves, con Ian Ogilvy, Vincent Price.
- Dios se lo pague (Argentina, 1948), de Luis César Amadori, con Arturo de Córdova y Zully Moreno.
- El acorazado Potemkin (Rusia, 1925), de Sergei Eisenstein, con Alexander Antonov y Grigori Alexandrov.
- El baile (Francia-Italia, 1984), de Ettore Scola, con la compañía de Jean-Claude Penchenat.
- El ciudadano (Estados Unidos, 1941), de Orson Welles, con Orson Welles, Joseph Cotten, Agnes Moorehead, Everett Sloan.
- El imperio de los sentidos (Japón, 1978), de Nagisa Oshima, con Kazuko Yoshiyuki, Tatsuya Fuji.
- El padrino (Estados Unidos, 1972), de Francis Ford Coppola, con Robert de Niro, Marlon Brando.
- El santo de la espada (Argentina, 1970), de Leopoldo Torre Nilsson, con Alfredo Alcón, Evangelina Salazar.
- El silencio es oro (Francia), de René Clair, con Maurice Chevalier.
- E.T. (Estados Unindos, 1982), de Steven Spielberg, con Dee Wallace, Peter Coyote, Drew Barrymore.
- Fantasía (Estados Unidos, 1940), de Walt Disney.
- Gatica, el Mono (Argentina, 1993), de Leonardo Favio, con Edgardo Nieva.
- Gertrud (Dinamarca, 1964), de Carl Dreyer, con Nina Pens Rode.
- Historia de Louisiana (Estados Unidos, 1948), de Robert Flaherty.
- Hombre de la esquina rosada (Argentina, 1962), de René Mugica, con Francisco Petrone, Susana Campos.
- Johnny Guitar (Estados Unidos, 1954), de Nicholas Ray, con Joan Crawford y Sterling Hayden.
- Juan Moreira (Argentina, 1973), de Leonardo Favio, con Rodolfo Bebán.
- Kramer v. Kramer (Estados Unidos, 1979), de Robert Benton, con Meryl Streep y Dustin Hoffman.
- La batalla de Argelia (Italia, 1965), de Gillo Pontecorvo.
- La belleza del diablo (Francia, 1949), de R. Clair, con Gerard Philipe.
- La condesa de Hong Kong (Gran Bretaña, 1966), de Charles Chaplin, con Marlon Brando y Sofía Loren.
- La dama de Shangai (Estados Unidos, 1948), de Orson Welles, con Rita Hayworth y Orson Welles.
- La dama duende (Argentina, 1945), de Luis Saslavsky, con Delia Garcés.
- Ladrones de bicicletas (Italia, 1948), de Vittorio de Sica.
- La edad de la inocencia (Estados Unidos, 1993), de Martin Scorsese, con Daniel Day-Lewis.
- La guerra gaucha (Argentina, 1942), de Lucas Demare , con Enrique Muiño, Francisco Petrone, Amelia Bence.
- La mafia (Argentina, 1972), de Leopoldo Torre Nilsson, con Alfredo Alcón.
- La naranja mecánica (Gran Bretaña, 1971), de Stanley Kubrick, con Malcolm Mc Dowell.
- La noche del cazador (Estados Unidos, 1955), de Charles Laughton, con Robert Mitchum, Lillian Gish.
- La puerta del cielo (Estados Unidos, 1980), de Michael Cimino, con Isabélle Huppert, Christopher Walken.
- La regla del juego (Francia, 1939), de Jean Renoir, con Jean Renoir, Marcel Dalio y Roland Toutain.
- Las grandes maniobras (Francia), de René Clair, con Gérard Philippe.
- Lo que el viento se llevó (Estados Unidos, 1939), de Víctor Fleming, con Vivien Leigh y Clark Gable.
- Los niños del paraíso (Francia, 1945), de Marcel Carné, con Jean Luis Barrault.
- Los siete samurai (Japón, 1954), de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune.
- Los traidores (Argentina, 1973), de Raymundo Gleyzer, con Víctor Proncet.
- Martín Fierro (Argentina, 1968), de Leopoldo Torre Nilsson, con Alfredo Alcón, Graciela Borges.
- Mi novia el... (Argentina, 1975), de Enrique Cahen Salaberry, con Susana Giménez, Alberto Olmedo.
- Missing (Estados Unidos, 1982), de Costa-Gavras, con Jack Lemmon.
- Nazareno Cruz y el lobo (Argentina, 1975), de Leonardo Favio, con Nora Cullen, Alfredo Alcón.
- Network (acá se llamó Poder que mata) (Estados Unidos, 1976), de Sidney Lumet, con Faye Dunaway, Robert Duvall y Peter Finch.
- Peeping Tom (El rostro del miedo) (Gran Bretaña, 1959), de Michael Powell, con Anna Massey, Carl Boehm.
- Punto límite (Estados Unidos, 1991), de Kathryn Bigelow, con Gary Busey, Keanu Reeves, Lori Petty y Patrick Swayze.
- Sin aliento (Francia, 1983), de Jean-Luc Godard, con Jean Seberg, Jean-Paul Belmondo y Daniel Boulanger.
- Soñar, soñar (Argentina, 1976), de Leonardo Favio, con Carlos Monzón, Gianfranco Pagliaro y Nora Cullen.
- Un día en el campo (Francia, 1936), de Jean Renoir, con Sylvia Bataille y Georges Saint-Saens
- Un hombre y una mujer (Francia, 1966), de Claude Lelouch, con Anouk Aimée y Jean-Luis Trintignant.
- Velvet Goldmine (Gran Bretaña, 1998), de Todd Haynes, con Ewan McGregor, Eddie Izzard.
- Vértigo (Estados Unidos, 1958), de Alfred Hitchcock, con James Stewart y Kim Novak.






