
Mujeres en Turquía: entre dos mundos
Con una tradición musulmana detrás, y mientras su país negocia con Bruselas la integración a la Unión Europea, las turcas luchan por equiparar su derechos con los hombres sin que eso implique necesariamente abandonar su cultura
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ESTAMBUL, Turquía.– "Tengo derecho a mi propia imagen. Cubro mi cuerpo porque es decisión mía; así como ustedes se cuelgan una cruz, yo me pongo un velo." Esra Kara tiene 20 años y estudia matemáticas en la Universidad de Ankara. Cuando entra en la facultad tiene que sacarse el pañuelo, como establece la ley. Viste un chador de colores llamativos, y cuando se prepara para rezar los 99 nombres de Alá con el masbahah (rosario musulmán) se descubre en su muñeca una pulsera amarilla de plástico con una leyenda: "Good life".
Ürun Dirier viste falda hasta las rodillas, zapatillas y camiseta ajustada sin mangas. Tiene 25 años y trabaja en un periódico de Estambul: "La fe no se mide por la forma de vestir; está en el corazón", proclama. De paseo por el barrio comercial de Taksim, va tomada del brazo de su mejor amiga, Hale Kaplan, de traje azul y blanco y con un moderno pañuelo haciendo juego. Se conocieron en el diario local en el que ambas trabajan, y en sus ratos libres se van de compras, toman un chai (té turco) o concurren juntas al centro de belleza del barrio.
La prohibición de usar el velo en los edificios públicos causa una dicotomía social que se comenta en voz alta, sin tabúes. Hace algunos años nació el feminismo islámico, un movimiento que en otros países musulmanes reclama la igualdad de derechos entre hombres y mujeres a partir de una lectura renovada del Corán. Pero aquí, en Turquía –un país constitucionalmente laico–, además exige poder usar el velo en la universidad, en el colegio y en las instituciones públicas.
El hecho de que desde Bruselas se haya dado luz verde a las negociaciones con Turquía para su adhesión a la Unión Europea se debe en gran parte al éxito de los movimientos feministas. Las numerosas organizaciones no gubernamentales y civiles que defienden y asesoran a las mujeres cuyos derechos humanos son violados, durante los últimos años han llevado a cabo una lucha intensa que ahora recoge sus frutos. Bajo la presión de Bruselas, el gobierno turco ha modificado algunas de las leyes. El 2 de junio del año último se aprobó el nuevo código penal, la primera gran reforma en favor de los derechos de la mujer desde 1920.
Entre otras cosas, se instaura como delito la discriminación de género, se castiga la violación dentro del matrimonio, y aumentan las penas por violencia doméstica y para los miembros de una familia que maten o que alienten a otro miembro a matar a la mujer que "pone en juego" el honor familiar. Para eso, alcanza con el adulterio o simplemente con mirar a otro hombre en la calle.
Aunque haya sido una gran reforma, hay varias cosas que aún resta completar respecto del tema. La reglamentación acerca de los tests de virginidad no es del todo clara; antes, el padre o el director de escuela podían pedir ese examen para su hija o alumna; actualmente deben hacerlo por intermedio de un juez. Esta es una de las cuestiones en las que no se alcanzó un acuerdo dentro de las negociaciones entre las organizaciones feministas, que pedían la abolición de la norma, y el Parlamento turco.
La implementación de este nuevo código tomará su tiempo, y no llegará de la misma forma a los sectores del Este, zonas rurales y pobres con altas tasas de analfabetismo femenino, y los del Oeste, con ciudades industriales y modernas.
El cambio ahora garantiza los derechos fundamentales, al menos en teoría, y la igualdad de sexos. Si por algo agrada a las turcas la idea de entrar en el selecto club de los veinticinco es porque, como se repite desde Mor Cati –una organización de Estambul–, entrar en Europa ayudará a que las nuevas leyes se cumplan.
Una de sus promotoras, Zelal Yalcin, tiene 25 años y es una reconocida agnóstica. Su madre –kurda– y su padre –turco– respetan que ella viva en pareja, y eso que lleva siete años con un hombre sin casamiento de por medio. Es licenciada en estadística y militante del partido socialista ODP (Partido de la Solidaridad y la Libertad). A Zelal le gusta salir por las noches, fumar y beber cerveza con sus amigas, y bailar.
Algunos sectores de la sociedad turca, de por sí patriarcal, se resisten a la modernización. Todavía hoy, muchas mujeres se ven obligadas a cubrirse de pies a cabeza con ropas holgadas para pasar inadvertidas, en un segundo plano, invisibles. Una mujer con abayah negro (indumentaria parecida a una sábana que cubre el cuerpo entero) entra en una escuela de tejedoras de San Iurfa, en el Kurdistán turco. Es un día de verano y aquí, en esta época, hace más de cuarenta grados.
"Tú naciste así y yo nací así", responde ofendida cuando le cuestionan sus ropajes. Pero entra por la puerta, se quita el atuendo negro –en el local todas son mujeres– y se queda vestida como la mayoría de sus conciudadanas, con una camiseta de manga larga, una falda ancha hasta los pies y un pañuelo que le cubre la cabeza.
En Occidente, el velo a menudo provoca indignación por representar un símbolo de retraso de los países musulmanes y de una sociedad que oprime a la mujer. Se tiende a creer por norma general que la occidentalización es la única solución para el respeto a los derechos humanos y a la igualdad de género. Para muchos, en cambio, una relectura del los textos sagrados podría cuestionar dicha concepción de supremacía del hombre respecto de la mujer, dado que las enseñanzas coránicas reflejarían la justicia y la bondad de Alá hacia ellas.
Pero mientras no se produce esta reflexión y los cambios recientes de la ley no se aplican a fondo, se siguen cometiendo violaciones de los derechos fundamentales de la mujer y crímenes en nombre del honor.
Melek Cinar, una mujer de 47 años, dice: "Mis vecinos decían cuánto debía de quererme mi marido por haberme disparado". Luego de dos años de postración y quince operaciones, recuperó parcialmente la movilidad. Su marido había intentado asesinarla para "limpiar su honor" en la comunidad cuando ella lo dejó. Melek estaba embarazada y, tras los golpes de su marido, perdió a sus dos bebés.
Nebahat Akkoc, una líder social, afirma que con las reformas habrá menos crímenes de honor. "Dejarán de ser tabú; la ley necesita tiempo", asegura. Pero las cosas están cambiando: en el último año hubo cinco casos conocidos, y los culpables han sido condenados a cadena perpetua.
Tierra de grandes imperios
- Actualmente con casi 70 millones de habitantes, la República de Turquía nació con ese nombre en 1923, durante la presidencia de Atatürk (Mustafá Kemal), que liberó al país de los británicos y los griegos e introdujo reformas para modernizar y secularizar el Estado.
- Situada entre Asia y Europa, sobre su superficie se han extendido grandes imperios. Entre ellos, el Romano, el Bizantino y el Otomano. Ankara es su capital, y conviven en el país la cultura islámica con rasgos de occidentalización.






