
Pulsión
Es una invitación a observar qué necesita decir nuestro cuerpo y nuestra mente
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Hay actos naturales que irrumpen, inevitables, como quien sale de un tambor rompiendo la tela o el parche. La mente y el cuerpo se expresan; necesitan decir, siempre. Si bien el límite es delicado, en este contexto no deberíamos confundir pulsión con instinto. Freud se encargó de hacer claras las diferencias. Instinto es la respuesta o descarga circunstancial y liberadora ante una tensión. La pulsión, por su estructura más compleja de naturaleza somática, nunca termina de satisfacerse. Pareciera ser algo más que una descarga temporaria.
Lo que para los animales sería instinto de supervivencia, para el hombre es necesidad de auto-conservación. Hay un paso más allá. Con perdón de los psicoanalistas, esta simple explicación a la que hemos reducido el concepto de pulsión es una invitación a mirar qué se cocina, a "silencio lento", en nuestra gran olla de cuerpo, mente y espíritu. ¿Qué necesitan decir nuestro cuerpo y nuestra mente?
No resumamos todo a una simple reacción o fast food. Somos mucho más que un rapto, un grito, una descarga sexual… Hay una causa, un motivo, una intencionalidad, una meta. Hay una historia, un aprendizaje, un estilo, un contexto. Interpretar una conducta como un simple "arranque compulsivo" sería evitar la exploración del verdadero deseo, de los motivos y necesidades más auténticas, de la "falta", como diría Lacan, posterior a Freud.
¿Por qué actuamos como actuamos? ¿Por qué decimos lo que decimos? ¿Por qué no decimos? ¿Qué pasa cuando callamos? ¿Cuál es nuestra verdadera intención? ¿Cuál nuestro propósito vital, tomando conciencia plena de nuestras pulsiones?






