
Necesitamos aprender a comer, otra vez
Nuestra relación con la comida tiene tanta historia como nosotros mismos. Somos lo que comemos. Recién cuando el hombre logró dominar el fuego, la ingesta de alimentos cocidos permitió que su mandíbula disminuyera de tamaño, la lengua se volvió más flexible y se produjeron cambios en la laringe. Su cerebro tuvo más espacio para desarrollarse y la capacidad de modular expresiones básicas mejoró. Fue el principio de todo: pudimos empezar a pensar y a hablar. La comida es, ante todo, energía. Hoy, nuestra vida cotidiana, mucho más sedentaria que la de nuestros antepasados, requiere bastante menos energía. Uno de los grandes desafíos del ser humano actual es aprender a comer. Otra vez.
Hoy existen evidencias contundentes de que nuestra relación con los alimentos está en el centro de la agenda. Le expectativa promedio de vida al nacer en un país desarrollado, a principios del siglo XX, era de 40 años. Hoy es de 80 años. En un siglo nos ganamos "una vida". Somos conscientes de que tenemos que desarrollar nuevas habilidades para poder vivirla con cierta dignidad. La medicina ha evolucionado desde solucionar los problemas de salud hasta prevenirlos. Comer bien es la mejor prevención. Lo que allá por los 80 comenzó como la "cultura diet" fue ganando densidad. Pasamos luego a la "cultura light" y hoy el paradigma se ha modificado: la idea dominante en nutrición es la de la "vida sana". Mientras que nuestro primer abordaje se centró en la "restricción", hoy se trabaja en el "equilibrio". No se trata de "no comer", sino de "saber comer".
La dieta de los argentinos lentamente comienza a cambiar. En las empresas, en las cadenas de fast food, y hasta en la calle, las frutas están desembarcando. El consumo de agua y de yogur ha tenido un crecimiento exponencial en la última década. Las porciones se van reduciendo. Las verduras van ganando terreno. La lógica de "lo prohibido" le va dejando lugar a la del consumo "moderado". Adicionalmente, los runners cruzan las ciudades a toda hora. En las plazas se instalan elementos que las transforman en gimnasios al aire libre. Se promueve desde el Estado el uso de la bicicleta. Son destellos incipientes.
Los cambios de hábitos, al igual que tantas otras tendencias, se dan más lento de lo que parece. Son más progresivos que disruptivos. Nos queda mucho por aprender. Y en ese camino, será clave empezar, como corresponde, por el principio. Es decir, el desayuno.







