
Melodías de medianoche
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Los tradicionales cierres de transmisión de los canales de aire, con las palabras de despedida de un cura, parecen formar parte del recuerdo. Exceptuando a Canal 13, que termina el día con las noticias de Santo Biasatti, el resto levanta el volumen y despide el día con música en vivo. Entre ellos, "Música para soñar" (Telefé) confunde con lo romántico de su título. Aunque, para quienes lo hacen, "plantear hoy en la tele una canción con arreglos de jazz es sólo para románticos".
Con estética y escenario al estilo de MTV Unplugged, Bobby Flores reflexiona al paso sobre una canción con una copa de vino tinto que reposa junto a una coqueta lámpara Tiffany´s. Entonces, el trío de Javier Malosetti recibe en el escenario al invitado que pondrá voz al tema. Todo sin epígrafes que titulen ni presentaciones formales. Pero, en verdad, el besito musical de las buenas noches sale grabado. Una vez a la semana, unas trescientas personas se juntan en los estudios de Telefé, en Martínez, para aplaudir cuando haga falta. "Así como está planteado, el programa es un interrogante. Te hace atar cabos sobre la canción y el cantante que se va a presentar", dice Claudio Villaruel, dueño de la idea, que todas las semanas define con ellos el cruce de cantantes con canciones.
Bobby está listo para grabar un copete. La primera canción de la jornada es "Light my fire"; el cantante, Miguel Mateos. En tres versiones (por pequeños errores que divierten a los técnicos), Bobby grabará sus pensamientos, como aquel que aconseja tener cuidado con "a quién se le dice «enciende mi fuego»". Después, Raúl Rufino, guitarrista y cantante de Los Tipitos, hará su versión de "Eights days a week". Pero Bobby ni hablará de Lennon, sino del "inconformismo de la gente".
Malosetti y Bobby bajan del escenario y se juntan con Villarruel, que va a sumar su guitarra para hacer "Banana boat". Hablan por lo bajo y se ríen de alguna cosa. Cada uno admira algo del otro, empezando por Villarruel que, por poco, dice que hubiera querido ser hijo de Walter Malosetti ("aprendí a tocar la guitarra con él"). Bobby dirá también que es fan de Malosetti padre, pero que Javier "es uno de los músicos más elevados". Y éste devolverá el cumplido diciéndole que "es un experto para hablar de música".
Después de toda la cháchara, mientras el público espera sentado al que sigue, los tres coincidirán en algo: "Acá, la que se tiene que lucir es la canción". Pero el juego de cruces a veces trae conflicto: gente que no quiere cantar en inglés, como Soledad, que rechazó "Wonderwall", de Oasis, o Cacho Castaña, que rebotó "La rubia tarada" ("porque al rap no lo engancho") y se desquitó con "Moscato, pizza y fainá".
"La idea es pasar cualquier cosa por el filtro de una versión jazzística o blusera", dirá Bobby. Y para eso está Malosetti, que hace los arreglos. Después de la grabación, el audio se procesa en un estudio de la misma forma que se mezcla sonido para un disco. "Nos gusta sacarle adrenalina teenager con sonido swing y relajado", dirá Malosetti antes de colgarse el bajo y continuar con la grabación. Bobby se sienta de nuevo en su trono y una vestuarista le quita el polvillo del hombro. Se escucha "aplausos" y de vuelta todo a empezar.
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