Nostalgia. ¿Te acordás cuando el chofer de colectivo daba el boleto?

Los espejos fileteados, banderines de fútbol y muñequitos colgantes eran características de la decoración.
Los espejos fileteados, banderines de fútbol y muñequitos colgantes eran características de la decoración. Fuente: Archivo
Dana Pascal
(0)
15 de mayo de 2019  

Los colectivos y el boleto, un manual de cultura pop para los millennials:

Durante la década del 70, tomaron protagonismo los emblemáticos Mercedes Benz con trompa delantera.
Durante la década del 70, tomaron protagonismo los emblemáticos Mercedes Benz con trompa delantera. Fuente: Archivo

Vanagloriado como invento argentino, el colectivo tal como lo conocemos nació en 1928, después de la desaparición del tranvía, cuando un grupo de taxistas decidió realizar un recorrido fijo anunciándolo con un cartel en la parte de adelante y permitiendo subir a más de un pasajero. Es parte de nuestra idiosincrasia y protagonista de diversas canciones populares, como entre otras la divertida "Candonga de los colectiveros", de Les Luthiers, o la mítica "El anillo del Capitán Beto", de Luis Alberto Spinetta, en su época de Invisible.

En febrero de 1870 se inauguraron los primeros servicios urbanos de tranvía en Buenos Aires. Eran a caballo y había dos líneas: el Tramway 11 de Septiembre, de los hermanos Méndez, y el Tramway Central, de Julio y Federico Lacroze. No daban boleto, había alcancías en las que los pasajeros dejaban su moneda (o chapitas, botones y etcéteras).

El boleto de talonario comenzó muy poco después y las nuevas empresas que se fueron creando durante los siguientes 25 años se sumaron con ese sistema. Mayormente se imprimían en imprentas de Europa, en papel barrilete, con diseños artesanales. A partir de la segunda década del Siglo XX se comenzaron a hacer los boletos en imprentas locales.

Fuente: Archivo

Un acompañante del chofer se humedecía los dedos con saliva para cortar el boleto. Después de la epidemia de fiebre amarilla, se optó, comenzando el Siglo XX, por usar máquinas especiales. Así, en 1906 nació el boleto de rollo, que dejaba asomar como una lengüeta que se apoyaba en una planchuela delgada de borde filoso para cortarlo.

El auxiliar del cochero, en los tranvías a caballo, se llamaba mayoral. Vendía boletos y ayudaba a la gente a subir. Con la electrificación, el cochero pasó a ser el chofer y el mayoral se transformó en el guarda, popularmente conocido como "el chancho", que subía rándom a ver si pescaba a alguien sin boleto y lo hacía bajar (o le cobraba una multa).

El colectivero te daba un boleto al subir. Mientras manejaba lo cortaba de una maquinita de metal. Eran de colores, pintorescos, y con número que, si salía capicúa, traía buena suerte.

A los boletos había que llevarlos durante todo el recorrido porque podía subir un inspector a controlar.
A los boletos había que llevarlos durante todo el recorrido porque podía subir un inspector a controlar. Fuente: Archivo

Había un juego entre las chicas con los números del boleto. Se sumaban en su totalidad hasta quedar en una o dos cifras. Y se buscaba con qué letra del abecedario coincidía ese número. Si era la inicial del chico que te gustaba, era buen augurio.

Los boletos tenían el tamaño ideal para ser usados como señaladores en una época en que aún nadie leía otra cosa que libros analógicos durante el viaje. Muchos quedaron entre esas páginas.

ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.