
Programas piloto:
Cada año, los canales de aire reciben más de cien propuestas de nuevos programas. Un alto porcentaje llega con la forma de pilotos, grabaciones cuyo costo no baja de los veinte mil dólares y que, en su mayoría, jamás se emitirán por distintas razones. Hay una televisión que existe pero que no veremos nunca: proyectos gigantescos que han quedado en el arcón del olvido, emisiones anunciadas y esperadísimas de las que ya no tendremos noticias. Sintonice su canal preferido y vea aquí lo que nunca verá en TV.
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Durante el año pasado llegaron a los canales de aire más de cien programas piloto. Un piloto - también llamado a modo de cábala capítulo uno - es una muestra de un programa posible, en el que muchas veces se gasta más de lo que se puede, se invierten más esperanzas de las razonables, y se trabaja con desmedido entusiasmo. Los resultados no siempre son satisfactorios.
Una recorrida por la programación del 9, Telefé, canal 13, ATC y América 2 alcanza para confirmar que ni el diez por ciento de la programación ha sido renovada según correspondería al ritmo impuesto por sejemante caudal de propuestas. Mario Bobcon, gerente de programación de canal 9 dice que seis personas, él incluído, reciben cada día cinco proyectos cada uno. Multipliquen.
- A veces lo único que podemos hacer es decir "Dejámelo y lo vemos". A veces somos felices decantadores y otras veces no tan felices, porque rechazamos y se nos escapan cosas que después resultan ser un éxito. Por eso a partir de marzo de 1997 vamos a tener una oficina dedicada a la recepción de proyectos.
Y de buenas intenciones mal encauzadas está plagado el camino a las oficinas de los gerentes de programación. Por eso, y en este punto, más importante que grabar un piloto es lograr que algún directivo lo vea, que apriete el play de su reproductora y siga Sí , o No , según corresponda.
-Para presentar un proyecto tenés dos caminos: uno es ir a un canal, mediante contacto prestablecido, contar tu proyecto y proponerles hacer un piloto- dice Martín Pérez Aguirre, operador de edición y técnico en posproducción-. Con este guiño es más fácil conseguir un sponsor o una productora que banque la producción. En estos pilotos es común resignar algunas de las ideas para satisfacer las pretenciones del canal. El otro camino es jugarte a hacer el piloto y luego salir a venderlo. Este es muy difícil.
Pero nunca hay garantías. Hasta el fondo, El viajero, El club del espanto, Tercer Tipo, Pizza y Café, El ojo blindado, Chicas malas, Deseos, Julio Vargas, XX XY son los nombres de programas de televisión que nunca vimos, que nunca veremos. Algunas de las personas involucradas en estos proyectos son Adrián Suar, Jorge Guinzburg, Daniel Grinbank, Hugo Arana, Julieta Ortega, Jorge Marrale, Leonardo Sbaraglia, Ana María Picchio, Inés Estévez, Lalo Mir.
La tendencia a presentar pilotos - como forma de conseguir trabajo ante canales que convocan cada vez menos; como forma de buscar propuestas distintas a las tradicionales- va en aumento. Todo indica que los canales se tranformarán en "antenas" y descargarán el riesgo de producir en empresas independientes.
El piloto es una manera clara de mostrar un proyecto, pero tiene una pequeña desventaja: no cuesta menos de veinte mil dólares. Aunque pueden hacerse por cinco mil, hoy en día la competencia ha llegado hasta aquí y los proyectos deben parecerse al detalle a lo que sería el capítulo terminado.
Hace menos de tres años, un tipo llamado Adrián Suar llegaba a la gerencia de programación de canal 13 con la idea de Poliladron a la vieja usanza: en libreto. Le dijeron que eso ya se había hecho, con pésimos resultados. Suar se fue y, tozudo, volvió con pilotos de cuatro capítulos y los libros de los seis siguientes que fueron sometidos a testeo. Los telespectadores dijeron que nunca habían visto una historia tan monótona y rebuscada. En fin, ajustes de por medio, un poco de buen olfato por parte de canal y Poliladron resultó lo que se sabe: un acorazado del rating. Su piloto ya forma parte del panteón de los mitos.
- El piloto se convirtió en un género en sí donde el horizonte es incierto y el riesgo muy alto - dice el director Eduardo Milewicz que trabaja con la revista La Maga en un piloto llamado La Maga presenta historias de amor -. En un piloto tenés que jugarte todas las cartas y aunque se sabe que un proyecto se empieza aceitar en el capítulo ocho, en el piloto tenés que dar a entender que está todo aceitado.
Malabarismo que implica mostrar una soltura que se aproxime a la que tendría el programa en el capítulo número 15 y tener los guiones listos como para largar en una semana en caso de urgencia. Si sale bien, a descorchar champagne. Si sale mal, resignación y valor, guardar el embrioncito de video en la repisa y no desesperar, porque un piloto es un manojo de fe, y mientras hay piloto hay esperanzas.
Florencia Peña camina vestida con mallita, pareo, y anteojos oscuros por Coconor en medio de la filmación de Sueltos , el programa de canal 13. Sentada sobre una colchoneta de plástico al borde de una pileta en un día asfixiante, no se da por vencida. En abril de 1996 grabó y produjo durante dos meses junto a María Victoria Menis un piloto llamado Deseos . Los actores eran Hugo Arana, Jorge Marrale, Héctor Bidonde, Alicia Zanca, Alejo García Pintos y ella misma. Fue presentado en el 13, el 11 y el 2 pero no tuvo respuesta positiva.
- Cuando estás haciendo algo creés profundamente en lo que estás haciendo- reflexiona Florencia-. Si no, no harías nada, ni en el trabajo ni el la vida. Con el piloto en la mano siempre hay oportunidades de que te lo tomen en algún canal. Me hubiera encantado verlo en el aire, pero no voy a bajar los brazos.
El programa, de formato unitario, contaba historias de "gente de 30 años para arriba". Peña lo define como una mezcla de Los amigos de Peter , de Kenett Branagh y lo mejor de Woody Allen. La narración estaba quebrada por raccontos, actores hablando a cámaras y otros recursos poco usuales.
Para la aprobación de un piloto lo artístico tiene poco que ver- se ofusca Florencia sobre la colchoneta hirviente.
Pablo Novak está cerca, pero debajo de unas sombrillas. En 1990 vendió su auto en 3000 dólares y emprendió la producción de un piloto, un programa para jóvenes que nunca se vio.
- Perdí plata y energía, pero aprendí a grabar, producir. En un piloto gastás mucha plata, y cuanto menos sabés gastás más. Por ejemplo, la hora de edición es carísima, y si no sabés editar gastás mucho más tiempo.
Durante la grabación de un piloto los vestuaristas, escenógrafos, maquilladores y proveedores de catering cobran. En cambio, salvo excepciones honrosas, los actores suelen no cobrar por su participación.
- Hay tres posibilidades para un piloto - dice Eduardo Uzni-. Una, la de la productora que decide hacerlo para salir a venderlo; otra, cuando un productor del canal te dice "Haceme un piloto y vemos". Y otra es cuando el canal te dice "Me gusta la idea, te pago un piloto". Pero cuando decís "Traéme un piloto y vemos", la mayoría de las veces lo pedís para sacarte a un tipo de encima.
La tele es un mundo encantador sin demasiadas reglas fijas. Por eso, para el equipo que grabó el capítulo uno de Señoras y señores - en el aire desde enero por canal 13- el proceso fue algo así como el sueño del piloto perfecto. Gustavo Garzón y Mario Shajris hicieron el libro, y junto a Jean Pierre Noher le presentaron la idea a Luis fernandez, de la productora Filming. Se asociaron, grabaron el piloto y cuando faltaba lo peor - comercializarlo- surgió la posibilidad de trabajar con Profilm, la productora de Horacio Levin, garantía de llegada directa al corazón del 13. Fue el Abrete Sésamo que confirma la teoría de que, tan importante como la calidad del producto, es la llave de acceso al medio.
- Hacía un año que estábamos trabajando con Gustavo Garzón en la concreción del libro - cuenta Jean Pierre Noher-. Grabamos, lo presentamos en canal 13, y a los quince días nos lo compraron. Nos sorprendió la rapidez. Se ve que justo el canal necesitaba eso y tuvimos una cuota de suerte. Juntar un elenco como el que juntamos nosotros, al canal le hubiera salido mucha plata: está Gustavo, Alejandra Fletchner, Gabriel Goity, Mercedes Morán. Es la primera vez que lo intentamos, y nos salió de primera. Con decirte que el piloto se va a ver como capítulo uno, sin ningún cambio.
Miguel Rodríguez Arias es el creador de Las patas de la mentira, conducido por Lalo Mir. Trabajó en el piloto durante más de un año, lo presentó a a América, le dijeron a todo que sí, y debutó un mes después de iniciadas las negociaciones.
- Pero la televisión aborta proyectos con pilotos ya aprobados -dice Arias-., publicitados en los medios y con fecha de estreno, por una diferencia en la negociación entre la producción y el canal, o entre este y algún actor o conductor, o porque a último momento pensaron que no era conveniente.
Pero la buena suerte no abunda. Son más los que quedan por el camino. Con una pequeña ayuda de los archivos, la memoria descubre programas que se promocionaron, fueron tapa de los suplementos de espectáculos, se anunció su día y hora de salida al aire, y quedaron olvidados para siempre, todo a máxima velocidad. Uno de los más notorios es El fantasma del Opera , proyecto de Sonotex, la productora de Raúl Lecouna, con protagonistas de lujo: Cecilia Doppazzo y Arturo Puig. La muchacha salvaje y el galán maduro se cansaron de dar notas; hubo revistas que los siguieron a Broadway para acompañarlos a ver The Phantom... según la versión musical de Andrew Lloyd Weber; se fatigaron páginas y páginas que hablaban de la version argentina del fantasma francés; del presentador que sería nada menos que el asustante señor Narciso Ibáñez Menta. El Fantasma nacional sería un trhiller erótico emitido a las 22 horas, supuestamente por Telefé. Se vería en treinta capítulos. Los exteriores, a principios de 1995, supuestamente habían comenzado a grabarse en el Teatro Colón. Pero de tanto anuncio no quedó nada y se rumorea que no se grabó una sola toma. Los simples espectadores, por suerte, tienen un alto grado de tolerancia a este tipo de desencantos. No así quienes invierten miles de dólares en los proyectos.
Federico Palazzo, el actual director de Alén, luz de luna , está indignado. No es para menos. Fue director y productor de un piloto que se anunció con bombos y platillos, "el" proyecto de la temporada 96. Se terminó a fines de 1995 y todos apostaban a que los canales iban a pelearse por comprarlo. La venta a España estaba asegurada y se llamaba Hasta el fondo ; se grabó un capítulo y aguardaban, ya escritos, los 13 siguientes. En el número 13, precisamente, se preveía la participación de Marcello Mastroianni. Los actores - entre ellos Hugo Arana, Julieta Ortega, Ana María Picchio, Tincho Zavala, Martín Gianolla- más el equipo técnico sumaban 60 personas. Grabaron en horas ingratas durante un mes en La Boca un thriller psicológico con ciertos toques de realismo mágico y con un costo aproximado de 70 mil dólares por capítulo. En el final del primero Julieta Ortega - una prostituta- , y Hugo Arana - un cafishio- hacían el amor en una sala de hospital público mientras desde el techo caían pétalos de jazmines. Cosas por el estilo se verían durante todo el ciclo.
- Yo quería hacer algo con el realismo mágico, que se usa muy poco en la televisión argentina. Pero fue muy kamikaze, totalmente independiente - se amarga Federico Palazzo-. Gasté muchísima plata, los remises pasaban a buscar a los actores, y había una motorhome sólo para ellos. Fue la primera producción para televisión con sonido Sony sorround . Se hizo una avant premiere en La casa de los naranjos, fue toda la prensa, el programa fue mencionado por los diarios como el gran evento de la temporada, todos se iban a pelear por el producto. Al final, salvo en canal 13 donde nos dijeron que no con mucho respeto, de los demás canales no obtuvimos respuesta. Lo llevé a todos. En Telefé me dijeron que lo dejara en vigilancia.
Rodolfo Hermida dirigió el piloto de Tercer Tipo , un programa conducido por Lalo Mir que está presentándose en los canales sin ninguna respuesta por el momento. El piloto se grabó en El dorado, y consistía en una cena estrafalaria entre algunos invitados y el conductor. Los invitados tenían en común la soledad: separados, divorciados, viudos, solteros, travestis, bisexuales.
- El problema con el piloto es que el costo no es proporcional - dice Hermida-. Hacer un piloto de buena calidad cuesta entre 15 y 20 mil dólares. También hay que hacer apertura del programa, que hoy se ha instalado como una necesidad casi de packaging y eso es muy caro, se usa tecnología digital y puede consumirte el 30 por ciento del presupuesto total. Todo eso en un ciclo estaría promediado. En un piloto, todos los costos se dividen por uno. Lo que uno espera de las autoridades de los canales es una mayor claridad, que verbalicen: "estamos buscando programas de tal tipo". Siempre va a tener mejor información alguien que está trabajando dentro del canal que alguien que está desde afuera y la mecánica es errática, a lo mejor un piloto entra porque de casualidad lo vio alguien en el momento justo.
Jorge Guinzburg es sin duda alguien que está dentro de los canales. En 1995 presentó una idea en el 13. Los directivos pusieron cara de felicidad y pronunciaron la frase mágica: "Hacelo y lo vemos". Julián Weich era el protagonista de este programa que se llamó El club del espanto . La historia transcurría en un colegio secundario donde un profesor (Weich) imaginaba en sus horas libres aventuras de terror y suspenso protagonizadas por él y sus alumos. En el piloto actuaron Silvia Pérez y Julián Weich pero cuando mostraron el piloto los directivos del 13 dijeron que la idea original apuntaba a un público infantil y que el programa obtenido era para adolescentes. Resultado: gracias, ya tenemos.
Otra frustración fue la de 2096, argentinos en el espacio , producido y dirigido por Paternostro en 1994. Era un programa semanal, de ciencia ficción: en el año 2096 estalla una guerra intergaláctica y la Argentina envía al espacio una nave, para no ser menos. La nave, atada con alambre, se las arregla muy bien a fuerza de ingenio y viveza criolla. En su interior se desarrollan historias de amor, traición y desengaños, como en cualquier barrio porteño a la luz de un farol. A los directivos del 13 les gustó, pero cuando lo enviaron a testeo, los comentarios fueron "es una historia muy rebuscada, poco atrapante". El resultado una vez más: no, gracias.
Igual suerte corrieron Piso cuatro (1996), del dibujante Carlos Garaycochea (una serie de sketchs graciosos través de los cuales se describía la vida de una familia, al estilo Los Benvenutto ), y la hasta ahora no concretada negociación con Telefé y la producción argentino - israelí Rostro de venganza (teleteatro con Gustavo Guillén, Andrea Barbieri, Viviana Sáez, Alfonzo de Grazia, con más de treinta capítulos grabados). El piloto de Julio Vargas en el que actuaban Leonardo Sbaraglia e Inés Estévez coproducido por Estudio Mayor para el 9, quedó en la nada.
- Sbaraglia hacía de periodista melancólico y deprimido, Inés Estévez de la novia y yo de amigo - dice Gabriel Goity- . Fue muy serio, nos pagaron, pero Sbaraglia e Inés vieron el piloto, se deprimieron y dijeron que no querían formar parte del programa.
La productora independiente El atajo ha producido varios pilotos aunque no todos llegaron a buen puerto. A principios de 1996 grabaron un piloto que condujo Lalo Mir, llamado Animal de Tránsito . Un comando munido de cuatro cámaras salía por las calles a registrar infractores de tránsito. Las cámaras estratégicamente diseminadas grababan a los infractores y los interceptaban para recriminarlos. En el piso, Lalo presentaba cada uno de estos bloques. Pero el piloto no obtuvo respuesta. Los productores creen que se debe a que todavía no conocen a los directivos de los canales: "no hacemos contactos y así es muy difícil". Pero El atajo es incansable. A principos de 1996 idearon El viajero , cámara viajera con argumento de ficción, un programa narrado y viajado por Douglas Vinci, con mucha voz en off, ficción y viajes por el interior de la Argentina sin falsa melancolía por la tierra que no conocemos y el país que no miramos. Enrique Mármora, uno de los productores, dice que todavía no hubo suerte, pero la confianza sobra y el piloto seguirá en carrera en 1997. Otro proyecto de la productora y el videasta Raúl Perrone fue llevado adelante a fines de 1995. Se trata de No seas cruel , una serie con capítulos de treinta minutos al estilo de las viejas series como El agente 86 y El fugitivo . - La escenografía - dice Enrique Mármora, uno de los productores artísticos- está trabajada con maquetas, la mayoría de las escenas se graban en estudios donde se arman escenografías para los interiores y los exteriores.
El proyecto es de trece capítulos y hasta hoy llevan grabados algo así como siete. Dos policías de civil deben solucionar casos en los que siempre fracasan. Los protagonistas son El jefe (Carlos Briolotti) y Zanabria (Mauro Alchuler), la acción transcurre en una ciudad indefinida, en un tiempo que se desconoce pero se intuye. Quizás los años cincuenta. Quizás en Buenos Aires. En diferentes capítulos y en un marco universal y atemporal actúan como invitados Adrián Otero, JAF, Horacio Embón, Jhony Tedesco, Cecilia Laratro.
Hacer un piloto es a veces la única salida para llevar a cabo el proyecto soñado, el túnel que desemboca directamente en el corazón suave de la ilusión. Es, también, salir al ruedo y dar batalla desnudo, sin banderilleros, sin capa, sin traje de luces. Sin fanfarria. Juan Castro, el conductor de Zoo , programa de los jueves a la noche por América 2, dice que durante sus años de trabajo en el noticiero de Telefé anotó en un cuaderno todas sus ideas.
-Mientras trabajaba en el noticiero tiraba ondas para hacer algo distinto y nadie me llamaba. Nadie me decía "Che, pibe, por qué no hacemos tal cosa?". Entonces yo dije "Lo tengo que hacer yo solo".
Llevó su cuadernito a América dos. El canal se interesó, pagó un piloto, pagó otro más, y después de meses de trabajo, el programa está en el aire.
José Peluffo dejó ahorros -8000 dólares- en la grabación de un programa para chicos llamado Y a mí qué , con conducción propia y secciones en las que participaban Fabio Posca y Pipo Cipollatti. José pagó comida, combis para transportar a los actores, jet ski por el Delta, lancha por el río. El programa intentaba enseñarles a los chicos los reglamentos y la práctica de todos los deportes.
- Pipo les enseñaba música, revalorizábamos la figura de los abuelos a través de un personaje que era viejo y que tenía una librería. Lo presenté en un par de canales y dijeron que no. Igual no va a morir hasta que me dé cuenta que es imposible.
La esperanza no se pierde jamás. Si no, basta ver el caso de Bajamar , la miniserie de cuatro capítulos protagonizada por Germán Palacios, producida por Teresa Constantini y dirigida por Fernando Spiner.
- Tuvimos en el 13 una reunión, en 1995 y les contamos la idea y dijeron "Tráiganlo cuando lo tengan" -se sonríe Teresa-. Cuando lo vieron dijeron "Ahora no lo queremos". Ahí empezó una peregrinación por los canales. Estuvimos con la miniserie un año guardada. Y al final compró el 9. Igual, grabar pilotos no es lo ideal. Si tenés la plata, lo mejor es largarte a hacer todo el proyecto, porque o presentás un piloto y tenés quince libros escritos, por las dudas que te digan OK y tengas que salir al aire en quince días, o con la velocidad de la televisión no podés mantener nunca la calidad de lo que presentaste.
Damián Kirzner, de Profilm, hizo Sorpresa y media , y ahora produce Patas para arriba , y Señoras y Señores . Pero no siempre les ha ido bien.
- Cuando se decide hacer un programa desde la productora - dice Kirzner- analizás qué necesidades hay en los canales, cómo está la grilla de programación. Tiene que ser un producto artísticamente deseable y económicamente rentable. Mucha gente se larga a hacer pilotos independientes y desconocen el manejo empresarial, pierden muchísima plata. Nosotros hicimos un piloto de un documental de aventuras que se llamaba Proyecto tierra conducido por Juan Segundo Stegman con elementos de ficción pero no interesó. Por año nos quedan cinco proyectos sin concretar, algunos que llegan a piloto y otros no.
Las productoras, que sólo tienen a su cargo dos o tres programas, ponen todo su empeño en esas dos o tres joyas que son su pan de cada día. En los canales no queda tiempo para atenciones puntuales ni mimos de preferencia.
- El año pasado fue el año del piloto - dice Leonardo Bechini, director de Poliladron -. Lo que pasa es que los canales convocan poco y los actores generan su propia propuesta. Pilotos pueden hacer todos. El tema es la llegada al canal. Es como escribir una gran novela y que no te la lea ningún editor.
Bechini está grabando el piloto de un programa llamado El signo y confía en que la grabación del piloto es apenas una formalidad. - Es una mezcla de Z la película de Costa Gavras, con La zona muerta de Stephen King. Están Carolina Papaleo, Germán Palacios, Arturo Maly, Horacio Ranieri, Soledad Villamil, Salo Pasik. Son un periodista, una médica y un músico que por distintas causas se juntan en un lugar y tienen que enfrentarse a un poder supuestamente satánico. El canal vio el libro y le interesó, saben cómo trabajo, el paso siguiente es hacer el primer programa. Pueden verlo y decirme que no les gusta. Pero los riesgos son menores, aunque en tele empezás de cero siempre. Si me va mal en esto, tengo que empezar de nuevo.
Durante 1996, Adrián Suar, el chico de oro, grabó un piloto llamado Pizza y café , una mixtura entre Polémica en el bar y Los Machos en el que participaron Juan Acosta, Gabriel Goity, Pablo Cedrón, Juana Molina, Alejandro Urdapilleta, Diego Peretti, Gonzalo Urtizberea. Ensayaron dos meses, tres veces por semana, grabaron dos pilotos, incluyeron a Atilio Veronelli en los libretos, lo presentaron en canal 13 y el canal dijo nones.
- Era una idea buena - dice Juan Acosta- . Es una pena cuando uno ve que todo esto que tiene que ver con los holdings o el ABC1 o el ABC qué sé yo... creen que a la gente hay que darles moldes más digeribles. Con los pilotos los canales se ahorran guita. Cada vez corren menos riesgos. Ven el piloto y si quieren te contratan o no. Antes te llamaban, ahora no corren riesgos, salvo que seas un número puesto como Susana Giménez.
Aún sobre seguro nada es seguro. Casos, a montones: XX XY , un proyecto conducido por Alejandro Rial para América 2, El ojo blindado , proyecto para canal 9 producido por Rock and Pop, Chicas malas , producción para América 2 de Guillermo Muriel, son sólo una punta de iceberg cimentado en un fondo de gélidas frustraciones.
Quince personas en la producción de XX XY - investigación periodística semanal sobre la vida sexual de los argentinos- trabajaron durante dos meses y editaron material para seis emisiones corriendo contra reloj, porque supuestamente salía al aire un viernes de mediados de año, a las 23 horas. Llegó el día, se anunció el programa en las promociones del canal, en las agendas de las revistas, en notas de medios especializados, hubo afiches en las calles. El rostro de Alejandro Rial en América dos anunciaba "El viernes a la noche van a tener sexo... y no me diga que le duele la cabeza".
Pero la salida al aire se postergó una, dos, tres veces. Todo termino diluído en explicaciones vagas. La fecha de emisión, por ahora, es nunca.
- Cuando terminamos mi programa anterior, Informe Especial , hablé con Eurnekián y me dijo que quería un proyecto osado - cuenta Alejandro Rial en un bar a unos pasos del canal de sus desvelos-. Le dije que en la Argentina hay dos pasiones: el fútbol y el sexo. Y me pareció que un programa sobre sexo iba a ser un golazo.
Gente común hablando de sus preferencias y sus fantasías. El canal financió la producción de principio a fin. Nadie perdió nada, salvo su tiempo y las ilusiones. Rial cree todavía que el programa sería furor, de los que muerden. Las mujeres de cincuenta contaban cómo habían perdido la virginidad, los ciudadanos desnudaban su fantasía más húmeda frente a una cámara discreta. Había secciones fijas, investigaciones especiales sobre sadomasoquismo, swingers, sexo cibernético. Pero el canal adujo que no quería ese perfil de programa en su pantalla.
- Había una sección en un sex shop para la gente que no se animaba a entrar. Le mostrábamos cómo era, el dueño mostraba los productos, las muñecas inflables, esas cosas. Poníamos una cámara en las vías del tren, una mesa y un grupo de personas: amas de casa, jubilados o camareras de la Recoleta que hablaban de sexo. Y otra era un cara a cara. Un tipo o mujer hablando conmigo de su vida sexual.
Otro tanto sucedió en América con un proyecto que producía Guillermo Muriel y que se llamaba Chicas Malas . Las protagonistas eran María Carámbula, Virginia Inoccenti y Gabriela Toscano, en un elenco complementado por Alejandro Aguada, Oscar Ferrigno (h), Cristina del Valle, Rubén Green y Pablo Novak. Trabajaron tres días, diez horas de grabación en exteriores, y 52 horas la posproducción, el plto fuerte del programa: virado de colores, imágenes de una cámara casera que se editaban con las realizadas por camarógrafos profesionales.
- Eran tres mujeres que trabajaban en una agencia de publicidad - explica Muriel-. Tres chicas de clase media de Quilmes o de Almagro, metidas en un trabajo donde se mueve otra realidad de poder socioeconómico. Era una tragicomedia. Estas chicas buscaban al hombre de su vida en cualquier lado, menos donde podía estar. Y bueno, su única meta era que llegara el viernes para irse a bailar.
El canal pagó el piloto. Los actores cobraron un salario y firmaron un contrato: en caso de que el proyecto cuajara, quedaban contratados para la continuidad del programa. Hubo, como corresponde, notas en las revistas, promoción, pastillitas de chismes contando que la Carámbula, y la Inoccenti, y la Toscano...etcétera.
- Terminamos y les gustó. Se hizo un testeo y dio positivo. Siguió para adelante. Y de un día para otro nos dijeron " Por ahora no se hace"... Ojo, a lo mejor sale en abril del 97.
Los peso pesados también llevan las de perder. Como Daniel Grinbank y su productora Rock and Pop cuando intentó hacer durante 1996 un programa diario para la medianoche de canal 9: El ojo blindado . El productor general fue Alberto de Ritis, ahora al frente de Estación 95, la nueva radio de Grinbank. De Ritis sonríe irónico en su oficina de vidrio.La radio bajita y el aire acondicionado a todo galope. Atmósfera gélida para mucho enojo.
- Fue el canal el que nos propuso tomar el horario de la medianoche. Hicimos una coproducción con Estudio Mayor. Ellos ponían la parte técnica, los fierros, y nosotros la producción artística. Habíamos contratado al Mariscal Romero, Pablo Marcovsky, Carla Ritrovatto, Pipo Cipollatti. Los viernes salía en simultáneo de dos estudios. En uno tocaba una banda permanentemente y sacábamos uno o dos temas al aire desde el otro estudio. Pipo tenía secciones especiales, historias apócrifas de asesinos famosos, millonarios olvidados, deportistas reconocidos, con edición de material de archivo, cinco minutos que eran un programa en sí mismos. Había investigaciones marginales - los boxeadores que se emplean en Manliba para entrenar, el mercado negro de los huesos humanos en los cementerios- , y entrevistas fuertes en el piso hechas por el Mariscal a travestis con su familia, a tipos tatuados de pies a cabeza.
Teníamos un concurso por un auto cero kilómetro: el público llamaba por teléfono y si contestaban bien, una de las chicas del ballet se iba sacando una prenda. El que lograba contestar las cinco preguntas desnudaba a la chica y además se llevaba el auto.
Empezaron a trabajar en junio de 1996 para salir con seguridad en agosto. Pero llegó agosto y se postergó para septiembre. Después para octubre. Finalmente se cansaron.
- Teníamos el primer mes de programas cubiertos y un mes en parrilla- dice De Ritis-. Perdimos, entre Estudio mayor y la Rock and Pop, más de cien mil dólares.
Lo que demuestra que un "si"es un "más o menos"entre los brazos catódicos de la tele. Sin embargo, los pilotos no tienen mala prensa: hay quienes, como Pipo Cipollatti, los comparan con los demos que se presentan en las compañías discográficas, un paso de muestreo necesario para que el tifón de proyectos no sea inmanejable. Porque participar de un piloto para ver qué pasa es común a todos los actores, los directores y los productores, más allá del prestigio, la trayectoria o la experiencia. Diego Guebel, al frente de la productora Cuatro Cabezas, exitoso piloteador de Caiga quien caiga y El rayo , grabó en 1994 el primer programa de Zootv, un magazine con notas de actualidad, recitales,estrenos e investigaciones periodísticas que conducían Andrea Castro y Paki Galé. El programa fue rechazado por canal 9. Nada a lo que Guebel no estuviera acostumbrado. Cuando la productora Cuatro Cabezas presentó el piloto de El Rayo en canal 13 - 20 minutos editados al milímetro después de dos meses de ideas y ajuste- dijeron que el programa tenía cosas buenas pero que Déborah de Corral "no podía conducir nada". En Telefé no interesó el programa, pero si Deborah como conductora. Eurenekián vio el piloto en América 2, le gustó y alzó el pulgar. El piloto fue la mitad del primer programa de El Rayo .
- El negocio de los canales está en que cuentan con cien productoras independientes que les presentan pilotos, entonces ellos miran y eligen tres -dice Guebel-. Un canal jamás puede hacer cien pilotos para elegir y armar tres programas.
Frente a la avalancha actual, los canales sólo pueden prestar atención a unos cuantos pilotos por año. Pero nunca se sabe si bajo la inofensiva apariencia de un cassette olvidado no acecha la comedia exitosa, los cuarenta puntos de rating a las nueve de la noche del año entrante. Allí, desde las repisas, aguardan los proyectos prolijamente editados, postproducidos y actuados a pulmón. Los pilotos asfaltan el camino de los sueños.
Y la mayoría, por el momento, quedará en asfalto.
El horror
El hombre- piloto Gabriel Goity es ahora feliz integrante del elenco de Señoras y señores , pero antes de eso estuvo sin trabajo y durante un año participó de 12 pilotos. Fue uno de los integrantes del elenco de Pizza y Café , el fallido de Adrián Suar, y del "número puesto"Julio Vargas.
-Hice uno con Rubén Stella y Juan Carlos Baglietto. Baglietto y yo tuvimos que estar una hora y media tirados sobre el capó caliente de un auto porque el director quería lograr una toma. Me sentía un bife de cuadril, nos tiraban agua, como a Flipper. Ah,sí... otra vez hice de guerrero en Mar del Tuyú. Con Julian Howard.
La voz se le repliega, nunca se sabrá si de risa o de dolor. Recuerda cómo se subió rumbo a la costa - pleno agosto- en un ómnibus escolar al que se le rompió el eje, cómo dijo que sí a las dunas endiabladas de Mar del Tuyú a cambio de una hostería, una cama abrigada y buena comida, y cómo nunca tuvo ni agua, ni cama ni plato en la mesa.
- Estábamos con Julian Howard vestidos de guerreros intergalácticos en las dunas. Un frío tremendo, vestidos con taparrabos y capas de arpillera. De pronto el conductor del micro se peleó con el productor y se fue con toda nuestra ropa y nos quedamos Julian y yo vestidos de intergalácticos, haciendo dedo muertos de hambre, de frío, sin un peso, en una hostería que era peor que una celda de cárcel, sin agua caliente, con los vidrios rotos, sin frazadas. Yo lo miraba a Julian, medio que lloraba y le decía "Ya somos gente grande usted y yo. Para qué hacemos estas cosas". Será que tengo el sí fácil, o que me aburro en casa. Me contaron que ese piloto ganó un premio en un festival de Nueva York, y que yo gané el premio a mejor actor. La crítica decía que mi actuación transmite todo el patetismo y el horror de la guerra. Claro, cómo no. Si eso era el horror, el horror.
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