
Michelle Pfeiffer: una belleza de bajo perfil
Ha tomado decisiones extrañas en su carrera, pero lejos de las cámaras se equivoca poco
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Michelle Pfeiffer está celebrando en su suite de hotel, pero sólo con agua. Alza la copa para probarla: dos cubos de hielo repican contra el cristal. Pero no sabe si beber o enfriarse la cabeza para recuperarse del shock. Después de 20 años y 36 films, finalmente es la estrella de una película que ha recaudado más de 100 millones en Estados Unidos.
Es difícil creer que un thriller titulado Lo que la verdad esconde, coprotagonizado por Harrison Ford, acabaría por hacer ingresar a Pfeiffer, de 43 años, en los récords de recaudación. Aunque la verdad es que la actriz, siempre e inflexiblemente, ha elegido sólo guiones medianos o incluso inferiores durante toda su carrera. Y ella misma es la primera en admitirlo.
"Mi intuición para elegir películas no ha sido buena -conce-de-. "Respondo emocionalmente a las cosas, y sólo cuando ya me comprometí con un film veo los defectos de la historia. No soy buena para imaginar lo que la gente desea ver. Hay otros, como Harrison Ford, que tienen ese don. Su gusto y el del público son muy similares. El mío no coincide. Debería pensar más en lo que el público desea ver, pero es algo que me excede."
El hecho de no recaudar demasiado, por cierto, no es todo: la gente adora ver a Michelle Pfeiffer, por lo cual ningún ejecutivo de los estudios soñaría con dejarla de lado. Y la gente no sólo quiere verla por su belleza. Las veces que sí ha elegido buenos roles, su actuación ha sobresalido como un faro en una noche invernal, como en el caso de su Susie Diamond, la inolvidable cantante que personificó en Los fabulosos Baker Boys, la manipulada Madame de Tourvel de Relaciones peligrosas o una de las adoradoras de Jack Nicholson en Las brujas de Eastwick, para dar algunos ejemplos.
Pero todas esas grandes actuaciones fueron en la década del ochenta. La de 1990, con desilusiones como Frankie and Johnny, Wolf y La edad de la inocencia, entre otros, fue bastante árida. En realidad, la única película que hizo en ese período con gran éxito de taquilla fue El regreso de Batman, de 1992, donde encarnó a la sinuosa Gatúbela, un film destinado a superar la marca de los 100 millones de recaudación aun cuando el rol hubiera sido interpretado por Minnie, la novia del ratón Mickey.
Pero si Julia Roberts es la mimada de Hollywood, Pfeiffer es la reina. Es una de ellos: una chica californiana de la playa que era cajera de un supermercado local. Tuvo un matrimonio fracasado con el actor Peter Horton, que ganó efímera popularidad en algunas series de TV, y romances con actores como John Malkovich y Michael Keaton.
Ahora está casada con uno de los hombres más poderosos y ricos de la televisión: David E.. Kelley, el productor y creador de Chicago Hope y Ally McBeal. Tiene una hija adoptiva, Claudia, de 7 años, y un hijo con Kelley, John, de 6. Ha jugado la partida, ha ganado, ha cosechado la recompensa. Y hay que decir que el nivel de sus actuaciones nunca ha descendido a la altura del mal material que ha elegido.
"Para mí ha sido una aventura, ya que me sacó de mi propia realidad -reflexiona Michelle-. No conocía a nadie en el negocio del espectáculo, jamás había conocido a un actor. Cuando salí de la escuela superior, me sentí atraída por las artes, pero sin ningún centro. Trabajaba en un supermercado, no la pasaba bien. Pensé: Esta es mi vida... y la detesto. ¿Qué puedo hacer? Se me ocurrió probar con la actuación, y eso fue lo que hice. Es increíble."
También pudo explotar su asombrosa belleza, ganando un concurso de belleza, y así logró hacer su debut cinematográfico en 1980, en una comedia llamada Los caballeros de Hollywood. Ganó lo suficiente para sobrevivir. También pudo sobrevivir a la ignominia de Grease 2 en 1982, y en 1983 interpretó a la muñeca de la mafia junto a Al Pacino, en Scarface, un rol que le permitió dejar en claro que además de belleza también tenía talento.
Ahora ha llegado a un punto crucial de su carrera. Está en una edad peligrosa para las mujeres en Hollywood, una edad en la que escasean los roles protagónicos. De modo que el reciente éxito de What Lies Beneath es un doble triunfo, que le abre camino a una etapa más madura de la mejor manera.
"Hollywood es muy duro con las actrices maduras -observa. Y mucho más piadoso con los hombres de edad."
En el film, aparece como una cuarentona sometida a gran tensión, temerosa del futuro. Pero en la entrevista se la ve mucho más joven y bonita, con el cabello rubio cayéndole libremente sobre los hombros, y un mínimo de maquillaje. Su ojos celestes son cálidos y notables, aunque estén ocultos tras unos anteojos con cristales sorprendentemente gruesos. "Estoy pensando en someterme a una operación con láser en los ojos -añade con calma, quitándose los lentes mientras lo dice-. En los últimos cinco años mi visión ha disminuido mucho, y ahora necesito lentes permanentes. No uso lentes de contacto. Antes, solía usarlos en privado, para leer, pero ahora ya no."
Kelley, su esposo, tiene 45 años. Se conocieron siete años atrás en una cena en casa de amigos, y prefiere una vida aún más tranquila que su famosa esposa. "Todavía nos citamos en el cine, con nuestro popcorn -dice Pfeiffer-. A ninguno le gusta una vida de fiestas y premières."
La actriz admira el talento como guionista de Kelley, especialmente en Ally McBeal. "Es muy rápido y tiene gran talento. Se va a un rincón y empieza a escribir en un cuaderno, a cualquier hora y en cualquier lugar. Yo adoro la serie. Me enojo cuando repiten algún capítulo, y le digo: Ya mismo debes escribir más."
"¿La impetuosa y a veces torpe Ally, que se enamora y desenamora caprichosamente, ha sido basada en la propia Pfeiffer, como se dice?" La actriz no es demasiado precisa. "En ese personaje hay cosas de todas las mujeres", contesta, pero no añade nada más. "¿Ve mucho a Callista Flockhart?" La pregunta puede ser molesta, ya que Kelley fue acusado, recientemente, de tener una relación con ella.
"No mucho -responde Miche-lle-. La vemos en ciertos acon-tecimientos, pero no demasiado."
Pero resulta que no le molesta contar lo ocurrido, e incluso está ansiosa por aclarar el episodio. "Todo empezó con un artículo de un diario de Chicago. Y un periodista local, Sam Rubin, que tiene un programa en la radio y la televisión en la ciudad donde vivimos, difundió que David Kelley había dejado a Michelle Pfeiffer por Callista Flockhart. David se enfureció, y yo también. Ya se habían dicho otras mentiras sobre mí antes. Pero esto pasó la raya porque se trataba de nuestra comunidad. Mis hijos van a la escuela aquí, los maestros se enteraron, los amigos y los padres de los amigos. De todos modos, Rubin difundió una desmentida por televisión, y debo decir que su disculpa fue muy satisfactoria."
Y tampoco ella elude una disculpa: "A todos los que esperaron más de mí, quiero decirles que lo lamento. Si hubiera elegido mejor las películas que hice, tal vez estaría actualmente en mejor posición. Pero me gustan los roles de carácter, pequeños e íntimos. Por alguna razón, es lo que consigo", dice encogiéndose de hombros y sonriente.
Termina su brindis con agua mineral, y con gesto desafiante se calza los anteojos antes de marcharse. A pesar de todo, no hay dudas de que Michelle Pfeiffer ve la vida con toda claridad.






