
País de insomnes
Estrés, ansiedad, preocupaciones... y cuando llega la noche, estamos desvelados. Las estadísticas indican que el 70 por ciento de los habitantes de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires padece trastornos del sueño: o duerme poco, o poco y mal, o es insomne
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"El universo de esta noche tiene la vastedad del olvido y la precisión de la fiebre (...) En vano espero las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño" (Jorge L. Borges)
"Bueno, yo me llamo Nelly, y mi problema es que hace 44 años que no duermo..."
Veinte, tal vez veinticinco personas sentadas frente al escritorio que ocupa el doctor Eduardo Ruffa, uno de los asistentes de la doctora Margarita Blanco, jefa del Departamento Medicina del Sueño del Hospital Francés y directora médica del Club del Sueño, una institución sin fines de lucro auspiciada por la Fundación Alfredo Thomson, oyen en respetuoso silencio el comienzo de la historia de Nelly, de unos 60 años, cabellera entrecana y mirada dura. No hay cuchicheos, ni comentarios irónicos ni risas mal disimuladas. Nadie carraspea. Nadie resopla. Nadie mueve un dedo. Es que en medio de ese silencio como de misa, todos son Nelly.
–Perdón, Nelly, pero ¿qué es, para usted, no dormir? –pregunta el médico asistente.
–No dormir quiere decir eso, no dormir –contesta Nelly con voz suave pero firme, como si dijera ésa es mi penosa vida.
–Pero no es exactamente eso. Usted en algún momento duerme, aunque no se dé cuenta –le explica el doctor.
–No, no... No duermo. Yo sé lo que le digo –insiste, sin modificar el tono de voz.
–Es que nadie puede estar sin dormir. Ni 44 años, ni veinte, ni diez ni uno. Ni siquiera un mes. Nelly, le pido que me entienda: nadie puede estar despierto todo el tiempo –responde el médico con paciencia franciscana.
–Pero yo no tengo recuerdo de que haya dormido algo en todos estos años. Aunque voy a la cama y me acuesto, la idea que siempre me queda es que estuve todo el tiempo con los ojos abiertos. ¿Por qué no puede ser posible que no duerma, si no tengo registro de eso?
–Porque entonces, de ser como usted dice, hace rato que habría muerto.
–Y bueh... si usted lo dice...
Todos, aunque con relatos y experiencias diferentes, están ahí por lo mismo. El mal dormir, que los domina como una secta, los une como una cofradía. Viejos, jóvenes, desocupados, profesionales, obreros... Todos son Nelly. Todos suplican ayuda. Todos viven atrapados en sus "noches blancas", tal como alguna vez fue definido el insomnio por Emil Cioran (1911-1995), el filósofo rumano que conoció la pesadilla de la pertinaz vigilia casi desde su adolescencia y que lo acompañó hasta su muerte, circunstancia que, sin embargo, supo aprovechar para escribir sus mejores obras.
Todos son Nelly, pero ni ella ni sus veinte o veinticinco ocasionales socios en pena están solos en esta Argentina de sueño alterado (entre otras alteraciones), mal dormida (entre otros males) y, lo que es peor, aparentemente insomne. Hay más. Muchos más. Aproximadamente el 70 por ciento de los habitantes de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires padece trastornos del sueño: o duerme poco, o poco y mal, o es insomne. El dato lo proporcionó la Sociedad Latinoamericana del Sueño, luego de una encuesta realizada en el año 2000.
El sueño es un estado de suspensión de la conciencia durante el cual se produce la recuperación física del organismo, el corazón late más despacio, no hay cambios bruscos en la presión arterial, disminuye el flujo sanguíneo al cerebro y los órganos internos, y la respiración se hace más lenta. Dicho de otro modo: el buen dormir.
En 2002, el Club del Sueño encuestó a 1034 personas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires a las que se les preguntó cómo era su sueño seis meses antes y seis meses después de diciembre de 2001. El resultado fue que el 31 por ciento dijo que su sueño había empeorado, mientras que el 40 por ciento manifestó padecer somnolencia diurna excesiva, pero no la categorizó como una preocupación o un trastorno.
"Esto último –dice la doctora Blanco– es muy preocupante, puesto que la somnolencia altera, como usted sabe, el rendimiento físico e intelectual y aumenta el riesgo de accidentes. Estos datos hablan de una creciente situación de deterioro en la calidad de vida y en las pautas básicas de la salud de nuestra población. Los argentinos dormimos cada vez peor porque no categorizamos la importancia del sueño nocturno." El insomnio no es una enfermedad, sino un síntoma de algún problema psíquico o físico. El estudio de las alteraciones del sueño es una especialidad novedosa en el mundo, no tiene más de treinta años. En la Argentina se lo comenzó a investigar hacia 1980.
La "espera desesperada"
"Hay una gran cantidad de insomnes que realizan consultas médicas por esta cuestión –explica la doctora Blanco–. Probablemente el insomnio es, dentro de los trastornos del sueño, el que más angustia y miedo produce. El insomnio es una dificultad que tiene una parte importante de la población, pero hay otros problemas relacionados con el sueño. Entonces, ¿hablamos de un país con insomnio o de un país con dificultad para dormir? ¿Será que es insomnio o que se duerme mal?"
Son varias las causas relacionadas con el insomnio. Esta "espera desesperada", como alguna vez dijo Isidoro Blaisten, está asociada a un sinnúmero de factores: emocionales, afectivos, económicos, sociales, laborales y, en buena medida, a un hábito de vida –principalmente con las comidas– desordenado.
En 2002, la Sociedad Latinoamericana del Sueño elaboró otra encuesta simultánea en Buenos Aires, San Pablo y México DF, con el propósito de establecer el alcance del mal dormir en las poblaciones de las grandes ciudades. Dos tercios de las 1776 personas entrevistadas reconocieron haber experimentado algún tipo de alteración en el sueño en los últimos doce meses.
"Yo no voy a la cama pensando eso de que hoy seguro que no duermo –cuenta, en una de las reuniones del Club del Sueño, un hombre de unos 40 años que pidió reserva de su nombre–. Cuando voy a la cama, voy a la cama y listo. Lo que dejé de hacer es leer en la cama y escuchar radio. Trato de acostarme más temprano, tipo medianoche. Entonces, pongo el despertador y me acuesto. Pero el otro día comí pizza, y no pude cerrar los ojos. Otro día vino a casa un arquitecto amigo... comimos copiosamente... ¡Para qué! A la hora de dormir, empecé a dar vueltas y vueltas toda la noche... no encontraba una posición... me ponía de costado, boca abajo, boca arriba... ¡y mi señora al lado! Imagínese, una verdadera tortura para ella, pobre. Yo tengo varios problemas; como todo el mundo, bah. Tengo un hijo en España, otra hija separada que tiene una hija; tengo problemas económicos... tengo un juicio por medio millón de pesos; tengo problemas en la Universidad... Dígame, doctor: ¿quién puede dormir con tantas cosas en la cabeza?"
Una de las preguntas a responder es si las alteraciones del sueño o el insomnio mismo son un problema estructural de los argentinos o un fenómeno que se instaló con fuerza a partir de la crisis de 2001.
"No hay duda de que la crisis política de 2001 influyó enormemente en el deterioro de la calidad del sueño de los argentinos", asegura Daniel Cardinali, doctor en Ciencias Biológicas, profesor titular de Fisiología de la UBA e investigador superior del Conicet. "Todas las encuestas y estadísticas serias que se conocen confirman que la nuestra es una sociedad privada de sueño, y la crisis de 2001, así como otras anteriores, no hicieron más que generar manifestaciones de esta realidad. Eso se nota acabadamente en las encuestas realizadas antes y después de 2001."
La sociedad "24/7"
"La realidad es que vivimos en tres cuerpos diferentes: el cuerpo de la vigilia, el cuerpo de un tipo de sueño lento y el cuerpo de un tipo de sueño REM o rápido", explica Cardinali [REM: Rapid Eyes Movements, también conocido como MOR: Movimientos Oculares Rápidos].
"Digo esto porque se pueden describir tres constituciones corporales absolutamente distintas para cada uno de esos tres momentos, que no son menores en nuestras vidas. Hasta la década del 60, una persona de 76 años que dormía ocho horas diarias vivía 50 años en el cuerpo de la vigilia, 20 años en el cuerpo del sueño lento y 6 años en el cuerpo del sueño profundo. Hoy ya no es así, porque desde los años 60 hasta hoy hemos perdido dos horas diarias de sueño. Esta insuficiencia se debe a la propia evolución cultural del hombre. Esa evolución generó una mutación en nuestro medio ambiente: conformamos una sociedad permanentemente iluminada con luz artificial, permanentemente en funcionamiento y, gracias a la globalización, permanentemente conectada. Nos hemos convertido en una sociedad de 24 horas los 7 días a la semana (que así se denomina: 24/7), lo que conllevó modificaciones importantes en nuestra biología. El ser humano está biológicamente programado para dormir 8 horas diarias; sin embargo, en los últimos cuarenta años hemos perdido el 25 por ciento de esa capacidad, según indica un trabajo de investigación de la National Sleep Foundation, de Estados Unidos."
El último empleo registrado de José Francisco Flores de la O, de 42 años, fue en 1999, en una distribuidora para supermercados. La pérdida del empleo no desencadenó su insomnio, aunque sí lo agravó. "El problema para dormir venía de antes. Yo dormía muy irregular porque, en realidad, vivía de forma muy irregular, desde las comidas hasta las cosas cotidianas. Todo esto, sumado a problemas personales, ambientales, de relación. Yo digo que hay que distinguir las condiciones ambientales para dormir, las condiciones corporales y las condiciones de relación con los demás y con uno mismo. Sobre esos tres grupos de factores podés empezar a hablar de todo un armado de vida, porque en realidad nadie nos enseñó a dormir."
Flores de la O da clases particulares de guitarra e idiomas; también fue peón de albañil y hoy cobra un subsidio de 150 pesos del Estado que lo destina íntegramente a sus hijas. "Ahora ya casi no tengo episodios de insomnio fuerte, pero cuando me ocurría trataba de hacer cualquier cosa para poder dormir; pero hacer cualquier cosa no siempre es bueno. Hace rato que dejé de consumir té, café y mate. Ahora ya no me preocupa tanto el insomnio como la calidad de sueño que pueda tener. Porque sueño, lo que se dice sueño, tengo, y mucho; lo que debo mejorar es la calidad y la intensidad del sueño."
Flores de la O jamás se separa de su Biblia para orar. Lo hacía en los peores momentos, cuando no dormía, y lo hace ahora, cuando necesita relajarse para tratar de mejorar la calidad de su sueño.
Causas y consecuencias
No hay abundancia de publicaciones médicas relacionadas con situaciones similares a las que atraviesa la sociedad argentina en otras partes del mundo; la mayor parte de ellas están vinculadas con los trastornos del sueño y situaciones de guerra, y se refieren especialmente a estudios con veteranos de la Guerra de Vietnam o de la del Golfo.Es escasa, también, la documentación sobre los efectos de las guerras sobre el sueño en la población civil. Hay, en cambio, alguna referencia sobre esta cuestión en relación con las mujeres de Bosnia refugiadas en Suecia, y también sobre los pobladores de Nicaragua en la década del 80. En este último caso, el 25% de los hombres y el 50% de las mujeres tuvieron diagnóstico de trastornos por estrés postraumático, esto es, una reacción tardía a una experiencia anormal o traumática, como un combate, actos de terrorismo, una catástrofe natural o abuso físico, psicológico o sexual.
"Entre los síntomas que se presentan en este cuadro son muy comunes las alteraciones del sueño, además de las de los aparatos digestivo y respiratorio –explica Blanco–. Hay mucha bibliografía sobre este trastorno, pero hasta la fecha no apareció nada específico sobre trastornos del sueño y crisis socioeconómica en relación con el contexto político." Algunos informes indican que el 60% de los hombres y el 51% de las mujeres han padecido una experiencia traumática al menos una vez en su vida. De ellos, el 8% de los hombres y el 20% de las mujeres han desarrollado este trastorno.Cuando se produjo el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, la Academia Americana de Medicina del Sueño informó acerca de los desórdenes que estaban ocasionando a la población de los Estados Unidos dos hechos específicos: el ataque en sí y sus gravísimos efectos, y la visión reiterada de las escenas relacionadas con los sucesos, transmitidas por la TV.
Siestas napoleónicas
"Lo máximo que puede soportar una persona sin dormir son apenas tres días –señala Cardinali–. Nuestros tres cuerpos son imprescindibles para nuestra salud. Está probadamente demostrado por estudios muy convincentes que un sinnúmero de enfermedades está vinculado a la reducción de las horas de sueño. Le doy un ejemplo: la masa corporal aumenta cuando usted duerme menos. Está demostrado que durante el sueño se liberan hormonas anoréxicas; por eso es que no tenemos hambre durante el sueño; en cambio, durante la vigilia se liberan hormonas que promueven el apetito. Cuando usted desequilibra la vigilia haciéndole ganar sobre el sueño, hay una mayor tendencia al aumento de peso. Por otra parte, las funciones cerebrales que nos hacen capaces, por ejemplo, de realizar nuestro trabajo están estrechamente ligadas a nuestra calidad de sueño. Por eso son fundamentales los períodos cortos de reposo, de entre veinte y treinta minutos, que permiten una gran capacidad de recuperación. Esta técnica ya se está implementando en algunos países avanzados. En síntesis, acá tenemos un problema de salud pública de una trascendencia extraordinaria."
La técnica del reposo ya era conocida no sólo por Albert Einstein, que aseguraba que reposar por un breve período luego del almuerzo servía para "refrescar la mente y estimular la creatividad". Mucho antes, y en circunstancias por cierto más críticas, Napoleón se tomaba un descanso de veinte minutos antes de iniciar sus batallas.
"Para el profano –escribió el profesor Passouant–, el sueño constituye la principal fuente de descanso. Sin embargo, también es otra cosa: un universo extraño. Cuando aparece, borra el control del pensamiento. Comparable con frecuencia a la nada, también se ensombrece a veces con fulgores de pesadilla o, más frecuentemente, se ilumina con visiones singulares. Cuando se esfuma, la conciencia renace. Pero unas horas más tarde, exacto como las mareas, y como ellas inexorable, retorna. Nos engulle de nuevo."
Agradecemos a Gabo Ezcurra, Graciela Carey y familia, Bernabé Rivarola, Mario Montero, La Pijamerrie (Montevideo 1776), y a la oveja Dolly por su colaboración en esta nota
La tortuosa vigilia de Peter Tripp
"Ver a los perros deambular por los pasillos de una estación de radio no es normal. Ni siquiera en Nueva York. Sin embargo, Peter Tripp lo aseguraba. Y para escapar de la jauría, se encerraba en un despacho. Unos momentos después, abandonaba la habitación jurando que las arañas hormigueaban sobre el parquet. Después se quitaba su traje y lo pisoteaba porque –según creía realmente– orugas velludas trepaban por las solapas. Refugiado en un estudio de grabación, provocaba después un principio de pánico gritando que salían llamas del cajón de un archivador. A duras penas se lo podía calmar. También se cuchicheaba a sus espaldas: la apuesta que había hecho se convertía en un peligro, sus alucinaciones empeoraban, no podría llegar al final.
"En efecto, Tripp llevaba sin dormir cuatro días y cuatro noches. Sus delirios eran consecuencia de la fatiga acumulada, de la vigilia que se había impuesto. Ahora no había llegado más que a la mitad del maratón que se había decidido emprender. Tenía que resistir 200 horas en total.
"La hazaña pretendía recoger fondos para una obra benéfica dedicada a las víctimas de la poliomielitis. Peter Tripp, presentador de un programa de radio célebre en los Estados Unidos en los años 50, había jurado que no abandonaría la emisora ni su trabajo y que programaría hasta el final sus discos favoritos. Y los dólares afluían a las cajas de la fundación que patrocinaba la iniciativa.
"Al finalizar las doscientas horas de vigilia, con la apuesta ganada, el presentador de radio no durmió más que trece horas. Los rastros de la fatiga física se desvanecieron rápidamente. Sin embargo, pagó muy cara la experiencia: tres meses de depresión nerviosa."
Pierre Passouant, El sueño, una tercera parte de nuestra vida (Ediciones CIM)
Consejos para dormir bien
1 A la hora de dormir, hacerlo solamente en la habitación destinada para ello. Alfombras y cortinas pesadas ayudan a disminuir los sonidos.
2 Muchas personas comen, leen, miran TV y hasta trabajan en su dormitorio. Esto no es aconsejable cuando el ciclo vigilia-sueño presenta alguna alteración. Existe una relación inconsciente entre el dormitorio y el sueño.
3 Establecer una cantidad regular de horas para permanecer en la cama durante la noche y levantarse a la misma hora todas las mañanas; es una manera de instituir un hábito a veces alterado o mal condicionado.
4 Acostarse más temprano para rescatar sueño perdido no es útil si se lo hace mucho antes de lo habitual. Una o dos horas antes será suficiente.
5 Ante la necesidad de dormir una siesta, no hacerlo más de 20-30 minutos. Ese tiempo será suficiente para sentirse repuesto sin interferir en el sueño nocturno.
6 Observar periódicamente las condiciones del colchón, ya que con él se deben compartir horas muy importantes de su vida y la relación entre ambos es fundamental para su bienestar.
7 Realizar caminatas diarias, preferentemente después del desayuno o antes de la cena, en horas en que haya luz diurna. También son aconsejables algunos ejercicios livianos al aire libre, como natación o ciclismo.
8 No dejarse llevar por la placidez de la somnolencia diurna. Tratar de estar alerta durante el día.
(Fuente: Club del Sueño)
¿Cuántas horas...
... necesita dormir un adulto? En su libro Recetas para dormir bien (Plaza y Janés), los doctores Eduard Estivill y Mirta Averbuch explican que "depende de cada persona, pero las suficientes para despertarse sin sueño y rendir bien durante el día. El abanico oscila entre cinco y diez horas por noche. Para saber si se está durmiendo lo necesario, puede hacer un sencillo ejercicio: contar cuántas horas descansa durante los días laborales y compararlas con las que dedica al sueño en los fines de semana y en las vacaciones. Si durante la semana duerme 6 horas promedio y el sábado y el domingo 10, es porque ha necesitado recuperar sueño. Le «debe» sueño a su cerebro y necesita devolvérselo urgentemente. Tendría que aumentar el promedio de horas que duerme durante la semana".
Preguntas básicas
1 ¿El insomnio se hereda? Hasta ahora no se ha comprobado. Cuando alguien dice "en mi familia nadie duerme", lo más probable es que en esa familia haya hábitos mal estructurados.
2 ¿El dormir es tiempo que se pierde?Dormir no es perder el tiempo; es el tiempo necesario para poder estar en buen estado cuando se está despierto. Es mantener la calidad de vida.
3 ¿Hay insomnes crónicos?La persona que pasa un año con episodios de insomnio, durmiendo mal, tiene un disturbio crónico. Hay insomnios iniciales, intermedios y crónicos.
4 ¿Quién padece más el insomnio?, ¿el hombre o la mujer?No se ha establecido que influya más en uno que en otro.
5 ¿Los niños sufren de insomnio?Se están viendo algunos casos. Lo que influye mucho en el insomnio infantil es el cambio en la vida familiar. Los chicos tienen un entorno distinto del de hace veinte años, por ejemplo, y viven en un mundo en el que los factores que generan ansiedad o que producen temor se han incrementado significativamente.
- Para consultar: www.rems.com.ar ; www.americansleepassociation.org
La sociedad que nos quita el sueño
Por Cecilia Moise
Vivimos una época de intensas transformaciones, que tienen un impacto traumatizante sobre nuestra vida por la aceleración y la extensión que las caracterizan y por las formas que asumen sus efectos en las prácticas y vivencias sociales.
El psicoanálisis define el sueño como un acto psíquico normal que se produce durante el dormir. Freud lo definía como el "guardián del dormir". El acto de dormir satisface un deseo de las pulsiones de autoconservación del yo: el deseo de dormir. Por cierto, el yo puede despertarse, y fracasa la función del sueño. Cuando esta función se ve abolida, el insomnio se instala como un síntoma que puede integrarse a un síndrome en el que intervienen manifestaciones tales como las adicciones, especialmente tabaquismo, alcoholismo o incremento de ingestas nocturnas abriendo la heladera para buscar el sueño perdido.
Existen factores socioculturales que propician un aumento de este sufrimiento: los problemas de fragilidad laboral, la violencia social y los grandes indicadores macrosociales de esta época en cuanto a distribución de la riqueza, que no van en la dirección de una mayor justicia social y de un más amplio acceso a los bienes materiales y culturales, marginalización que tiene como corolario el aumento de la violencia social.
Toda medida que trate de neutralizar los efectos de procesos, como consecuencia de la desintegración de identificaciones y de lazos socioafectivos, propiciará el alivio de este malestar, ya que toda sociedad debe tramitar y dar algún tipo de respuesta favorable a la tarea psíquica de otorgar y hallar sentido.
* Médica psicoanalista. Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina, diplomada en salud pública.





