
Morse y el heredero
De todos los policías de la ficción, incluyendo a Maigret, Poirot, Columbo y el más reciente aunque ya clásico Wallander de Henning Mankell, ninguno ha despertado la devoción sostenida que públicos de todas partes sienten por el inspector Morse.
Morse, a secas, como le gusta que lo llamen, es el inspector en jefe de la ciudad de Oxford, en Inglaterra, y muchos de sus casos están vinculados con los claustros universitarios a los que él mismo asistió. Morse (cuando le preguntan su nombre de pila él dice “Inspector”) es un hombre puntilloso con las palabras y suele corregir los errores que comete su ayudante, el leal sargento Lewis. Su hobby, de hecho, son los crucigramas, por ejemplo los del diario Times, que se jacta de completar en no más de siete minutos. Colin Dexter, el autor de los libros originales, bautizó a su personaje en homenaje a Sir Jeremy Morse, un viejo rival suyo y un campeón para resolver crucigramas crípticos.
Morse es culto, ama la ópera y cita a Virgilio con toda naturalidad. Como la mayoría de los detectives de la ficción es un hombre solitario y un gran bebedor, de los que no observan particularmente la norma de abstenerse cuando están de servicio. Suele estar malhumorado, pero es una persona paciente y mira tranquilamente cinco segundos antes de contestar una impertinencia. Se enamora a cada rato y siempre de mujeres muy interesantes, médicas forenses o cantantes líricas, pero estos amores rara vez prosperan. Fuera de Wagner y las tupidas cervezas que en las tabernas le hace pagar al pobre Lewis, lo que más ama Morse es su auto, un Jaguar Mark II de color rojo oscuro, que una encuesta reciente proclamó como el favorito del público, por encima de cualquiera de los Aston Martin de James Bond.
El programa de televisión consta solamente de treinta y tres capítulos que se emitieron por primera vez entre 1987 y 2000. Cada episodio dura dos horas de exquisita factura, con diálogos de fino humor, claves eruditas y música del renacimiento. Desde que se conoció, Inspector Morse despertó en el público una adhesión rayana en la manía, con especialistas y debates, foros y monografías. Algunos de los capítulos fueron escritos y dirigidos por cineastas de la estatura de Anthony Minguella (El paciente inglés) y Danny Boyle (Trainspotting). El mismo Colin Dexter suele aparecer en ocasiones como extra.
Inspector Morse terminó por la razón de mayor fuerza que existe: el actor que lo representaba, John Thaw, murió el 21 de febrero de 2002, a los sesenta años. Morse muere también en el último, desgarrador capítulo El día del arrepentimiento. Y cuando se ven ahora, en las repeticiones, los últimos padecimientos que el cáncer le provocaba a Morse, no se puede recurrir al consuelo de la ficción: el mal era verdadero.
Cada tanto una señal de cable como Film&Arts proyecta otra vez toda la serie, como ahora mismo, para felicidad de un incalculable universo de devotos. Y una buena noticia. A diferencia de otros héroes, Morse tiene un heredero. El sargento Lewis (Kevin Whately), ahora convenientemente solo después de haber perdido a su familia en un accidente, fue ascendido y ocupa en Oxford el lugar del inspector en jefe, como su antiguo mentor. Lewis, así se llama la nueva serie, tiene a su vez su propio sargento ayudante, Hathaway, un joven estudioso y austero que, en delicada simetría, mira a su jefe con perpleja admiración. Todo indica que Hathaway nos va a dar muchas satisfacciones.
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La autora, española, es periodista y escritora







