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Butch Cassidy, en tierras criollas
El famoso bandolero vivió en la Patagonia, junto con Sundance Kid . Escapaba de la policía de EE.UU.. Un minucioso y simpático film cuenta su paso por el país
- "Me parece tan buena esta parte del mundo que ya me establecí. Tengo 300 cabezas de vacunos, 1500 ovinos, 28 caballos, galpones, establo, gallinero... Creo que me quedaré aquí para siempre." Butch Cassidy había logrado escapar, en 1901, de las autoridades de EE.UU. Sundance Kid lo acompañaba, como siempre. Según el clásico film de George Roy Hill, protagonizado por Paul Newman y Robert Redford, ellos viajaron a Bolivia. Pero otra fue la historia. El destino de la dupla, que viajaba con la mujer de Sundance (Ethel Place), fue el sur de la Argentina, donde vivieron más de cinco años, se establecieron como distinguidos hombres rurales y eran respetados por su estilo "gringo" y sus habilidades como arrieros. "Lo único que me falta es una cocinera, ya que sigo en estado de soltería y a veces me siento muy solo", escribió Butch en una de sus cartas al Norte, que se reproducen en un documental presentado en el festival marplatense. "Viajábamos mucho al Sur, filmando los viajes de egresados para Río Estudiantil. Trabajábamos también en publicidad, hasta que nos hartamos y decidimos hacer otro tipo de cosas", comentan Matías Gueilburt y Julián Rousso, realizador y productor de Butch Cassidy en Patagonia . "La casa que ocuparon en Cholila -opina Gueilburt- hoy se cae a pedazos. Son cosas que sólo pasan acá. Es como que a nadie le importa."
El film, que costó cerca de 100 mil dólares, es el primero de quince Historias de fin del mundo , documentales para TV que, en los próximos meses, la dupla filmará también en la Patagonia.
La gran aventura de filmar a seres invisibles
El francés Jean-Michel Roux realizó un documental sobre mundos mágicos en Islandia. Dice, convencido, que los elfos lo guiaron en el rodaje. La película fue una de las perlitas exhibidas en el Festival de Mar de Plata
- La intérprete francesa no puede creer lo que está escuchando. Abre los ojos, se ríe y, cada vez más incrédula, repregunta los temas a medida que avanza la entrevista. Es que Jean-Michel Roux es un tipo serio, y de ninguna manera parece estar hablando en broma. El comienzo de la historia se remonta a principios de los años 90: "Buscaba una isla para filmar mi primer largo y me encontré con Islandia. No conocía nada de ese país, me parecía exótico. Björk no era famosa todavía y la gente confundía Islandia, Irlanda, Finlandia..." Aquel primer largometraje nunca se hizo, pero en un viaje de producción surgió la extraña idea de... filmar a los elfos. "Me habían contado que muchos islandeses creen en estos seres, y una noche, cenando con la gente que me hospedaba, pregunté qué pensaban de ellos. Las caras se alargaron. Dejaron de comer y se quedaron mirando el plato de sopa. Ahí entendí que era una pregunta muy íntima, y que en la campiña, en la ciudad, en las granjas... todo el mundo tenía algo que contar."
Roux volvió a París, pero quedó obsesionado. "Muchos años después, Canal Plus me propuso hacer un documental, y yo ofrecí hacer algo con los elfos. No tenía la menor idea de qué iba a filmar, así que volví a viajar y me encontré por primera vez con clarividentes, con mediums . No eran chantas, sino personas que hacen su vida. Algunos crían ovejas, otros son profesores o amas de casa. No hay grupos, no hay sectas... No hay manipulación de la gente."
Su film, Enquête sur le monde invisible (2003), cuenta con muchos testimonios, bellísimas reconstrucciones y varios recorridos en busca de seres invisibles, según indicios bastante particulares: "En algunos lugares no sabía muy bien qué filmar, pero los elfos me tocaban el hombro y me iban guiando hacia lugares que resultaban fabulosos. Así, por primera vez, comencé a pensar que la inspiración viene un poco de otras partes, como las musas en la mitología griega". Según explica el cineasta, en el mundo invisible hay también "fantasmas, guías, ángeles... Aprendí, conversando con los islandeses, que los elfos viven en un mundo paralelo, donde sólo unos pocos de ellos pueden vernos a nosotros. Les cuentan a los demás que existen seres humanos, y los otros les responden "nooo, ¿qué decís?". Los elfos que nos ven son también como mediums , que a veces pueden densificarse un poco para intervenir en nuestro mundo y, por ejemplo, tocarnos el hombro".
Hasta entonces, Michel no creía en seres invisibles. "No era una fantasía personal. Al escribir de ciencia ficción, estaba abierto de mente, pero nunca había reflexionado en la presencia de fantasmas, y menos de elfos. Pero no hice la película para ver si hay vida después de la muerte, aunque sí para entender más sobre las cosas. Es muy excitante saber que la vida es mucho más amplia de lo que uno pensaba." El film está dando la vuelta al mundo en festivales como Toronto, Sundance y Mar del Plata.






