
Qué revela la “teoría del carrito” sobre una persona, según la psicología
La especialista María Escaplez señala que las personas pueden reconocerla como la conducta adecuada, a pesar de que no haya una sanción directa por no hacerlo
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Devolver el carrito del supermercado después de hacer las compras parece una acción pequeña y rutinaria, pero una corriente de análisis sobre el comportamiento humano ha convertido este gesto en una forma de hablar sobre responsabilidad, empatía y autocontrol.
La llamada “teoría del carrito de supermercado” plantea que, cuando nadie obliga a una persona a regresar el carro, la decisión puede reflejar su disposición a cumplir una norma social por iniciativa propia.
La idea ganó espacio en redes sociales y volvió a ponerse sobre la mesa a partir de las reflexiones de María Escaplez, psicóloga, escritora y conferencista, quien compartió con sus seguidores una publicación sobre los carros que quedan abandonados en los estacionamientos de los supermercados.
Sin embargo, esta distinción, por sí sola, no permite determinar la personalidad o la moralidad de una persona. Se trata de una teoría popular que sirve para discutir determinados comportamientos sociales, no de una prueba psicológica con la que pueda clasificarse a alguien.

¿Qué es la llamada “teoría del carrito de supermercado”?
Una persona termina sus compras, descarga los productos en el vehículo y tiene dos posibilidades: llevar el carrito hasta el punto dispuesto por el supermercado o dejarlo en el estacionamiento para que otra persona se encargue de recogerlo.
La denominada “teoría del carrito de supermercado”, explicada por Escaplez, plantea que este escenario resulta interesante porque no suele existir una consecuencia inmediata para quien decide abandonar el carro. Tampoco suele haber una recompensa por devolverlo.
Precisamente por eso, la experta considera que la decisión puede mostrar hasta qué punto una persona actúa de acuerdo con una norma que reconoce como correcta incluso cuando nadie la está vigilando ni obligando.
María Escaplez contó que conoció esta teoría después de publicar en sus redes sociales una fotografía de un carrito abandonado en el estacionamiento. Según relató en un video, inicialmente había planteado que alguien alguna vez había relacionado el nivel de empatía de las personas con la cantidad de carros que dejan abandonados en los parqueaderos.

Después de aquella publicación, aseguró que recibió numerosos mensajes privados y que uno de ellos le llamó especialmente la atención porque hacía referencia precisamente a esta teoría.
¿Por qué devolver el carrito puede relacionarse con la responsabilidad?
La explicación que recoge Escaplez parte de una idea sencilla: llevar el carrito de vuelta no suele representar una dificultad significativa y, al mismo tiempo, es una conducta que la mayoría de personas reconoce como apropiada.
En ese sentido, la teoría plantea que el comportamiento puede interpretarse como una expresión de autogobierno, entendido como la capacidad de actuar conforme a una regla o principio sin necesidad de una vigilancia externa.
Escaplez lo explica al señalar que “la moralidad y capacidad de las personas para autogobernarse” podrían observarse en una acción tan simple como regresar el carrito al lugar destinado para almacenarlo.
La psicóloga también plantea que pueden existir excepciones. Una persona podría abandonar el carro porque tuvo una emergencia o porque ocurrió una situación inesperada que le impidió devolverlo. Por eso, un caso aislado no permite establecer conclusiones sobre la personalidad de quien lo dejó.

El detalle que hace particular a este comportamiento
Uno de los elementos centrales de la teoría es que no devolver el carrito normalmente no genera una sanción individual inmediata. Tampoco existe, en términos generales, un premio para quien cumple con esta tarea. La persona que lo abandona puede marcharse del establecimiento sin recibir una consecuencia directa, mientras que quien decide llevarlo hasta el lugar correspondiente realiza una acción adicional simplemente porque considera que es lo correcto.
“No es ilegal no colocar el carro, pero tampoco nos van a premiar por colocarlo”, explicó Escaplez al desarrollar la teoría. Desde esa perspectiva, la decisión dependería de la voluntad individual y de la disposición a cumplir una norma social aun cuando no exista una autoridad que la haga cumplir en ese momento.
¿Qué rasgos podría reflejar en una persona?
De acuerdo con Global English Editing, el hábito de devolver el carrito se relaciona con características como la conciencia de las normas, la empatía, el respeto por los demás y el sentido de responsabilidad. La lógica es que quien devuelve el carro no solo piensa en terminar su propia compra, sino también en evitar que otra persona tenga que recogerlo o que el objeto termine obstaculizando un espacio del estacionamiento.
Desde esa interpretación, el gesto también puede asociarse con una conducta organizada y con cierta capacidad de anticipar las consecuencias de las propias acciones. El punto no sería únicamente mantener el espacio ordenado, sino considerar que las decisiones individuales tienen efectos sobre otras personas.

También se relaciona este comportamiento con la escrupulosidad, un rasgo de personalidad que, en psicología, está vinculado con aspectos como la responsabilidad, la organización y la tendencia a cumplir obligaciones.
Sin embargo, una sola conducta no basta para determinar que una persona posee o no un determinado rasgo de personalidad. El comportamiento humano depende de múltiples circunstancias, y una acción cotidiana puede tener explicaciones diferentes según el contexto.
Por su parte, Escaplez resume la idea al señalar que regresar el carrito constituye una tarea sencilla y que las personas pueden reconocerla como la conducta adecuada. La ausencia de una obligación directa es, precisamente, lo que convierte la decisión en el centro de la discusión.
Aunque la “teoría del carrito de supermercado” se ha difundido ampliamente en Internet, no debe confundirse con una herramienta de evaluación psicológica ni utilizarse para determinar si alguien es una persona buena, mala, empática o responsable a partir de ese único comportamiento.
Lo que sí permite es abrir una conversación sobre comportamientos prosociales: aquellas acciones en las que una persona tiene en cuenta el bienestar o las necesidades de otros, incluso cuando no obtiene un beneficio directo.
En el caso del carrito, la decisión puede parecer insignificante. Sin embargo, precisamente por tratarse de un gesto pequeño y cotidiano, se ha convertido en un ejemplo popular para discutir cómo las normas sociales funcionan cuando el cumplimiento depende más de la voluntad individual que de una sanción.
Por Gabriel Gutiérrez
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