Pases mágicos

Adrián Guerra cuenta qué hay que hacer para convertirse en ilusionista
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27 de octubre de 2000  

arry Potter no sólo heredó los genes mágicos de sus padres. Este pequeño mago -salido de la mente de la escritora inglesa J. K. Rowling- también tiene la oportunidad de perfeccionar y aprender, día tras día, nuevos trucos en el exclusivo Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Así cualquiera.

Pero fuera de las páginas de sus libros, donde abundan las aventuras, las ilusiones y los efectos especiales, el aprendizaje de la magia también es posible en este mundo, el real.

La curiosidad es la clave. Como le sucede a la mayoría de los chicos, los magos profesionales también se acercaron a este universo de misterios y de secretos inconfesables atraídos por la intriga que les despertaba el detrás de escena de tal o cual truco. Y también para ellos fue la caja de magia -el clásico juego- el primer gran contacto.

"Por eso se acercan a estudiar magia, pero una vez que aprenden el enigma, el interés se centra en la realización, en la creación de ilusión para los demás." Adrián Guerra tiene 30 años y es mago profesional desde los 13, cuando debutó en el cumpleaños de una nena de 10. Con la promesa de no abandonar los estudios se garantizó el apoyo paterno para darle curso a su pasión: el ilusionismo y sus variantes.

El pálpito le salió bien. Guerra se convirtió, en 1994, en el primer mago argentino en consagrarse campeón mundial, en la especialidad cartomagia (trucos con cartas) y ganó en otros tres congresos latinoamericanos.

Aunque no son épocas de espectáculos de magia a sala llena, las apariciones -hace ya unos años- del ilusionista David Copperfield y la más reciente del pequeño Harry Potter, desde la literatura, trajeron aires frescos a esta actividad y a su enseñanza. No son pocos los chicos que se acercan a las escuelas de magia para tratar de emular a sus héroes.

Si bien es cierto que la rapidez mental y la habilidad en las manos son dos elementos indispensables, en la mayoría de las escuelas se le da un buen espacio a la psicología del espectador. Además, por supuesto, a los otros secretos, los que se mantienen así para los que no pasan por esas aulas.

"Un buen mago no puede quedarse sólo con su destreza. Este arte requiere, en igual medida, un buen manejo de las técnicas de escenario y el manejo del público", sigue Guerra, que también se desempeña como docente.

Secretos profesionales

Una de las incógnitas más frecuentes se relaciona con las desmaterializaciones que frente a millones de televidentes realiza Copperfield en sus shows. Para Guerra, todo depende de las conjeturas que saque la mente del espectador, de cómo esté orientada esa mente. "Pero en realidad todo es un juego de magia bien logrado, que te hace ver cosas que en realidad no son, juegos que retan a duelo tu lógica y es precisamente ahí donde está el mayor desafío: que el público se ilusione con tus historias, que te crea." Para contar esas historias, los magos utilizan casi las mismas herramientas de trabajo que utilizaron sus antecesores muchísimos años atrás, pero con la ayuda de los avances tecnológicos los trucos mejoraron considerablemente. "Es muy difícil inventar algo nuevo, lo habitual es que se tome lo que nosotros llamamos un clásico (la mujer cortada al medio o la levitación, por ejemplo) y que se perfeccione. Se trata de actualizar el arte y de darle un tamiz propio, más personal", explica el mago.

El otro gran tema que gira en torno de los ilusionistas es el del secreto profesional. Y no es para menos, de él depende, precisamente, la supervivencia de su arte.

Hubo épocas en que los secretos mejor guardados de la magia generaban situaciones dignas de espionaje. Muchos ayudantes de magos se hacían pasar por espectadores en los shows de sus rivales y subían al escenario, como colaboradores, para poder ingresar en tal o cual caja y tomar medidas y espiar los trucos.

Aunque depende de la ética profesional, la mayoría de los magos coincide en que no tiene sentido mostrar o contar algo que pueda romper una ilusión, ese frágil espejismo que tiene siempre como aliada la imaginación.

De su mano se desprenden, desde los confines del tiempo, estos apócrifos demiurgos que juegan a aparecer y desaparecer, ante la vista del público.

Lápiz y papel

Entidad Mágica Argentina. Agrupa a la mayoría de los magos docentes. Informes, 4305-2315/ 4921-3441. Enrique Kartis ($ 80 por mes). Informes, 4951-9268.

Escuela de Magia Fu Manchú ($ 80 por mes). Informes, 4334-5594.

Escuela de Magia de la Asociación Argentina de Actores ($ 60 por mes). Informes, 4372-9328/ 8526.

Instituto Superior de Magia e Ilusionismo. Profesor Adrián Guerra ($ 100 por mes). Informes, 4304-1706 /7212.

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