
Pamuk y la inocencia
El escritor más famoso de Turquía y Premio Nobel de Literatura convirtió los objetos y las sensaciones que obsesionan al personaje de una de sus novelas en el primer museo del mundo inspirado en una obra literaria
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Hasta dónde puede llegar el amor de un hombre? En el caso de Kemal, el rico heredero y protagonista de la novela El Museo de la Inocencia (2008), de Orhan Pamuk, hasta la obsesión de coleccionar objetos de su amada Füsun, una pariente lejana de clase baja que se casa con otro.
La galería con las pertenencias de la mujer y el recuerdo de la historia de ese fracaso amoroso trascendieron el papel para convertirse en el primer museo del mundo inspirado en una obra literaria de la mano de su creador, el Nobel turco. En 2014, El Museo de la Inocencia, que cumple tres años esta semana –y está en un edificio de tres plantas que data desde 1897 en la calle Çukurcuma de Nisantasi, barrio donde el escritor se crió–, recibió el Premio a Museo Europeo del año, que otorga el European Museum Forum, por "inspirar y establecer nuevos paradigmas en el sector".
Pamuk concibió este lugar y la novela al mismo tiempo. En 1999 compró el edificio con la idea de exhibir las cosas que los personajes tocaran o con que se relacionaran en el libro. De hecho adquirió personalmente algunas y las usó durante su proceso de escritura. Para la historia imaginó a un héroe de clase alta despechado, que seguiría a su amor durante años, por ejemplo, yendo a cenar a su casa. "Él no puede tenerla, pero roba sus cosas. Descubre a su manera la idea proustiana del poder de consolación de los objetos. Por ejemplo, va al cine, pone la entrada en su bolsillo, se olvida del ticket por años y, luego, lo encuentra y recuerda no sólo la película, sino las imágenes asociadas al momento", dijo el escritor en una entrevista con la radio 4 de la BBC.
Los objetos –que incluyen ropa, joyas, jabones, porcelana, botellas de licor, juegos de mesa, juguetes, utensilios de cocina, boletos de autobús y de cine, diarios, fotografías, pinturas, revistas– se exhiben en 83 compartimentos y vidrieras, que se corresponden con los 83 capítulos de la novela. Incluso, de acuerdo con la explicación de Pamuk, "hay una taza con el borde de los labios de Füsun aún latiendo". A la entrada de la galería, lo primero con lo que se encuentra el público es una instalación con los 4213 cigarrillos que ella se fumó. "Cualquiera que viene reconoce primero la atmósfera de la novela y, luego, objetos importantes como los pendientes, los bolsos, los zapatos amarillos. Pienso que luego de mirar cuatro o cinco vitrinas y buscar su relación con la novela, la gente deja de poner atención en lo literario y comienza a mirar con gusto los objetos y, entonces, el museo se transforma en una suerte de nostalgia de cosas, curiosidades que a uno le recuerdan algo, pero que no sabe qué", detalló.

Aunque Pamuk se encargó personalmente de recolectar las piezas en mercados de pulgas y a su tarea también aportaron amigos y hasta lectores, asegura que no comparte el afán coleccionista de Kemal: "Cada tanto compro algo o me paso horas en una tienda de antigüedad, pero no me describiría como coleccionista. Sí tengo una colección de 16 mil libros, pero los he leído todos. Un coleccionista sería alguien con 20 mil libros que no ha abierto muchos de ellos. Coleccionar tiene que ver con poseer, es una compensación por algo más, tal como lo era para Kemal. Él colecciona cosas de Füsun como una forma de aferrarse a su amor", aseguró el escritor.
En el libro, para el protagonista todo comienza el 26 de mayo de 1975. "Fue el momento más feliz de mi vida y no lo sabía. De haberlo sabido, ¿habría podido proteger dicha felicidad?", se pregunta. Los fanáticos de la novela llegan al museo con sus ejemplares, para que sean timbrados como boletos de entrada. En el ático descubren con emoción el cuarto donde Kemal escribió su historia, así como también borradores, capítulos no publicados y bocetos que hizo Pamuk para el museo. Ocurre que, antes de dedicarse a escribir, él pintaba, desde los 7 años."En mi alma, junto con el novelista hay también un artista plástico muerto y él está tratando de resucitar. El museo es además una manera en que el artista que hay en mí se exprese visualmente", comentó al respecto Pamuk, quien, por qué no, en un futuro podría sorprender con alguna exposición.
Enmarcado en los años 70, 80 y 90 en Estambul, la ciudad más populosa de Turquía, además de mostrar una historia de amor tormentoso, el libro El Museo de la Inocencia, que le llevó al escritor más de una década de trabajo, retrata a la alta sociedad turca y sus valores ultraconservadores del pasado, así como la reciente modernización del país. El museo también cumple esa función, con material de la historia de Estambul de los últimos 60 años. "La ciudad estaba cambiando en el momento que está ambientada la novela, en 1975, y, en los últimos 15 años, ha cambiado más que en décadas anteriores. Un gran cambio es el inmenso crecimiento económico y otro, la renovación urbanística. Este edificio mejoró el vecindario, que estaba deteriorado, y se desarrolló paralelamente a esa renovación", indicó Pamuk.
En 2006, el escritor, que vive repartido entre Nueva York –donde da clases en la Universidad de Columbia– y su ciudad de toda la vida, se convirtió en el primer Nobel literario de su país, por libros que abordan las relaciones y diferencias entre Oriente y Occidente. Al año siguiente, el Estado lo procesó por insultar la turquedad, al referirse a la masacre histórica de armenios y kurdos a manos de las tropas turcas. Aunque los cargos fueron levantados, él recibió amenazas y dejó su país por un tiempo. Fue a su regreso cuando la idea del museo cobró mayor fuerza: quería crear un lugar de memoria, para sí mismo y para Estambul. Y, por lo visto, lo ha logrado.

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