
Mito
Con sus verdades y fantasías simbólicas dan cuenta de quiénes somos
1 minuto de lectura'
Hablar de mitos no es más que hablar de nuestras creencias. ¿Qué habremos ido aceptando y determinando con el tiempo, al punto de convertirlo en una verdad (o, al menos, haberlo sometido a la duda de lo posible)?
Los mitos (con sus verdades y fantasías simbólicas) dan cuenta de quiénes somos, de cómo sentimos o pensamos, de qué mirada tenemos del otro y del mundo.
Los mitos hablan de nuestras virtudes y también de nuestras miserias emocionales.
En cada una de nuestras creaciones (constructivas/positivas o no) quedan de manifiesto nuestra creatividad, curiosidad, amor por el conocimiento. También puede entreverarse la inseguridad, el miedo y la intención (destructiva/negativa) para construir algo que no es pero que puede llegar a serlo, y trascender en el tiempo como verídico (o condenado a la duda).
Somos lo que creemos, lo que hemos aprendido, a lo que le hemos dado crédito.
Los mitos han ganado un poder extraordinario desde el comienzo del mundo de las ideas. Ya desde la antigua Grecia se han encargado de competir con los postulados científicos y filosóficos. Su impacto (no sólo literario) ha sido tal que, al día de hoy, seguimos leyéndolos e, incluso, estudiándolos en la escuela.
Se cree que los mitos tienen tres funciones fundamentales: explicativa, de significado, pragmática. En ese orden:
1.- Explican el origen y la causa de algún aspecto de la vida social.
2.- No sólo justifican, sino que otorgan significado.
3.- Son la base de ciertas estructuras sociales; determinan orden, poder y linaje.
¿Qué habremos ido aceptando y determinando con el tiempo, al punto de haberlo convertido en una verdad?
Así como aprendemos, muchas veces es necesario desaprender, desapegarnos, terminar con ciertos mitos o, al menos, cuestionarlos, como intentamos hacerlo hoy.







