
En un año fuertemente marcado por las elecciones legislativas, acá te traemos alguno de los jóvenes que vienen a renovar la política argentina
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¿Cómo era tu casa?
Nací en Córdoba y viví en Paraná y en La Rioja, hasta que nos vinimos a Buenos Aires cuando tenía 13 años, en 1994. Viajábamos porque mi viejo laburaba en planes de vivienda. Él es arquitecto y tuvo su militancia en los setenta, en la facultad, pero era el más intelectual, más del discurso. Cuando vivíamos en La Rioja, mi mamá era delegada de ATE en Salud Pública y luchaba contra las privatizaciones de Menem. Me acuerdo de los gases y la represión en la Plaza 25 de Mayo en mi primera marcha. Después, mi mami en el almuerzo nos contaba lo que estaba pasando. Y también me acuerdo de que el Panchito, mi hermano, cuando empezó a hablar, y en la esquina estaban privatizando el IPOS, la obra social provincial, cantaba "el IPOS no se va, el IPOS no se va", como otros chicos hoy cantarían "El sapo Pepe" (risas).
¿Cuándo te empezó a interesar la política?
Cuando vine a Buenos Aires tenía el prototipo del porteño sobrador, pero eso fue cambiando cuando entré al secundario y empecé a conocer gente, a abrirme con la militancia y con las lecturas. A los 15 años, ya había leído las Obras Completas del Che y mucha literatura latinoamericana. Después estudié Letras en la UBA. Pero duré poco porque en un momento, a fines de 2000, 2001, había mucha hambre, mucha desesperación. Y yo no podía seguir en la facultad hablando de Derrida tranquila, con tanta gente que necesitaba comer afuera. Era una gran contradicción, así que tomé una decisión bien consciente: dejé la facultad y me metí de lleno a militar y laburar. Y no me arrepentí nunca, porque es enorme lo que aprendí de militar y de los compañeros. Trabajé primero en una ONG por los derechos sexuales y reproductivos. Después, en una organización contra el libre comercio, donde trabajamos mucho con sindicatos y movimientos campesinos.
¿Cuándo fue la primera vez que hiciste política?
En 1998 mientras cursaba la secundaria, hacíamos apoyo escolar en Las Tunas, un barrio muy humilde de Tigre. Luego con un grupo empezamos a militar en Malón, en el Movimiento Patriótico 20 de Diciembre; después nos sumamos al MTD Evita, que se convirtió en el Movimiento Evita, y aquí estoy todavía. Cuando Emilio (Pérsico, su pareja) asume como vicejefe de Gabinete de Felipe Solá, hace como ocho años, fui a trabajar a La Plata. Después, en San Fernando, fui directora de Inclusión Social. Más adelante, directora provincial de Participación Ciudadana y, desde 2011, diputada provincial.
¿Quiénes son tus referentes políticos?
Cuando empecé era una enamorada del Che Guevara, de la revolución cubana, de los guerrilleros de los setenta, de quienes combatían la dictadura. Y mis referentes de hoy son los pibes del Movimiento Evita. En cada barrio tenés cuadros que te morís de amor, del compromiso que tienen, las pilas que ponen. Compañeros que vienen de la militancia, de las luchas piqueteras, y chicos nuevos que se sumaron con el kirchnerismo. Todos tenemos contradicciones humanas y políticas, pero todos tenemos voluntad de construir. Todos ellos me matan de orgullo y de amor, y son muchos, en muchas partes del país. También admiro a miles de cooperativas, hacen un trabajo importantísimo.
Si hoy fueras presidente, ¿cuáles serían tus prioridades para la Argentina?
La economía popular y el trabajo. Ahí está lo más importante. Todavía hay muchos trabajadores en negro, con desigualdades sociales y gremiales respecto de los trabajadores en blanco. Con los avances tecnológicos, el capitalismo se va sacando de encima el tema de los trabajadores, y no hay manera de que haya pleno empleo. Entonces, el Estado tiene que invertir y generar marcos regulatorios para cooperativas y espacios de trabajo colectivos de campesinos, changarines, pescadores, pequeños comerciantes y cientos de sectores más.
¿Qué otros temas quisieras que estén planteados en la agenda política?
Todavía hay que hacer mucho por desmonopolizar cadenas de producción que están en manos de empresas extranjeras. Y eso también se solucionaría si se desarrollara esta otra economía. Es muy difícil, porque es romper con corporaciones económicas, construir estructuras para organizar el laburo y generar derechos de los trabajadores. Por suerte, eso se está empezando a recuperar. Todo esto que te digo no lo podríamos estar pensando sin los diez años de kirchnerismo, de crecimiento e inclusión social. Después, hay un mundo que reproduce la agenda mediática, cosas que se instalan sobre todo en campaña electoral, porque alguien dice algo sobre la inseguridad, por ejemplo sobre bajar la edad de imputabilidad a los menores. Y nadie mira que ya hay leyes, que los menores en Buenos Aires ya son punibles desde los 16 años. Entonces, todos nos ponemos a discutir sobre cosas que ya están y nos olvidamos de los ni-ni, de esos pibes que ni estudian ni trabajan, que están en la esquina tomando birra, y esos sí necesitan una solución, estar en la agenda.
¿Y qué te enoja cuando hacés política?
Me enojan los que ven la política como una carrera, para que crezca tu bolsillo o para hacer una carrera individual. La mayoría de los dirigentes que ves en la televisión son así. Pero la política es para los demás.
Es como dice Evo: si no servís para servir a los demás, no servís para nada. También les hacen mal a la política los grupos económicos concentrados. Que no haya participación le hace mal a la política. Pero por suerte ahora no pasa, porque hay mucha participación en todos lados. Y en la Cámara (de Diputados de la provincia de Buenos Aires) me enoja que se hable mucho para la tribuna, se discursea, se dice una cosa y se hace otra. A veces, pienso que cualquier reunión en un barrio es muchísimo más interesante. En la Cámara se dicen muchas pavadas, y me aburre, me saco.
¿Trabajás, militás? ¿Cuánto de cada cosa en tu vida?
Política todo el día. Voy mucho a la Cámara de Diputados en la semana. Si no es por la sesión, voy por las comisiones: presido la comisión de Niñez y estoy en la de Asuntos Cooperativos, en Políticas Sociales y en Tierras. También estoy en los locales del Evita en San Fernando y soy parte de la mesa de conducción en la provincia de Buenos Aires. Lo que sí hago es cocinar mucho y el Emilio también. A los dos nos encanta cocinar con lo que hay, somos muy creativos. Y cuando me queda un minuto estoy con mi bebé, lo disfruto a morir. Va conmigo a todas las sesiones y la pasa genial, recibe mimos de todos los compañeros.
¿Qué medios consumís?
De todo, leo todo: Clarín, La Nación, Perfil, Página/12, Tiempo Argentino, Crónica, Diario Popular. Lo que más me cuesta es leer mi Facebook, tendría que estar más al día. Pero después leo todos los diarios, camino a La Plata cuando voy a trabajar. Y escucho mucha radio, desde Radio Nacional y Víctor Hugo hasta los más gorilas. Escucho todo, Mitre, Radio 10, hasta donde aguanto. Tengo la teoría de que hay que saber lo que dicen todos. Hasta que me da acidez y cambio (risas).

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