
Mi primera casa
A partir del día en que dejaron su hogar paterno, estos jóvenes dedicaron los esfuerzos a diseñar sus propios ambientes, a los que les impusieron su sello personal. Los resultados están a la vista...
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Todo un desafío
Franco Giorgiutti, de 29 años, estudió marketing y 2 años de arquitectura. En la actualidad trabaja como productor independiente de televisión. Sus hobbies: fútbol, fútbol, fútbol y, a veces, golf. Además, obviamente, disfrutar de su casa.
Franco es de los que dejan poco en manos de otros. Por lo menos cuando se trata de algo tan íntimo y cotidiano como su casa, en la que además trabaja. Aunque no le sobra tiempo, este joven se encargó personalmente de dirigir la remodelación de su hogar, que amplió con una planta alta. Sólo se limitó a consultar con un arquitecto qué modificaciones eran factibles. De todas maneras, ya tenía experiencia en el rubro, cuando dejó el hogar paterno y compró un terreno en Don Torcuato. Allí levantó su primera casa: “Esa sí que la hice sin consultar”, recuerda. Su espíritu emprendedor y el gusto por materializar los sueños con celeridad aún siguen vivos: “Cuando uno construye recupera rápidamente lo que invierte”.
1. Living. La mesa baja es un regalo de los hermanos de Franco. El sofá, cubierto por almohadones estampados, y las sillas en madera de paraíso lustrado, de formas puras, se mandaron hacer a partir de un diseño del dueño de casa (Serena Tais).
2. Dormitorio. El colchón, apoyado en el piso, está abrigado por un cubreedredón con almohadones al tono. Al pie de la cama, una colchoneta psicodélica (todo, Sere-na Tais). En la mesa de luz se destaca el reloj retro comprado en Miami.
3. Cocina. Las alzadas se revistieron con venecitas en azul cobalto y las mesadas son de cemento alisado en blanco. Un detalle original: en el cielo raso se colocó un papel de diseño (Papelera Palermo) para ocultar la fuente de luz.
Espacios compartidos
Bárbara O’Connor tiene 27 años. Es licenciada en recursos humanos y trabaja en una editorial, en el departamento de marketing, lo que la llevó a anotarse en esa carrera este año. Vive con su hermana Carolina, de 25 años, que es chef, estudia publicidad y trabaja en una compañía extranjera.
A veces hace falta un empujón para independizarse. Por lo menos, algo de apoyo moral y varios amigos que ayuden en la mudanza. Y si el presupuesto es ajustado, habrá que conseguir un socio que colabore con el pago de las expensas. Para Bárbara y Carolina –además de hermanas, muy buenas amigas– la solución cayó por su propio peso. Como se llevan bien no fue necesario establecer códigos de convivencia en su departamento de dos dormitorios, living, comedor y cocina. Es natural que acuerden si van a recibir amigos o compañeros de estudios. Se turnan para lavar y cocinar y, una vez a la semana, cuentan con el inestimable auxilio de Ruth. Lo mismo pasa con los muebles, de diversos orígenes –comprados, prestados o regalados–. Para ellos encontraron colores y detalles que les dan un aspecto armónico.
4. El living-comedor. Como es el lugar preferido de las chicas, donde pasan la mayor parte del tiempo, compraron un confortable sofá colorado y varios almohadones (La Ventana). La mesa y las sillas del comedor se las prestó una prima. La biblioteca amurada deja libre el centro de la pared. Allí se colgó un moderno espejo con marco de venecitas que contrasta con los silloncitos heredados. Sobre la alfombra de cuero color chocolate (Capital), un baúl, regalo de su madre.
Diferencias reconciliables
Florencia Melamed tiene 29 años, es porteña y amante de la fotografía. Hace 6 años fundó Capital, una casa de decoración y diseño, en Palermo, junto a su socia, Jessica Musri.
Ariel Antolín, de 33, es mendocino y, de profesión, contador. Trabaja en el departamento de logística de una importante empresa. En su tiempo libre se dedica a la apicultura y la náutica.
Florencia compró este departamento de 60 m2 hace 6 años. Los cambios más importantes que realizó fueron un vano en la pared de la cocina, ahora conectada con el living-comedor, y reemplazó la moquette por piso flotante. Ariel vivía en el edificio. De cruzarse en los ascensores pasaron a ser amigos y, hace cuatro meses, él subió unos pisos para vivir con ella. Así empezó su historia de amor. El gran desafío fue integrar estilos tan dispares. Ella, fanática de Starck, adora la decoración, y su trabajo la obliga a saber sobre las últimas tendencias. En cambio, las pertenencias de él responden a un amante de la naturaleza. Pero sus objetos no son negociables. “De todas maneras, prefiero con biblioteca y novio antes que sin biblioteca y sin novio”, dice Florencia, feliz con los nuevos cambios en su vida.
5. Living. El mueble preferido de Florencia es el que alberga el equipo de audio (Bang & Olufsen): está realizado en laca poliuretánica, como la grilla que cuelga de la pared (todo, Capital) y que él, fanático de la música, llenó de CD. Completan la ambientación la silla BKF de cuero y la alfombra Rulo (Capital), en vibrante tono naranja.
6. Dormitorio. Una colcha comprada en España cubre la cama, realizada a medida en madera de cerezo lustrado con detalles de alpaca. A un costado, una mesa de luz de caoba (Capital). El velador es una bocha de vidrio con soporte de metal, material que se repite en el teléfono que Florencia compró en una “venta de garaje” en Estados Unidos
7. Sofá. Este mueble está tapizado en cuerina y los almohadones son un detalle de color dentro de un marco blanco (todo, Capital).
Esta nota es una producción especial de la revista Living para LA NACION) lectores@logcom.com.ar






