Paola y Alberto de Bélgica: la pareja que superó dos décadas de infidelidades en la corona
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Hoy son unos ancianos adorables que van de la mano a todas partes y que el pasado dos de julio celebraron, acompañados por su gran familia, sesenta años de matrimonio. Pero las cosas no siempre fueron así de serenas entre el rey Alberto II y la reina Paola de Bélgica. Los dos tuvieron sus aventuras y escándalos durante los años sesenta y setenta, en épocas de su principado. La imagen rebelde y alocada de la pareja contrastaba con la de su hermano y su mujer, el rey Balduino y la reina Fabiola, los dos católicos y recatados.
Con rasgos de estrella de cine, Paola salía en tantas tapas de revistas como lo hacía Grace Kelly. Entre ellas se disputaba la corona de la belleza. Paola era una italiana de buen linaje que conoció al Príncipe Alberto de Bélgica durante la ceremonia de coronación del papa Juan XXIII. Al parecer, él quedó enamorado de la joven. En pocos meses, entre vacaciones en la playa y en pistas de esquí, se casaron en 1959.
Con la misma moneda

Fueron rápidos para concebir casi como para sacarse de encima el deber. Entre 1960 y 1963 tuvieron a sus tres hijos: Felipe, Astrid y Laurent. Cumplida la obligación de la descendencia, el príncipe Alberto regresó a sus andanzas de Don Juan: se lo vinculó con varias actrices y tuvo una larga relación con la baronesa Selys Longchamps con quien concibió una hija, Delphine Boël, una escultora que hoy tiene más de cuarenta años.
Enterada de los affairs de su marido, la princesa rebelde, como se la conocía por su gusto por las minifaldas y el rock, lejos de pedirle el divorcio, le respondió con la misma moneda. Se dice que Paola fue una de las primeras víctimas de la historia de los papparazzis. De hecho, no tuvo mejor idea que irse de viaje con uno de ellos, el conde Albert Adrien de Munt, de Paris Match, a una playa de Cerdeña, donde fueron captados abrazados en traje de baño. A ella se la relacionó también con un empresario y con el cantante Salvatore Adamo que le dedicó el tema "Dolce Paola". Mientras que la corte siempre ocultaba las fiestas de Alberto, las de Paola salían en las tapas de revistas a ojos de todos. Lo cual, claro, era malísimo para su reputación.

Los turbulentos años sesenta terminaron con un posible divorcio durante los setenta, que nunca se produjo. Lo cierto es que el rey Balduino –el hermano mayor del príncipe Alberto- y su esposa Fabiola nunca pudieron tener hijos por lo que el heredero de la corona era Alberto y desde allí continuaría la línea real. Este motivo fue clave para evitar la separación.
60 años después

Maduros, resignados o cansados, Paola y Alberto volvieron a acercarse a principios de los ochenta. Cuando el rey Balduino murió de repente en 1993, la pareja ya estaba consolidada. Así, Paola, la italiana rebelde, se convirtió en la reina de Bélgica con 56 años y una belleza intacta al paso del tiempo.
El tres de julio de 2013, un mes después de cumplir ochenta años, el rey Alberto anunció a través de un mensaje por televisión su decisión de abdicar el favor de Felipe, su primogénito, casado con Matilde –muy cercana a Máxima-, una aristócrata universitaria, con quien tuvo cuatro hijos.








