
Memorias del subsuelo
Alumnos y docentes del Instituto del Cine rescatan del olvido miles de películas
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Pilas y pilas de latas oxidadas entre biblioratos podridos, archivos amarillentos y muebles rotos. Agua que se filtra en los rincones; humedad, hongos -un pozo oscuro- (funde a negro) .
Podría ser el primer cuadro de una película de terror, pero en realidad es la descripción del segundo subsuelo de la casa ubicada en Moreno y Salta, sede de la escuela de cine del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa).
Un "cementerio de películas", grafica Octavio Fabiano al recordar el día en que, cinco meses atrás, junto a Fernando Peña y los alumnos de la escuela de cine, emprendió la tarea de recuperar el patrimonio visual que, en forma desordenada, se había acumulado por décadas en el subsuelo.
Ahora las paredes están pintadas de amarillo claro y los escombros fueron removidos. Sin embargo, aún se siente el olor intenso -a vinagre- emanado de las películas que, como cadáveres, entraron en una suerte de proceso de descomposición. "Pero esto es sólo decoración", afirma Fabiano en referencia a la pintura fresca. "Acá no se hizo ningún control de humedad ni de las condiciones mínimas de preservación, incluso las películas vinieron primero y los obreros después", explica.
Una superficie de mil setecientos metros cuadrados, cien mil latas, quizá veinte mil películas (imposible calcular si todas están completas) y mil quinientos pesos (lo único que consiguieron hasta ahora). Este es el patrimonio con el que cuenta la Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional (Cinain), que aún no existe realmente porque la ley que la creó en 1999 aún espera ser reglamentada.
"De todo el material producido en los primeros cuarenta años de cine argentino hoy sólo existe el diez por ciento, y desde el sonoro a esta parte nos debe quedar la mitad, lo cual habla del desastre de la preservación", agrega Fabiano. Esto llevó al coleccionista y a su colega, Fernado Peña, a impulsar la cinemateca a través de la fundación Aprocinain, que cuenta con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Nación y que busca convertir este espacio en "un centro cultural para divulgar el mejor cine".
Las mosqueteras
Pero Peña y Fabiano no están solos. A falta de dinero, estos "locos por el cine", como ellos mismos se califican, encontraron el apoyo de al menos quince alumnos de la escuela del Instituto que también comparten el amor por el celuloide.
"Las mosqueteras", como se divierte nombrándolas Fabiano, son Roxana, Marcela y Georgina. Llegan todos los días a las tres de la tarde y se visten con unos mamelucos ahora viejos, para comenzar la tarea de buscar pedazos de cuerpos descuartizados de películas nacionales y extranjeras que llenaron salas en otras épocas.
Cada hallazgo es motivo de festejos. Como cuando encontraron Nobleza Gaucha (1915), que luego de un minucioso trabajo de restauración pudo ser exhibida en el Centro Cultural Borges; El ciudadano, de Orson Welles (1941)m o Invasión, de Hugo Santiago (1969), con guión de Jorge Luis Borges.
Otros rescates memorables fueron Escenas de la vida conyugal de Ingmar Bergman (1973), quizá la única copia en la Argentina y Ufa con el Sexo , de Rodolfo Khun (1968), que permanece inédita a causa de la censura. Aunque no todos son grandes hitos de la historia de la cinematografía. Las chicas también festejaron al descubrir Castillos de hielo , una película romántica de los ochenta. "No tiene gran valor técnico, pero nos recuerda cosas de la infancia", explica Georgina.
En la espera de una ubicación adecuada, rollos de la escuela de cine de Santa Fe, documentales, noticieros argentinos y de otros países se amontonan junto a títulos como Onikron , la fogosa criatura del planeta Ultra de Hugo Gregoreti o Kermeses de corazones , de la que nadie recuerda su director.
Muchas veces ocurre también que un hallazgo provoca tristeza. "Me dio gran pena cuando encontramos La Raulito (1975), la película estaba dura y podrida", recuerda Georgina. La historia oficial, de Luis Puenzo (1985), única película argentina que ganó un Oscar fue descubierta llena de hongos. "¡Y no se trata de una reliquia, sino de algo que se hizo quince años atrás!", exclama Germán Cantore, quien participa en la elaboración de un documental que dará cuenta del trabajo del grupo.
Por ahora, el sueño de construir una cinemateca donde cualquiera pueda ver las películas y hasta llevarse una copia en digital parece muy lejano. Sin embargo, ni la falta de presupuesto ni de autoridades puede detener a este "equipo de emergencia" que se dedica a realizar "respiración boca a boca" a cada rollo rescatado del olvido.
Una tarea artesanal
- "Restaurar una película no es sólo copiar, sino que implica todo un trabajo de búsqueda y reunión de los materiales faltantes y un proceso de selección", explica Fabiano.
- "Lo que se hace acá es muy primario -dice Peña- necesitamos dos o tres meses para reunir las latas de una película, después hay que airearlas, tratar de que pierdan la humedad y ahí nos quedamos porque no tenemos dinero par a continuar."
- Airearlas es la labor que realizan Leandro Storky, proyectista, y Paula Félix Didier, historiadora y coeditora de Filmonline. La tarea consiste en hacer pasar la película por dos carreteles para que se ventile.
- "Esta es una tarea que debería hacerse periódicamente porque en cuatro o cinco meses no sirve más", dice Didier. Lejos de este ideal, abre una lata que contiene una tarjeta que indica la última vez que fue aireada: 1976.
- En este sentido, otro de los objetivos que se propuso la Cinain es profesionalizar la restauración de películas, carrera que ya existe en Estados Unidos, Alemania y Francia.






