
Otro modelo de domesticidad: las "amas de casa" se vuelven hipsters
Con la revalorización de un estilo de vida más relajado, sustentable y hogareño, estas mujeres se dedican a la crianza de sus hijos y a desarrollar proyectos profesionales independientes
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La nena a upa, con una mano revuelve la olla, con la otra sostiene el teléfono mientras habla con un cliente. Está en la cocina de su casa, un look canchero: unos jeans, una camisa o blusa bien femenina y unos tacos cómodos.
Ésa es la imagen del ama de casa moderna para Virginia Sar, fotógrafa, escritora, estilista de alimentos, bloguera (Divino Macarón), autora de dos libros y madre de Olivia, de cinco años. Una madre que disfruta, además, de preparar dulce casero y conservas, de amasar fideos cada vez que puede, y de elegir ella misma los productos que la familia va a consumir. Es también la imagen de ella misma, una mujer que reúne la condición de una profesional y, a su vez, una madre presente que lleva una vida con bases sentadas en lo casero y lo hogareño. Todo un esfuerzo diario que le genera, en definitiva, satisfacción. "Es todo lo contrario a ser una esclava de la casa -dice Virginia-. Es poder ser una madre presente durante la crianza y poder hacer muchas otras cosas, además de estar lindas", dice.
Esas mismas amigas que hace diez años le decían que estaba loca por ponerse a cocinar, ahora, de a poquito, también le fueron tomando el gusto, vieron que tenía su "onda", que si llevaban un budín casero a tal reunión seguramente los comentarios giraran un buen rato alrededor de ellas y del budín. Es que se puso de moda, pero también sobrevino a una revalorización de la crianza con apego y la vuelta a las labores domésticas y artesanales como algo canchero y sano. Madres que eligieron estar más presentes en la casa sin importar los títulos universitarios obtenidos ni los logros profesionales alcanzados.
Rompieron, en parte, con esa carga peyorativa sobre el estereotipo de ama de casa sin opción y abocada de lleno a las tareas del hogar. Y en eso ayudó que, a diferencia de aquella ama de casa de los 50 y 60, ahora se trata de una elección, a veces más meditada, a veces más intuitiva. Ya no se trata de la Betty Draper de Mad Men, esa mujer impecable, con los hijos perfectos, pero confinada al hogar y asfixiada por su propia insatisfacción.
Las tendencias y las modas ayudan, como esta bien anglosajona de la nueva domesticidad, una corriente que adhiere a un estilo de vida más lento, que repara en las cosas sencillas, en lo autosustentable y lo hogareño, en la cocina, la huerta y el tejido. Son las mamás hipsters, las crafty moms, palabra que en inglés engloba en su polisemia significados como "artesanal", "con inclinación por las manualidades", o "con pretensiones artísticas".
Nadia Rzonscinsky, de 38 años, es abogada y tiene dos nenas, una de once y otra de seis. Nunca llegó a ejercer. Trabajaba en una empresa y estudiaba de noche. Y cuando se le terminó la licencia de maternidad de la primera hija, se dio cuenta de que no estaba en condiciones de volver. Y tampoco lo quería. "Quise dedicarme a full a la crianza y se dio supernaturalmente -dice-. Creo que al principio las mujeres tuvieron que ser como los hombres, y como ahora ya se alcanzaron algunas metas, se trata de encontrar una identidad propia."
Esa identidad se forjó en ella siendo madre sí, pero también con Pequeños Papeles, su blog y emprendimiento. Siempre le había gustado el tema Utilísima. Su abuela le enseñó a tejer, había hecho cursos de decoración de tortas, pero cuando empezó la facultad, abandonó todo. Con la licencia de maternidad y ese tener que quedarse en casa se enganchó con blogs y descubrió una enorme comunidad de mujeres que hacían esas manualidades y labores hogareñas y artesanales desde un lugar diferente.
"Ya no era esa Boluda Total [por el personaje que hacía Fabio Alberti en Todo por dos pesos], tan arraigada a estas tareas. Esto no tenía esa cosa pacata, ese «hago esto porque no me queda otra opción». Lo hacían desde una elección, un disfrute y no por la obligación de estar en casa", sostiene.
Reconoce también que nunca se sintió cómoda con el mote de ama de casa. Cuando dejó de trabajar, contestar que era abogada implicaba, en cierto modo, una respuesta inexacta porque nunca había ejercido. Y esa incomodidad la empujó a hacer algo más, y que ese algo generara un ingreso. Así fue. Pero eso sí: aclara que ella pudo tomar esa decisión porque en ese momento el ingreso de su marido era el doble que el de ella. De otra forma, hubiera sido imposible.
A partir de una serie de publicaciones que aparecieron el año pasado, entre ellas el libro de la periodista Emilie Matchar Homeward Bound: why women are embracing the new domesticity (La vuelta a casa: por qué las mujeres están adoptando una nueva domesticidad), se puso en debate esta elección en pos de una vida más lenta, autosustentable y hogareña, y en detrimento o complementarias de sus carreras profesionales.
Y en ese ida y vuelta de opiniones, una ex alumna de Princeton escribió un artículo titulado "O alma máter", en el que expuso la decepción que le provocó una encuesta enviada por esa universidad a los ex alumnos, donde una sola pregunta le competía: ¿Tienes hijos? Las demás sólo se referían a logros profesionales o académicos, como si ella en la casa y con sus chicos no pudiese aplicar también esos conocimientos adquiridos. Ése, al menos, era su argumento.
Su caso no resultaba aislado: varias egresadas de prestigiosas universidades estadounidenses también habían decidido quedarse en casa después de obtener el título. Esta tendencia generó la disconformidad de distintas articulistas que plantearon que para quedarse en casa no era necesario tener un diploma universitario y, por el contrario, esto implicaba una oportunidad de educación universitaria desperdiciada que otra mujer podría haber aprovechado.
Patricia Debeljuh, directora del Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE Business School, insiste en desmitificar que las tareas domésticas sean sólo un tema de mujeres y aboga por una corriente de pensamiento que encabeza la ONG británica Home Renaissance Foundation, que busca revalorizar el trabajo del hogar tanto para ellas como para ellos. "Al haber vivido tan acelerados por el trabajo, el consumo y la búsqueda del bienestar, nos dimos cuenta como humanidad de que tenemos que cuidar la ecología humana. Y el hábitat natural donde nos desarrollamos es el hogar", dice Debeljuh.
Menciona dos signos de época que sirvieron de alerta: en Inglaterra, los arquitectos ya no estaban construyendo casas con cocina; en los Estados Unidos, la obesidad infantil mostraba la necesidad de volver a la comida casera.
Pero eso de que para las tareas domésticas no hace falta capacitarse quedó en el pasado. O por lo menos es a lo que aspira The Home Academy, la primera escuela de amas (y amos) de casa que abrió este año en España con el objetivo de aprender a gestionar el hogar con eficacia, disfrutarlo y beneficiarse de ello.
Marcela Jinete, del blog de decoración Marcelina, no se considera a sí misma un ama de casa, aunque sí una madre con un trabajo freelance que pasa el 70% del tiempo en su casa. Está convencida de que esos proyectos laborales son la clave para mantener un balance en su vida: cierta independencia e identidad, más allá de estar en casa. Para ella, la clave para que muchas mujeres tuvieran acceso a ese mundo de emprendimientos fue Internet, y Pinterest, su fuente de inspiración.
"El concepto de ama de casa perdió esa connotación de perfección, de tener que estar siempre espléndida, con la casa impoluta y los chicos listos. Ahora ser ama de casa habla más de una mujer que disfruta de sus hijos, de hacer las labores del hogar, y que hace lo que puede", dice.
A Soledad Salabrerri, ingeniera informática de 36 años, la decisión de ponerle un parate a su vida profesional y volcarse de lleno al cuidado de sus hijos le llegó con el nacimiento del quinto. "Lo que más me hacía ruido era no poder educarlos yo. Y no lo quería delegar", dice.
Acostumbrada al vértigo profesional, enseguida aparecieron tiempos libres y se puso a estudiar orientación familiar. La terminó y se enganchó con una asociación sin fines de lucro. Pero sabe que es un tema de etapas. Hoy se siente cómoda en su rol de madre y ama de casa, pero quién dice que en unos años se meta más a fondo con la orientación familiar o vuelva a su profesión. Será cuestión de, llegado el momento, simplemente elegirlo.






