
¡Oh!, las paradojas
"Al principio creó Dios el cielo y la tierra", versículo tan potente que se bastó solo, y de un saque, para meternos en el universo
1 minuto de lectura'
La frase más curiosa que escuché esta semana es anónima y tiene un carácter perturbador que le agradezco. Con un desplante típico de graffiti la frase anuncia que "el futuro ya no es lo que era". Son tantas sus facetas que uno no sabe bien por dónde entrarle. Quiebra toda lógica, saca de quicio, suspende el juicio. Parece ebria, loca. Es, seguro, una clave. Como esa joya mínima (y a la vez máxima) de Mies Van de Rohe: "Menos es más".
La mitad de la sabiduría está en los cofres del refranero del mundo. La otra mitad se la reparten Shakespeare, Cervantes y, cómo no, la Biblia. A este libro madre lo abre una paradoja finísima: "Al principio creó Dios el cielo y la tierra", versículo tan potente que se bastó solo, y de un saque, para meternos en el universo. A través de esas nueve palabras, quedó dispuesto que la entera ingeniería de Dios nos había fijado un domicilio, la Tierra, y dado en gracia, o en desgracia, una especie.
Dice la leyenda que este misterio del arranque no dejaba dormir a Santo Tomás. A él, que había concluido arcos, columnas, ventanales, le faltaba sólo un dato para fijar la base de su catedral teológica. A la Summa le había quedado vacía la escena del primer ayer, aquella que explicara el mundo anterior a la Creación (algo así como la madre de todas las paradojas).
Dicen, y conmueve lo que dicen, que una noche, abrumado por la impotencia y en un arrebato de amorosa bronca, elevó la cabeza y mirando el cielo exclamó: "Pero Señor... ¿qué hacíais cuando no hacíais nada?" Al hacerlo, la paradoja más bella e irreverente de la historia rozaba lo sublime. Siempre que la recuerdo veo cruzar por la vereda de enfrente a Fernando Pessoa anunciando que "la religión es una teoría científica para que dure el universo". Pessoa, el que dijo: "Soy del tamaño de lo que veo".
Cada país posee el estilo paradójico que le toca por natura y por cultura. "Soldado que huye sirve para otra guerra", justifican los italianos. mientras los árabes afirman: "Saber olvidar es tener buena memoria". Esta es una paradoja en estado bruto. Caja china en donde el humor y la agudeza ocultan el sentido. ¿Lo tendrá? Daría esta columna por saberlo.
Ese agudísimo autor llamado Anónimo las ha inventado como nadie. Para decirnos: "En cien años, todos calvos", o "Uno es lo mismo, nunca igual", o "Todo hombre tiene la edad de la mujer que ama" o "Soy inmortal pues no tengo dónde caerme muerto".
De las individuales, brilla Quevedo definiendo el tiempo: "Ese enemigo que nos mata huyendo". Y a su persona: "En mi defensa, soy peligro sumo". En un podio (y todos con oro) son infaltables Lichtenberg, Wilde, Chesterton, Kafka, Borges. La paradoja es arte de muy amplio espectro. Arthur Miller confesó que todas sus obras se apoyaban en una, "porque sin paradoja no hay drama". Dio ejemplos: "En La muerte de un viajante un hombre cree en el sistema que lo está matando. En Las brujas de Salem, a un personaje se lo acusa de un crimen que no ha cometido cuando, en realidad, ha cometido otro".
Más que brillo súbito que asombra, alegra o retuerce el cuello al cisne de la razón, ella es una precisa y gozosa forma de vida que mueve a Woody Allen a exclamar: "Yo soy mi sobredosis" y a Vicente Huidobro a certificar que "Los cuatro puntos cardinales son tres: el norte y el sur". No es mero juego, sino la aventura de traspasar azogues para dejar al espejo detrás nuestro. Se trata de eludir la copia y tantear lo original. Y de estar atentos. Carson McCullers desnuda esta paradoja cuando apunta: "El acto de perderse a sí mismo las más de las veces pasa inadvertido, en tanto que no ocurre lo mismo con la pérdida de un reloj, un collar, cinco dólares o un zapato, valores infinitamente menores a uno mismo".
Vivimos en un mundo en el que la razón hace cabriolas para poder mantener la vertical del sentido. La paradoja es su cabriola de consuelo. Un antídoto contra la desolación. Como el himno de Schiller, ella va del dolor a la alegría. Anónima o no, siempre prójima, nos eleva y nos contiene. Y hasta llega a decirnos que es urgente esperar.
1
2Quiénes fueron las “royals” europeas que más gastaron en moda en 2025 y cuánto invirtió Máxima en su vestidor
3El accidente del vuelo 92: trece minutos en el aire, confusión en la cabina y una decisión fatal
4Descubren que fósiles catalogados como de mamut y hallados a 400 km de la costa en Alaska eran de una especie marina



