Oscar Fernández: "Ya me aburrí de cortar el pelo, cumplió un ciclo"
Hace 20 años está a la cabeza de Roho, la peluquería de los rockstars y las modelos; su vida cambió desde el ACV de Gustavo Cerati
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Cursó el primer cuatrimestre del CBC para la carrera de Psicología. Pero su obsesión por las cabezas no pasaba por los procesos mentales. Pronto se dio cuenta de que, en realidad, lo que más le importaba de esas cabezas eran los pelos. Oscar Fernández reconoce que, ya desde chico, siempre fue "insoportablemente inquieto a nivel estético". Hace 20 años compró la mitad de una peluquería de barrio en Caballito y la transformó en el centro de la modernidad: Roho. Allí se transformó en el señor manos de tijera del rock argentino. Y sus clientes, dice, también son amigos, como Gustavo Cerati, Babasónicos, Los Auténticos Decadentes, Peligrosos Gorriones, Juana La Loca, Miranda! y los Illya Kuryaki, entre una larga lista musical.
Con 40 años cumplidos y la mitad de su vida al frente de Roho, hoy confiesa: "Ya me aburrí de cortar el pelo, pero me sale tan bien que es difícil dejar de hacerlo".
-¿Llegó el momento de crisis? ¿Te afectaron los 40?
-¿Dicen que a los 40 te agarra la crisis, no? Puede ser. Hoy por hoy, la pelu es lo que menos me dan ganas de hacer. Y el otro día el psicólogo me dijo que cuando se cumplieran los 20 años de Roho, que faltan apenas unos meses, podría ser un buen momento para retirarme. Creo que ya cumplió un ciclo, me aburrió. Hay muchas otras inquietudes que me invaden y le están ganando al peluquero. ¡Ojo! A los músicos les quiero seguir cortando, porque ese costado también tiene que ver con la creación y el reconocimiento. Además, muchos son mis amigos, y si no les corto el pelo, me matan.
-¿Hacés terapia hace mucho?
-Sí. Yo crecí en una familia de clase media estándar, conservadora, que hacía mucho esfuerzo porque nosotros estudiáramos y demás. Y cuando mi papá muere, yo recién había terminado el secundario. Y de pronto estaba trabajando en la fábrica metalúrgica heredada de mi viejo, y me sentía mal, muy triste. Fue un primo más grande que yo, Carlos, a quien le debo mucho, el que me recomendó que fuera a ver a un psicólogo. Y me ayudó mucho. De hecho, fue el psicólogo el que me incentivó para que me anotara en una academia de peluquería.
-¿Tenías claro que querías ser peluquero?
-No, la pelu fue más bien un accidente. A mí me gustaba todo lo que tuviera que ver con la imagen, la moda, el diseño, el cine. Pero nunca tuve un incentivo artístico en mi casa, y por eso me costó mucho descubrirlo. Lo que me fascinaba de la peluquería, y eso es lo que le contaba al psicólogo a mis 18 años, era la posibilidad que te daba de transformar la vida de alguien por un instante. Llevarlos a un estado de fantasía momentáneo. Poder generar eso me conmovía. Como también me conmovía dirigir, o pensar ideas para tapas de discos, o diseñar indumentaria. Y, por suerte, todas esas cosas también las pude hacer.
-¿Te importa que tus hijos sí tengan ese impulso creativo que a vos te faltó?
-Absolutamente. Aitor tiene 15 años y Rona cumplió 10, y los dos están al mango con lo artístico. Además, a diferencia de lo que sucedía en mi casa, donde los asados eran con mis tíos y familiares, las reuniones en casa son con amigos, y la mayoría son músicos y artistas con los que tenemos ganas de intercambiar ideas. Todo ese caudal de información hace que sus cabecitas vayan asimilando. Rona estudia comedia musical y quiere ser actriz. Me pide todo el tiempo ir a la casa de Calu [por Calu Rivero, protagonista de las últimas campañas de Roho]. Y Aitor toca muy bien la batería y, por ahora, dice que quiere ser arquitecto.
-¿Tocás algún instrumento?
-Toco la guitarra. Pero tengo amigos músicos que son tan geniales que me da vergüenza tocar delante de ellos. Pasó muchas veces, por ejemplo, que Gustavo [Cerati] agarraba la guitarra y se ponía a tocar en casa. No me da para tocar con él, sería como una falta de respeto.
-¿Sos muy amigo de Gustavo Cerati? ¿Fuiste alguna vez a visitarlo luego del ACV que sufrió?
-Gustavo es una de las personas que más quiero en este mundo. Siempre me acompañó en cada uno de mis proyectos y me daba su consejo, su empujón artístico. Hasta cuando me separé estuve viviendo un tiempo en su casa. Como artista creo que es uno de los mejores del mundo, y como amigo también. Es un motor de energía, un ser de luz impresionante. Desde que pasó lo que pasó, mi vida ya no es la misma. Y pasado mañana [por hoy] voy a ir a visitarlo a la clínica. Y voy a leerle la nota. Siempre llevo algo para leerle.
-¿Te molesta que siempre te identifiquen como el peluquero de los rockstars ?
-Sí, un poco me hincha. En Roho también les cortamos el pelo a modelos, actrices, diseñadores. No sólo diseñamos los looks de los músicos de rock. Cortar el pelo es sólo una de las instancias de la factory Roho.
-¿Decís que Roho no es sólo una peluquería moderna?
-Roho no es una pelu. Te diría que más bien es un centro neurálgico de información donde convergen un montón de artistas y donde también suceden cosas. Cuando vas a Roho, estás escuchando la música que hay que escuchar, tomando el trago de moda, te estás enterando de lo último, de qué artista hay que ir a ver o qué fiesta se está organizando. La gente que viene a Roho se lleva siempre un bonus track de algo.
- ¿Cuántas veces por semana vas a la peluquería?
-Corto el pelo dos veces por semana, y la gente muchas veces se enoja porque se quiere cortar conmigo y están todos los turnos copados. Y dos veces al mes también tenemos reuniones de arte con todo el equipo que trabaja en la pelu. Yo siempre me tomé las cosas muy en serio. Y con la estética no se jode. En Roho no hacemos concesiones.
-¿A qué le decís que no definitivamente?
-Si un pibe viene y me pide reflejos, no lo hago. Hay cien peluquerías más. Yo utilizo mis dones en pos de embellecer [ se ríe ]. Cuando vos tenés algo que ya no se usa no queda bien, se ve ordinario. En Roho estamos en frecuencia directa con lo que pasa en el mundo. Y trato de que los peluqueros les expliquen eso a los clientes.
-¿Y en una mujer?
-Luchamos contra el pelo largo. No me vengan con el pelo por la cintura. ¿Qué es eso? No es sexy ni atrevido ni sensual. El pelo corto excita. Aunque con la moda soy corrupto. Si vuelve a usarse en un par de años, está bien. Pero ahora, definitivamente, no.
Los tragos son de NYC
En las comidas toma Coca-Cola light, pero de noche salen los tragos. Para Oscar Fernández, el punto de encuentro obligado es el bar NYC, en la esquina de Nicaragua y Arévalo, que tiene una estética muy similar a la peluquería. El barman ya sabe: uno de los preferidos es el Coco Rosso servido en copa de cóctel. ¿La receta? Jugo de limón, almíbar, dash de clara de huevo y Malibú.
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