Polémica en las redes: ¿quién mató a María Marta?

Crédito: Prensa Netflix
Gustavo Noriega
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17 de noviembre de 2020  • 16:42

Que la plataforma Netflix haya producido un documental en cuatro capítulos sobre el asesinato de María Martha García Belsunce ha tenido consecuencias de dos tipos. La que se da en nuestro país es que en la sociedad se discute el episodio con la misma intensidad que tuvo hace 18 años con el condimento de que ahora es a través de las redes sociales.

El otro, puertas afuera, es que la miniserie puede verse en otros países, que la ven con la misma curiosidad con que nosotros nos asomamos a The Staircase o a American Murder, episodios crueles y fascinantes, llenos de sangre y misterio. El espectador argentino, a través del cine y las series, sabe del sistema judicial norteamericano más que del propio y puede opinar con fundamentos sobre el juicio por jurados y el laborioso proceso de elegir a los ciudadanos que van a ser parte, o de la enmienda Miranda sobre leer los derechos al ser detenido, o le sale decir "Objection, Your Honor" más fácilmente que su equivalente en español.

¿Qué aprenden los extranjeros que ven Carmel sobre nuestro sistema judicial?

Bueno, el caso de un tuitero escocés es muy claro: le llamaron la atención la institución del careo y. los muebles del tribunal de San Isidro que aparecen en el juicio a Carlos Carrascosa.

Patrick McGuire (@paddimir) ante el espectáculo de la confrontación de testimonios entre Pichi Tayor e Inés Ongay, no pudo evitar capturar la imagen de la pantalla y comentar: "Estoy viendo Carmel. Los juicios en Argentina son mentales. Sientan a dos testigos en sillas de aspecto aleatorio para que discutan". Una usuaria trata de explicarle que el juicio era un poco más complicado que esa parte circunstancial y el simpático Patrick le asesta: "No es la ausencia de un jurado lo que me parece raro, es cómo se presentan las pruebas. Y los muebles". La referencia al desangelado mobiliario del juzgado provincial desató la diversión de todos los internautas que convirtieron a un tuit casi casual proveniente de Paisley, Escocia en un éxito de las redes (más de 800 retuits, 425 de los cuales eran con comentario y más de tres mil likes). Patrick se sometió a todo tipo de conversaciones con sus pares argentinos que llegaron a recomendarle el video de YouTube con la memorable pelea de Alberto Samid con Mauro Viale.

Las dos teorías en Argentina: los mejores momentos

En el fuero interno, la tuitería argentina se decantó por dos teorías, recreando una nueva grieta. Con la información que daba la miniserie y probablemente nada más, las redes decretaron que la pregunta del título ("¿Quién mató a María Marta García Belsunce?") se contestaba tajantemente: o bien fue Irene Hurtig, media hermana de María Marta, o el vecino ahora en proceso judicial, Nicolás Pachelo.

Algunos tuiteros seleccionaron con captura de pantalla los mejores momentos de las cuatro horas de "Carmel".

La pasión por encontrar memes en cada imagen también dio sus frutos.

La galería de personajes de la miniserie dio rienda suelta a la creatividad.

Hace poco entrevisté al viudo y primer acusado, Carlos Carrascosa, ahora parcialmente reivindicado por la justicia y con el favor de buena parte de las redes sociales; autor de un libro de recuerdos (Diario de un inocente) que funciona como un gran complemento de la serie de Netflix y termina de dibujar a un personaje fascinante y algo inesperado. Torpemente, le dije que la serie y el libro eran muy buenos "productos" y, Carrascosa, que fue amable y atento a lo largo de toda la charla, me llamó la atención sobre el uso de esa palabra asociada a una tragedia.

Como dice Woody Allen, "comedia es tragedia más tiempo", todo episodio, por horroroso que parezca en un principio, luego de la suficiente distancia, deja de causar pavor y se convierte -salvo para sus protagonistas- en motivo de gracia. Con "Carmel" pasa además que su consumo televisivo y el desprejuiciado uso de las redes, convierte a todos los participantes en personajes de ficción en la percepción de los espectadores.

La realidad no tiene la limitación con que se enfrentan los guionistas: el verosímil. En una ficción la contraposición entre el pulcro y afectado fiscal Molina Pico y el desarrapado abandono de Carrascosa, sería demasiado. En la vida real, es lo que es. La galería es casi inacabable: Pichi Taylor, Inés Ongay, el aire acondicionado, el remilgado histrionismo de Horacio García Belsunce (hijo), la dureza expresiva de Inés Hurtig, el fútbol y el lemoncello; la lista de curiosidades, omisiones o conductas inexplicables es larga y le da a todo el episodio esa fascinación inacabable.

Y, sin embargo, para algunos, la tragedia sigue estando como el primer día, abierta, nunca un paso más cerca de la comedia. Para los deudos, claro, y para quienes deben atravesar calvarios judiciales y/o cárcel, pero también para la sociedad toda. La percepción de Patrick McGuire sobre el careo y los muebles quizás fuera sinécdoque de algo superior: un caso en el que se hizo todo mal, nadie estuvo a la altura de su papel y, por lo tanto, nunca se llegará a hacer justicia. Que sea creíble que un certificado de defunción trucho pueda ser tanto evidencia de encubrimiento como práctica expeditiva habitual, la extravagancia y obsesión de un fiscal, el deseo de una clase social de crear un territorio por fuera del Estado y de sus controles: se pinta la aldea y se pinta un país. Eso sí que es Argentina.

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