Pinot Noir: qué vinos buscar para probar la cepa del momento (y entenderla)

Para algunos, es demasiado ligero, mientras otros se fanatizaron con estas botellas complejas
Para algunos, es demasiado ligero, mientras otros se fanatizaron con estas botellas complejas Crédito: Shutterstock
Joaquín Hidalgo
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14 de junio de 2019  • 16:53

Hay muchas formas de sorprenderse con una copa de vino. Por nombrar algunas: el precio, la intensidad de sabor o la rareza. Otros vinos , sin embargo, generan una extraña fascinación. Mezcla rara entre estilo único y complejidad lo-fi, el Pinot Noir es el caso más atractivo entre estos últimos.

Claro que fascinación tiene un doble sentido. Están quienes se sienten atraídos y subyugados por él y quienes lo desmerecen y señalan como poca cosa, casi vinito. Lo importante es que su impronta no pasa desapercibida. ¿Cuál es el misterio?

En mis años catando vinos, he llegado a pescar esa neblina llena de energía que es la magia del Pinot. Desde los más destacados vinos de la borgoña, de viñedos consagrados, a los Pinot de Sonoma Coast, en California, y la Argentina (veremos más adelante) o Central Otago en Nueva Zelanda, los buenos comparten algo. Etán hilvanados por un delgado y a la vez consistente hilo conductor: la capacidad de alcanzar elevado grado de detalle y descriptores, desde las rosas al cuero; desde la brea a las frutas y las notas animales, tipo musk, sin ser un vino apretado ni sobrecargado. Todo lo contrario. El Pinot es ligereza, etérea profundidad.

¿Contradictorio? Claro que sí. Esa es la primera capa de la magia. La segunda capa es más delicada aún. Se habla de transparencia: como en las buenas acuarelas, en el Pinot Noir manda lo sugerido antes que lo evidente. En eso, la destreza del productor es la clave. Pero al mismo tiempo, cualquier cambio en el viñedo o terroir impacta de forma significativa en el Pinot.

Esta transparencia es la que le ha granjeado a nivel mundial gran parte de su fama. Y también la razón fundamental de su carácter. Por todo eso el Pinot Noir es un tinto para sorprenderse. La primera vez que se lo bebe, más que nunca. Pero también en la medida en que uno se aplica a conocerlo, revela cada vez más y más profundidad, y la sorpresa y la fascinación crecen con el tiempo.

El Pinot en Argentina

La variedad está plantada desde el Siglo XIX, mezclada con otras uvas. Hay dos oleadas de implantación posteriores. Una, en la década de 1950, cuando llegaron los primeros clones históricos de la Champagne; la segunda, a contar de la década de 1990, en la que se plantaron clones específicos borgoñones. Con esta nueva genética, la búsqueda de los lugares que le dieran carácter comenzó a ganar relevancia en nuestro medio. Hoy Patagonia (336ha) y Valle de Uco (1070ha) son las plazas locales más plantadas, por la sencilla razón de que al Pinot Noir no le gusta el calor.

Patagonia, con clones para zonas frías y cálidas, ofrece en Río Negro y Neuquén vinos cuya intensidad de sabor es clave, mientras que la sutileza va en segundo plano. En Chubut, sin embargo, se está tramando un nuevo salto, en un clima muy distinto con vinos definidos por la tensión.

De los primeros, conviene apuntarse con Alpataco Reserva (2018, $530) y Malma Finca La Papay (2017, $300); Humberto Canale Old Vineyard (2017, $590), Wapisa Pinot Noir (2017, $600) y Barda (2017, $1600) ofrecen un estilo más etéreo y refrescante. De la cordillera, entre Chubut y Río Negro, Contra Corriente (2017, $1200), Familia de Bernardi (2017, s/d) y Nant y Fall (2017, $950) son buenos ejemplos de estilos de mayor frescura y tensión, menos expresivos.

El Valle de Uco representa 2/3 del Pinot plantado en Mendoza. Pero entre los tres departamentos, Tupungato es el más grande (583ha), seguido por Tunuyán (321ha) y San Carlos (166ha). Mucho del primero está plantado con clones de espumantes. De todas formas, en el valle mandan los clones tintos para zonas frías, con menos expresión aromática y más tensión de paladar. Y ahí es donde hacen la diferencia.

¿Cuáles? En plan darse un gusto a precio lógico, Salentein Reserve (2018, $410) y Serbal (2018, $390). Ahora, para elegir por estilos, entre los austeros y frescos, Pintom Vinos del Frío (2017, $1290), Trivento Black Edition (2016, $660) y Zorzal Eggo Filoso (2017, $940). Entre los que ofrecen un paladar más intenso y a la vez amable y suave, Luigi Bosca Grand Pinot Noir La Consulta (2015, $850), DV Catena (2016, $800) y el clásico Rutini (2015, $1089).

Fuera de todo rango de regiones, sin embargo, Costa & Pampa (2017, $643), elaborado en Chapadmalal, en la costa bonaerense, es un caso para descubrir, entre los Pinot más delicados y de paladar refrescante

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