“No es porno, es contenido”: a 10 años de su creación, OnlyFans es protagonista de ambiciosas series
La plataforma de pago por contenidos sexuales vuelve al ‘mainstream’, ajena a las críticas de blanqueamiento de la prostitución, en series como “Euphoria” e “Industry” cuando se cumplen 10 años de su creación
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Cassie está desesperada porque su futuro marido Nate no quiere gastar 50.000 dólares en las flores para su boda soñada. Así que el personaje que interpreta Sydney Sweeney en la última temporada de Euphoria decide cambiar Instagram por OnlyFans para costearse el capricho. Está tan convencida de que lo que publica es solo material para redes —contenido, en la jerga actual— que le enseña con naturalidad alguna de sus fotos vestida como un bebé o un perrito en cuatro patas a una de sus amigas. “¿Eso no es porno?”, le responde esta. “Yo pensaba lo mismo, pero he leído sobre el tema y hay un gran malentendido. La plataforma se usa para comunicarse… y yo seré quien esté al mando”, contrargumenta Cassie. Ella será su propia jefa, como lo cree ser el personaje de Sweetpea Golightly en la tercera temporada de Industry, cliché de la generación Z que recurre a este sistema para comprarse ropa cara, mientras hace prácticas en un banco de inversión. El mismo argumento supuestamente empoderador utiliza la actriz Elle Fanning en su papel en Margo tiene problemas de dinero cuando su carrera universitaria se trunca al quedarse embarazada de un profesor. “No es solo porno”, le dice una compañera para terminar de reforzar su convicción de que dadas estas circunstancias —la maternidad temprana y no planeada— no hay alternativa a OnlyFans.
Estos tres personajes femeninos son el ejemplo más reciente de cómo el sistema de pago de contenidos sexuales bajo suscripción, creado hace 10 años, ha vuelto a la cultura popular a través de la cadena de transmisión con los resultados más efectivos: las plataformas de streaming. La cuarta vida de Blanca Cuervo, de la autora Alba Quintas, último premio SM de literatura infantil y juvenil, idea un trasunto de OnlyFans que llama La Trastienda, un lugar al que la protagonista llega empujada por la precariedad donde, como explicó la reina Letizia en la entrega del galardón, se desdibujan los límites del consentimiento.

El tema ha captado la atención también de Pedro Almodóvar que, como, ha explicado en varias entrevistas, cree que podría ser una buena vía para conectar personajes en una de sus futuras historias.
Ya antes, OnlyFans había aparecido en canciones, películas y libros en un patrón del tiempo circular por el que siempre vuelven tendencias y traumas. La plataforma llegó a su pico de reconocimiento durante el confinamiento. Encerradas en casa, parecía que ante la perspectiva de suspensiones o despidos, se convertía en una opción ante la crisis pandémica. Esta idea fue impulsada por estrellas globales como Beyoncé y Megan Thee Stallion, que en 2020 publicaron Savage, en la que citaban esta web. El tráfico hacia la plataforma aumentó un 15%, lo que supuso unos 200.000 nuevos usuarios, según confirmó entonces el CEO de la empresa, que además invitó a la cantante a abrir su propio canal. “Beyoncé, y cualquier artista, son bienvenidos a unirse a OnlyFans en cualquier momento para fomentar una conexión más profunda con sus fans”, dijo la plataforma en un comunicado.
Cardi B les tomó la palabra y ese mismo año de la pandemia estrenó WAP y se abrió un canal en OnlyFans que, en su cuenta de Instagram, definió como un espacio para ella y sus fans, donde, decía, iba a compartir contenido de su “día a día”, pero no iba a mostrar “ni tetas, ni culo, ni coño [sic]”.
“Las grandes empresas gastan muchos millones de dólares en producir narrativas y representaciones legitimadoras de aquello que quieren vender y esto ocurre con OnlyFans”, plantea Rosa Cobo, profesora de Sociología en la Universidad de A Coruña y experta en pornografía. “Hay un intento de construir un relato casi romántico sobre este servicio y se canaliza a través de la cultura popular”, añade. Jorge Dioni, periodista y autor de libros como Pornocracia (Arpa, 2025), recuerda el éxito de la película Anora. “Ganó el Oscar una película que también romantizaba un poco la prostitución”, explica, “cuesta bastante salir de ahí, quizás es que a los varones les da mucho miedo estar de igual a igual con las mujeres. Entonces se van a usar todos los recursos posibles para que eso no suceda y perpetuar dinámicas de poder”.
Creadoras de contenido
La romantización se articula desde el lenguaje: estas mujeres se autodenominan creadoras de contenido, como pasa en las tres series citadas. Es decir, los términos prostitución y explotación sexual están prohibidos en la semántica OnlyFans. “Ser influencer es algo muy popular entre las jóvenes y por ahí el patriarcado ha encontrado una buena brecha para meter su contenido misógino”, explica Laura Barrios Oliver, presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes que entregó en 2024 un demoledor estudio sobre OnlyFans. “Se asemeja a la ficción de los youtubers, grabarte haciendo algo y convertirte en influencer, como una especie de sueño americano patriarcal”, añade Andrea García-Santesmases, antropóloga, actual profesora de la UNED, que acaba de publicar Un nuevo contrato sexual (Ariel, 2026). Si bien hay hombres que cuelgan sus vídeos en la plataforma, la aplastante mayoría del contenido creado procede de mujeres.

Cobo pertenece a esa parte del movimiento feminista que ha concluido que esta es una nueva modalidad de blanqueamiento de la prostitución y que, por tanto, no tiene nada de liberador para las mujeres. “En la realidad, OnlyFans está formado por un conjunto de mujeres jóvenes que trabajan el día entero en pisos subiendo contenido sexual, dirigidas por un denominado manager, algo más próximo a un proxeneta que a otra cosa, que es el que dirige esos productos que previamente han demandado los consumidores. Son ellos los que tienen la última palabra porque son los que pagan”, resume sobre el funcionamiento de esta plataforma con más de 300 millones de usuarios, o fans, según los datos de 2025 suministrados por la empresa.
En el otro lado están aquellos expertos que encuentran en esta nueva modalidad de pago lo que denominan “una revolución del trabajo sexual”; lo que se traduce, en su opinión, en la mayor agencia para que las mujeres dispongan de sus cuerpos como les dé la gana. A este argumento se aferra Cassie, por ejemplo, cuando su cuenta explota en popularidad y su fama se cimenta a través de apariciones en podcasts donde defiende que si ese trabajo lo hiciera un hombre no se le cuestionaría.
Inmunización
La polarización ha atravesado de tal manera este debate que OnlyFans, una década después, parece inmunizada a la crítica y la industria cultural se ha aprovechado de esa profilaxis para seguir explotando este fenómeno en sus tramas. “El sector lo presenta como un conjunto de mujeres que actúan como pequeñas autónomas y que, además, hacen algo que tiene un carácter empoderador para ellas. La pregunta es si la sexualización extrema y la conversión de los cuerpos de las mujeres en mercancías es un proceso liberador o es más de lo mismo, es decir, una servidumbre”, añade Cobo.
Barrios Oliver identifica lo que para ella es otro de los problemas: el público al que se dirigen estas producciones. “Son series que mayoritariamente ven las jóvenes, que somos las que más potencial tenemos dentro del servicio”, dice. En los últimos años, los espectadores de entre 18 y 34 años, sobre todo mujeres, son los que más suscripciones firman en las plataformas de streaming, que han encontrado en el young adult (género para jóvenes que vive un renacer) un filón.
Ellas son las que más ven, leen y escuchan este tipo de contenidos en los que prima el amor prohibido, el lujo, el misterio y por el que se cuelan este tipo de personajes y perfectamente armadas fantasías. Y ellas son también las que forman la legión de más de tres millones de personas que se registran para subir este tipo de contenidos a OnlyFans. “En esas tramas muchas veces no se explica que el contenido que suben esas mujeres se queda ahí, que el dinero que pueden llegar a ingresar al mes da, como mucho, para sobrevivir porque son solo unas pocas las que se hacen millonarias, mientras esclavizan su cuerpo con esa idea de ‘eres tu propia jefa”, continúa Barrios, que asume que muchas de estas jóvenes no encuentran tan atractivos los documentales que han denunciado la plataforma.
OnlyFans ha provocado, además, una paradoja al congregar en la misma intersección digital a las denominadas trad wives (mujeres tradicionales con valores conservadores) y una parte del feminismo. La confluencia se produce en la crítica a esta plataforma, pero con matices. “Las trad wives están consiguiendo canalizar un malestar con un mensaje que les dice a estas mujeres que, como defienden desde hace años, el trabajo no las iba a liberar, para así recuperar la ensoñación de volver a casa”, plantea García-Santesmases. Y añade: “No solo eso, recurren por ejemplo a las protagonistas de Euphoria para inculcar la idea de lo mal que han acabado esas mujeres representantes de lo woke. Han identificado un desengaño, una falta de referentes, y lo van a explotar”.
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