Pop Stars: chicas en avalancha

Veinticinco países del mundo ya pusieron en práctica este formato de TV de origen australiano. En nuestro país, ésta es la primera experiencia que puso en la cresta de la ola a cinco jovencitas: el grupo Bandana
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9 de diciembre de 2001  

"Señor: si no quedan Ana Laura o Dominique no miro más el programa. Me gusta mucho Maldita noche. Mi nombre es Fernando. Tengo 12 años. Llámeme. Tal teléfono." Esta amenaza de papel estaba debajo de la puerta del departamento de Pablo Ramírez, miembro del jurado de Popstars y actual manager de Bandana, el grupo que surgió de ese megacasting.

Fernando es un fan de métodos originales, pero, sin embargo, es apenas uno más de los cientos de miles de fanáticos de las chicas pop que nacieron de la pantalla de TV. El día que Fernando se decidió a cometer esa conmovedora extorsión, todavía los nombres de las cinco elegidas eran una incógnita. Ahora, ¿en verdad creía que podía modificar la decisión del jurado? ¿O suponía que, al menos, sería escuchado? Lo segundo fue lo que sucedió.

El domingo posterior a la revelación de las cinco finalistas suena el teléfono en la casa de Fernando.

-Hola...

-Hola. Con Fernando...

-¿De parte de quién?

-De Pablo Ramírez. ¿Con quién estoy hablando?

-Con la esposa.

-¡Ah!, no. Quiero hablar con un Fernando que debe de ser su hijo.

-¿Qué pasó?

-Recibí una nota de su hijo porque soy jurado del programa Popstars.

(Al marido) -¡Mirá lo que hizo Fernando!

-¿Puedo hablar con él?

-A ver. Un momentito.

Cuando Fernando se puso al teléfono, no se mostró sorprendido de que Pablo Ramírez se hubiese tomado el trabajo de llamarlo a su casa. Ya sabía que su opinión no cambiaría las cosas porque Bandana ya era un hecho, pero de todas formas Fernando explicó por qué le gustaban Ana Laura y Dominique: que una era linda de cara y bailaba muy bien, y que la otra era hermosa y simpática. Pero finalmente admitió que el grupo que había quedado le gustaba mucho. Y antes de cortar, anuló la amenaza inicial con una advertencia:

-Sigo viendo el programa, ¿eh?

Esta anécdota es una parte que representa a un todo. Ese todo que, en pocos días, hizo de Bandana una estrella del pop local. Primero, a través de la TV, un millón y medio de espectadores siguió a las 2500 aspirantes en su lucha por ganar. Luego, el público se lanzó a comprar las entradas para los conciertos del Gran Rex (aun cuando no se sabía quiénes serían las integrantes del grupo) y ese interés hizo el milagro de llenar la sala seis veces con un total de casi 20 mil personas el último fin de semana. Y cuando Bandana sacó a la venta su disco, la gente hizo con ellas lo que hasta ahora no le había cedido a ningún artista: en dos días las convirtió en Disco de Oro y en una semana, en Disco de Platino. Actualmente, el álbum está entre los diez primeros puestos de venta junto con Luis Miguel, Madonna, Britney Spears, Alejandro Sanz, Sting, Mick Jagger y Shakira.

Que la gente agotase las entradas del Gran Rex sin saber siquiera quiénes subirían al escenario tiene una profunda relación -aunque no aparente- con la carta que Fernando le envió a Pablo Ramírez. Si se toma el fenómeno Popstars a partir del show televisivo, mucho se comprenderá de la actitud del público. Popstars no es un reality show, tal como habitualmente suele denominárselo. Ese género responde a un formato que podría traducirse como espectáculo de la realidad, que siempre y necesariamente es una realidad inducida: convivir con otras personas en situaciones tales como sobrevivir en una isla, aislarse en una casa o hacer que funcione un bar.

Popstars es, en cambio, lo que los ingleses han llamado docu-soap, una mezcla de documental y telenovela, que en su aplicación a Popstars puede describirse como el documento que registra el proceso real de selección para la formación de un grupo de cantantes de música pop, todo relatado en forma tal de poner en funcionamiento los procesos de identificación y proyección imprescindibles para una relación sentimental con el público, que a su vez convierte a una o todas las participantes en heroínas de su propia historia (una multiplicación de Cenicienta).

Como en las típicas telenovelas, existe en el docu-soap un importante elenco. En el caso Popstars, lo son los miembros del jurado (Afo Verde, Fernando López Rossi, Pablo Ramírez y Magalí Bachor) y el coreógrafo, Marcelo Iripino. Ellos funcionan como los miembros adultos que -al menos en el plano de la realidad ficcionada para la televisión- han tenido todo el poder de decisión para elegir y descartar participantes, pero también toda la obligación de brindar contención a las chicas y ejercer con claridad las reglas del concurso.

Así caracterizados los personajes del programa (jóvenes participantes y adultos), resta poner en juego el plano de los contenidos que es, en verdad, el trasfondo que hizo pie en el corazón del público.

En un país donde los ciudadanos se sienten aplastados por la corrupción, Popstars ofrece transparencia. (Y aun siendo más fácil deshacerse de una participante cuya presencia podía ser conflictiva para la opinión pública decidió mantenerla, por su talento y carisma: Valeria Gastaldi, hija de Marcos Gastaldi, esposo de Marcela Tinayre.) En un país que ha conseguido que las jóvenes generaciones no crean en el valor del esfuerzo personal, Popstars demuestra de forma contundente que para llegar se precisa no sólo talento, sino perseverancia y disciplina.

En un país donde falta el trabajo, Popstars se presenta como un concurso cuyo premio no es un viaje al Caribe ni un auto 0 km ni un departamento en un barrio cerrado. Aquí, el premio mayor es una profesión. Si las cinco ganadoras habían dado todo de sí para ser las triunfadoras del programa, a partir de Bandana no harán más que trabajar por partida triple. Es decir, la finalización de la etapa de competencia no significa otra cosa que trabajo de verdad.

Trabajo v. azar

Así fue que el primer día que Lourdes, Lissa, Ivonne, Virginia y Valeria pisaron el Gran Rex para ver sus caras en la marquesina del teatro, una señora, de unos cuarenta y tantos años, se acercó para dar las gracias. "Tengo un hijo de 15 -explicaba- y a mí me sirve mucho que vea el programa, porque él se da cuenta de que a través del trabajo y de las consignas que se les fueron dando, las chicas corrigieron sus fallas a través del esfuerzo. Y toda la lucha de esas chicas prueba que es posible lograr cosas en este país, donde a veces se dificultan."

Convertido en referente de lo posible en un país de lo imposible (el día que se fue a inscribir al estadio de Ferro, donde se hizo la primera convocatoria, el remisero que llevó a Ivonne le dijo: "Poné lo mejor de vos, pero no te ilusiones porque estas cosas siempre están arregladas"), las caras adultas de Popstars son, por extensión, los interlocutores válidos de ese mundo. Por eso, en los hechos, Pablo Ramírez ha visto mutar su nombre a Pablo-Pablo, que es como lo llaman los chicos en la calle, para acercarle su currículum de baterista o para pedirle ayuda.

Como en el universo Popstars los adultos ejercen la autoridad a partir de un legítimo conocimiento y de una probada capacidad para hacerse cargo de los problemas, los fanáticos del programa los identifican en ese rol. No sería posible si no estando todos, las Bandana y Pablo Ramírez, parados en la vereda de enfrente del Gran Rex, una chica se hubiera acercado directa y exclusivamente a Ramírez y no a las Bandana, para pedir auxilio:

(Desesperada) -¡Ay!, te pido un favor, Pablo. Vos, que sos el manager, ayudame.

(Preocupado) -¿Qué te pasa?

-Yo quería estar en la primera función y vine e hice la cola y saqué mi entrada para la primera función del sábado 1º de diciembre, y ahora ustedes agregaron una función el 30 de noviembre. Entonces, ahora tengo entrada para la segunda y no para la primera función.

Efectivamente, a tamaño problema hubo semejante solución y bastó apenas un cambio de localidades para solucionar el conflicto. Esta nueva anécdota propone una lectura adicional acerca del fenómeno Popstars. La relación programa-público no es unidireccional, sino que en verdad es un ida y vuelta.

Interactivo no virtual sería una clasificación pertinente. Por un lado, la actitud de la fan de querer estar al lado de Bandana en su primera aventura sobre un escenario porteño es un claro indicio de solidaridad. Por el otro, como correlato indispensable está la actitud personal de las integrantes de Bandana.

Dicen en RGB, la productora responsable del ciclo, que las chicas no firman autógrafos, sino que escriben cartas. Un poco por política de la empresa -encabezada por Gustavo Yankelevich-, un poco por iniciativa propia de las cinco Popstars, la relación con el público es directa y natural. Cuentan que Lourdes, antes de firmar un autógrafo, abraza a cada uno que se le acerca. Tanto que, al principio, pensaban que se encontraba con viejos conocidos hasta que se dieron cuenta de que no podía conocer a tanta gente. Virginia, lo primero que dice es Gracias. Lissa aún no puede creer que le pidan un autógrafo y allá va el papel, en cámara lenta, de su mano a la de quien se lo pide, como si la demora en concretar la acción le sirviera para tomar conciencia de que sucede en la vida real. La mano de Ivonne tiembla con cada papelito, hojita o servilleta que extiende con su firma. Y Valeria, como sus compañeras, no para de darles besos a todos.

La producción, por su parte, deja que todo fluya (siempre que no haya riesgo físico ni para las chicas del grupo ni para el público) y parte de la certeza de que la claridad es el mejor código de comunicación. Si se dan autógrafos se dan para todos. Si comienza la firma de autógrafos, ningún miembro del equipo dirá con voz altisonante y desagradable: "Listo... Vaaamos". Si se evalúa que firmar a todos será imposible (como sucedió en noviembre, en la presentación en el Shopping Abasto, donde estaba previsto que se firmaran autógrafos, pero se presentaron nada menos que seis mil personas), entonces no se firma a nadie y Bandana ofrece algo alternativo (cantar, bailar, etc.) para contentar a todos por igual.

Y todo es tan auténtico por parte de Lourdes, Ivonne, Virginia, Valeria y Lissa que, precisamente, no varía en la intimidad. Más de una pequeña historia lo comprueba. No sólo porque abren cada una de las -a esta altura miles- cartas que reciben (incluidos ositos y hasta un guante de boxeo, mano derecha, para Lissa), sino que contestan hasta llamadas telefónicas.

Un día, un adolescente consiguió, no se sabe muy bien cómo, el número de la casa de los padres de Lourdes y llamó preguntando por ella. Los papás de Lourdes le contaron y ella les pidió el teléfono del muchacho. Lo que hizo luego, desde la casa Popstars, fue, sencillamente, devolver la llamada. Y después de haber hablado media hora entre risas y comentarios, no cortó. Ya estaban sus cuatro compañeras pendientes de la conversación y de una en una hablaron todas con su fan.

En esa misma línea fue también un objetivo de RGB que el merchandising de Bandana no se hiciera como una lista infinita de pequeños productos. Está en sus planes que la directora de vestuario Susana Pérez diseñe -con la aprobación de las integrantes del grupo- dos o tres productos especiales que llevarán su marca. De hecho, los pañuelos, fotos y anteojos que están circulando entre los fanáticos son obra de la piratería que ocupó el lugar vacante que dejó la productora al decidir no hacer negocio con material de baja calidad.

En función de ese nivel cualitativo que la productora quiere darle al público de las Bandana, actualmente el grupo ha comenzado una gira promocional por el interior que incluirá casi todas las ciudades provinciales, y a partir de enero iniciará una serie de conciertos que ya tiene como plazas confirmadas Mar del Plata y Córdoba. Preparar la gira de Bandana no es asunto fácil. Para cada recital, el grupo se trasladará -como lo hacen las grandes estrellas- con su propio equipo de sonido y luces, más el personal de rutina (stage manager, plomos, sonidistas, etc.), y de ninguna manera reemplazarán, como suele suceder con los productos mediáticos, el show en vivo por el playback.

Los fanáticos del interior, en tanto, esperan su llegada y la página de Internet de Popstars es el punto de confluencia de ese amor de provincias. "Aprendí a quererlas a través de la TV", dice Ivonne, desde Ushuaia. "Ojalá triunfen no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo", les desea Daniela, de Cipolletti. Y Paula, de Rosario, anuncia: "Les cuento que en el colegio ya tenemos el grupo de las Popstars que soy yo y otras chicas, y un día de éstos nos vamos a reunir a grabar un cassette".

Como mensaje final, mientras continúa la efervescencia en torno de Bandana y se espera la llegada de la segunda versión del programa, los adultos de Popstars recomiendan a las chicas y chicos: "No sabemos cuándo se va a hacer el segundo ciclo. Pero hasta entonces, trabajá y estudiá. Usá ese tiempo a favor y preparate".

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