
Mena Suvari Cree en fantasmas
Además, habla desde siempre con un amigo imaginario. Tal vez a esos ayudantes invisibles deba el envión que ha tomado su carrera a partir, sobre todo, de su participación en Belleza americana
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Mena Suvari surgió prácticamente de la nada para convertirse en la chica de los dos films de mayor éxito del año último. ¿La impactante actriz es como la dulce e inocente estudiante de American pie? ¿O es más bien la precoz estudiante, demasiado madura para la escuela, el objeto de la obsesión erótica de Belleza americana? Dos próximas películas nos traerán nuevas revelaciones, pero según la propia Suvari, ella no es ninguna de las dos cosas.
La fama es una benefactora impredecible. A veces desciende sobre una actriz completamente desconocida, en una sola película, y cambia las cosas de la noche a la mañana. La fama dejó caer pétalos de rosa sobre Mena Suvari el año último, cuando la actriz apareció no en una, sino en dos películas que casi simultáneamente capturaron la atención de los críticos, alcanzaron una taquilla de 100 millones de dólares y dotaron a la joven actriz de fans y adoradores (para comprobarlo, basta buscar la cantidad de sites que tiene en Internet).
La belleza somnolienta y el estilo displicente de los diálogos de Suvari fueron un ingrediente esencial del éxito de ambos films. En ambas épicas americanas, Suvari desplegó una presencia en la pantalla que, con el tiempo, puede llegar a traerles grandes interrogantes a los críticos. ¿La chica había estado recorriendo a poca altura el espacio de Hollywood, tal vez en algún sitcom o en papeles menores? ¿O era simplemente una estrella natural que emergió del aire como por arte de magia?
Cuando me encontré para almorzar con Suvari en una popular trattoria de Los Feliz, el amable barrio joven de Los Angeles, algunas piezas del rompecabezas encontraron su lugar. Aunque podría pasar por una estudiante, se mueve con la seguridad y la soltura de una chica que creció con privilegios. Los detalles biográficos que empieza a contarme confirman la impresión.
Hija de un psiquiatra y una enfermera con 24 años de diferencia de edad entre ellos, Suvari creció con estilo en medio del dinero. Vivió de niña en Newport, Rhode Island, en las Islas Vírgenes; en los primeros años de su adolescencia, en Carolina del Sur durante la escuela secundaria, y en el sur de California desde los 16 en adelante. Lleva el nombre de su madrina egipcia y el apellido estonio de su padre, Ando. Tiene tres hermanos mayores, Sulev, Yuri y Ajai. De niña, pasó cinco años como modelo de Wilhelmina antes de hacer comerciales de publicidad (Pizza Hut, por ejemplo), ocasionales trabajos para la TV (Chicago Hope, ER), y papeles pequeños en el cine (Nowhere, Kiss the girls, Carrie 2).
En ese punto se produjo el uno-dos de American pie y Belleza americana. Ahora Suvari ya tiene un lugar en la lista más exclusiva de Hollywood y modela anteojos para sol de marca. ¿Por qué ella?, preguntan algunos.
¿Por qué usted?, le pregunto.
"Ni yo misma lo sé -dice Suvari, con un residuo de acento de Nueva Inglaterra en su voz y soltando la primera de sus frecuentes risitas-. Nunca pensé que estaría donde estoy. Todo explotó para mí. Hay gente que ha vivido aquí durante décadas y ni siquiera ha conseguido un comercial. Y aquí estoy yo, una chica que vino con sus padres sin ninguna idea de ser actriz, y ahora me ponen micrófonos delante de la cara, y simplemente no puedo decir nada. Voy a una entrega de premios y allí está toda esa gente saludándome a los gritos. Mi agente me dice que debo saludar a todos, y ser amable y cortés. Y me pregunto quién soy. Alguna de esa gente que me saluda y me festeja tiene mi edad. Y seguramente algunos son más listos que yo, mejores que yo. Me siento agradecida, pero no termino de entenderlo y me resulta raro."
Y debe ser rarísimo. Ella mira desorbitada y menea la cabeza, explicándome hasta qué punto es raro. "Los sitios de Internet que están haciendo sobre mí, por ejemplo -continúa, ignorando la ensalada y el panino que el camarero acaba de dejar ante ella-. Una entra y ve La foto de Mena en la secundaria y, ¿sabe?, yo tuve una etapa muy torpe en la adolescencia. Es horrible. En el mismo sitio están también todos los fotogramas de la escena que hice desnuda con Kevin Spacey, como si dijeran aquí puedes levantar todas las fotos sucias de Mena. A veces no me siento como la persona que se supone que debo ser. Pero mi agente no deja de recordarme que es muy raro hacer, en un solo año, dos películas que funcionen tan bien."
¿Qué clase de criatura era ella de adolescente? ¿Por qué los muchachos no la tomaban en cuenta en la secundaria? "Era reservada -dice-. Nadie me invitaba a bailar ni nada de eso. No fui a la fiesta de graduación. No era popular, y no me importaba. Tenía varias cosas en contra."
¿Como cuáles? Suvari se encoge de hombros y responde. "En Rhode Island vivíamos en una casa de piedra de 1870, con acres y acres de terreno donde solía jugar con mis hermanos. La casa y el terreno eran tan grandes que no tenía necesidad de ir a otra parte. En verano, recogíamos bayas. Paseábamos en bicicleta. No veía películas, ni siquiera pensaba en ellas. Quería ser paleontóloga, arquitecta o escritora. Recuerdo que un día decidí que quería ser arqueóloga, así que empecé a cavar en el patio trasero. Nuestra casa era tan antigua que en cuanto cavé apenas un metro ya encontré fragmentos de platos, vasos, una bala."
Saca un papel y me dibuja el plano de su casa de la infancia, en la calle de los millonarios de Newport, Bellevue Avenue. Después hace un boceto de la casa que, aun en una cruda miniatura, evoca el castillo gótico de un cuento de hadas.
"Siempre sentí que tenía un amigo imaginario -me dice cuando le pregunto cómo era para ella ese paisaje de fantasía-. Le pedía que me dejara verlo, que me diera alguna señal de que verdaderamente estaba allí. Lo creía en serio, y traté de convencer a mi familia de que mi amigo existía. Le hablaba siempre que estaba sola. Un día escuché una voz que me decía: Mira hacia allá, y vi en un árbol, grabado, el nombre Ted. Así que le escribí una carta y la dejé en el ático. Mis hermanos me escribieron una respuesta, sólo para torturarme."
¿Y qué ocurrió con ese amigo imaginario? "Casi estoy a punto de admitir que estoy loca, pero... mis hermanos y yo solemos hablar de que la casa estaba embrujada. Siempre he creído en esas cosas. No soy muy religiosa. Adoro el cosmos y todas esas ciencias. Es bárbaro que pueda hablar con mi hermano Sulev, en quien confío absolutamente. El jamás me mentiría. Y sé por él que los fantasmas existen. Siempre supe que tenía razón en lo de mi amigo imaginario, pero mis hermanos vieron cosas y mi madre también tuvo algunas experiencias."
Soy todo oídos. Parece que Sulev vio una aparición masculina en una escalera, tal vez el mismo Ted, que podía haber sido un esclavo que murió a fines del siglo XIX atacado por unos perros hambrientos. Otra vez, mientras sus padres no estaban y la zona sufría un corte de energía, el hermano mayor guiaba a los otros tres de la mano por la casa a oscuras cuando sintió que había una mano extra.
"Cuando mi hermano nos dijo que había sentido esa cuarta mano, me asusté. Creo en esas cosas. Pero nunca tuve experiencias como las de ellos."
Entonces, ¿la familia se mudó por esas experiencias? Suvari menea la cabeza y suelta una risita. "No, nos mudamos porque la casa era demasiado grande para limpiarla, y todos queríamos un clima más cálido."
A juzgar por la expresión de Suvari cuando empieza a describir su vida en una escuela de Carolina del Sur, es claro que prefiere el mundo de los espíritus a lo que le tocó después.
"Allí fui una perdedora absoluta, porque no compraba la ropa en The Gap ni en Banana Republic. Además, como venía de Rhode Island, también era una yanqui. Tenía una sola amiga, y me mantenía aparte."
Entonces empezó a modelar y a hacer comerciales. Después, cuando su familia se trasladó a Los Angeles, Suvari ganó prestigio entre sus ex compañeras, que de repente querían ir a visitarla. Pero, para Mena, la mudanza a Los Angeles significó una nueva serie de problemas.
"Tenía 16 años y se burlaban de mí porque venía del Sur. En la escuela estaba adelantada, así que todos decían cosas como: ¿Quién se cree que es? Pero cuando las cosas empezaron a salir bien en mi carrera, todo el mundo me felicitaba, aunque tres semanas antes nadie me llamaba para salir."
Suvari insiste en que ni siquiera había soñado con una carrera en el cine; pero, después de todo, se dedicó a ser modelo desde los 13 años, y se presentó a los castings. Una vez que empezó a conseguir papeles cinematográficos, la rueda ya no se detuvo. Ha hecho diez películas en menos de cuatro años. "Para mí es divertido, es mucho mejor de lo que creí. Mi familia no lo puede creer. Tal vez llegue el momento en que el teléfono deje de sonar, y entonces quizá pueda volver a estudiar y graduarme en algo."
No parece algo muy probable en lo inmediato. Lo que sigue a American pie y Belleza americana es una comedia negra titulada Sugar and Spice, donde sus coprotagonistas son James Marsden y Marley Shelton.
"Me siento bajo el microscopio -dice-, pero no pienso matarme si mis próximos films no son éxitos. Estoy en el negocio para ofrecer entretenimiento, pero no tengo la obligación de complacer a todo el mundo. Hago cosas que creo buenas e interesantes. Cuando acepto un proyecto, es porque creo que va a ser divertido. No me importa si va a reportar 100 millones o no.
¿Y cómo es Sugar and Spice? "Es una comedia en todo sentido, muy divertida pero nada más."
Suvari tiene también un papel más grande en lo que podría ser una película más importante. Ella y su coprotagonista de American pie, Jason Biggs, son junto con Greg Kinnear las estrellas de Loser, un film de la escritora/directora Amy Heckerling, que es en realidad una remake del clásico de Billy Wilder Piso de soltero, que ganó un Oscar.
"Ha sido maravilloso hacer Loser -continúa Suvari-. Es divertido y romántico, algo que nunca había hecho. No sé nada de las películas viejas. Soy una actriz horrible, y tengo mucho que aprender de las buenas películas viejas."
"Todavía soy una nena"
¿Jason Biggs es sexy? "Claro que sí. Lo que hace que alguien sea sexy trasciende lo físico. El es muy dulce y divertido."
¿Es más o menos besable que Chris Klein o Kevin Spacey? "Cada beso significa algo diferente en cada escena. Ninguno es mejor que otro." Como estamos hablando de sexo y romance, le pregunto si ha tenido la experiencia de haber sido perseguida y asediada, a pesar de estar casada con el director Robert Brinkmann, de 37 años. "No busco esas cosas, no les presto atención y no me expongo a ellas. No voy a los sitios donde pueden ocurrir. No bebo ni voy a bares. Estoy mucho en casa, voy al cine o a cenar. Por la misma razón, tampoco soy muy acosada por los fans. Si alguien me dice que soy bella, me encanta. Pero no siento que me haya ganado nada por serlo." Le pregunto si planea tener un hijo pronto. "Verdaderamente disfruto de mi esposo -me contesta-. Todavía no tenemos planes de ser padres. Quiero que mi carrera esté un poco más asentada, porque tendría que tomarme un año sin trabajar para tener un niño. Todavía siento que yo soy una nena en muchos aspectos, y jamás le haría eso a un hijo."






