
Pasado pisado
Idealizar el pasado recordándolo como la época feliz en la que todo estaba bien, y aun lo malo era menos malo que lo malo de hoy, es una trampa "cazabobos" en la que solemos caer. Hay muchas razones para que esto ocurra. La primera y principal es, para los veteranos al menos, el hecho de que allá, en el feliz pasado, éramos jóvenes y vigorosos, las piernas tenían una agilidad espléndida, el hígado sólo lo sentíamos después de alguna ingesta desproporcionada y regada por demasiado licor, nuestra vista daba envidia a un lince y la memoria tenía un registro exacto de hora, tiempo y lugar. Además, y no es un detalle menor, los jóvenes de otrora estábamos en la lucha por superar pautas del mundo vetusto de nuestros padres y abuelos, y considerábamos que nuestras ideas eran mejores, más prácticas y, sobre todo, más representativas del mundo. Ese mundo que sentíamos como nuestro, pues éramos los constructores, ingenieros y arquitectos de un modo de vida personal, y nuestras costumbres eran resistidas por los mayores, que no aprobaban ni entendían nuestra manera de vestir, nuestros horarios de diversión, nuestra poca atención a detalles para ellos importantes, nuestra música preferida, nuestra forma de bailar, de comer y de tratar las relaciones familiares.
Este setentón recuerda las quejas por el rock and roll, el twist y el calipso, ritmos que habían desplazado al tango, el bolero y la rumba, y también recuerda la confesión sincera de algunos mayores de la época que reconocían la revolución que había significado para sus padres y abuelos el charlestón en lugar del vals, el tango compadrito y orillero con letras lunfardas y la picante conga tropical. Aquellos viejos criticaban el bolero por lo meloso, y sobre todo por el peligro sexual que entrañaba como baile al permitir un contacto corporal sumamente estrecho, reforzado por las almibaradas letras, que abundaban en "te quiero", "te amo", "eres mi pecado", "y aunque sea pecado te quiero lo mismo y aunque todo me niegue el derecho me aferro a este amor". Y ¡cómo se aferraban en aquellos bailes de carnaval ante la mirada perpleja de las abuelas!, que calificaban aquel espectáculo de desvergüenza, mientras que los muchachos del barrio lo denominaban "chapa-chapa", del verbo "chapar", lunfardo de la época por decir agarrar. O sea, los jovatos de cada época ponen a sus tiempos como mejores, más divertidos, más sanos y más racionales.
Por supuesto que no podemos ignorar las evoluciones e involuciones de la historia ni las catástrofes de todo tipo que marcan la vida de generaciones de seres humanos arrastrados por esas vorágines y, aun así, muchas de esas personas pueden rescatar cosas buenas de esas épocas espantosas, quizá porque tanta adversidad los puso a prueba y dio pie para que afloraran virtudes impensadas. No está mal defender principios y pautas de vida que nos representan, pero no deberíamos magnificarlas y despreciar las formas nuevas, aunque no terminemos de entenderlas. También hay que tener en claro que cada cual (tenga la edad que tenga) tiene sus límites, y eso no es cuestión de época, ni de costumbres, ni de conga ni de rock. Lo que lastima es la agresión y el desprecio por la vida y los derechos de los otros. Pero esas cosas, desgraciadamente, suceden, han sucedido y, probablemente, seguirán sucediendo en todas las épocas y en todos los contextos sociales. Por lo tanto, y como casi siempre ocurre, dejar fluir la vida y sus períodos es lo mejor y lo más razonable. Asumir los años vividos, contar mientras tengamos memoria nuestras experiencias, nuestras épocas, nuestros rocks, nuestros boleros, nuestros gustos y, sobre todo, nuestras ganas enormes de pasarla lo mejor posible a pesar de todo. Sólo contando nuestras historias con sus más y con sus menos podemos aportar algo útil a los que quizá no están demasiado contentos con la época que les toca vivir y creen que les tocó lo peor.
A lo mejor, algunos de nuestros pasados errores los consuelan y les vuelven a demostrar que no siempre lo pasado fue mejor y no siempre lo actual es lo más moderno.
El autor es actor y escritor







