Raniero III. La vida del príncipe que hizo de Mónaco el reino del glamour

Dejó una huella imborrable: recibió un principado quebrado y sin destino y lo transformó en un paraíso elegante, donde todos los sueños parecen posibles. Su espectacular boda con la actriz Grace Kelly convirtió su vida en una historia de película
Dejó una huella imborrable: recibió un principado quebrado y sin destino y lo transformó en un paraíso elegante, donde todos los sueños parecen posibles. Su espectacular boda con la actriz Grace Kelly convirtió su vida en una historia de película Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images
Gabriela Grosso
(0)
26 de agosto de 2020  

Raniero Luis Enrique Majencio Beltrán Grimaldi -conocido como Raniero III de Mónaco- amaba la pequeña extensión de tierra en la que nació, el 31 de mayo de 1923. Y sabía que estaba destinado a ser el príncipe moderno que hiciera de esa roca de dos kilómetros cuadrados con vista al Mediterráneo un reino donde todos los sueños parecen posibles. Por eso, aunque la historia de los Grimaldi se remonta a 1297, fue él -casi setecientos años más tarde, cuando accedió al trono en 1950 tras la abdicación de su abuelo, el príncipe Luis II- quien le dio vida, brillo y fama internacional al principado, empeñándose a fondo en las relaciones sociales para conseguir objetivos clave: representación política para su reino, que Mónaco fuera un destino turístico codiciado y, al mismo tiempo, una plaza fuerte de negocios y finanzas.

Educado en Gran Bretaña, Suiza y Francia, el joven príncipe conocía de memoria los códigos de la Europa aristocrática, pero como había servido en el ejército francés durante la II Guerra Mundial (fue oficial de artillería), también sabía de la dureza de la guerra. Dos experiencias que marcaron a fuego su vida y serían los ejes rectores de sus cincuenta y cinco años de reinado: con la presencia de Raniero en palacio y su trabajo incansable como "embajador" de las bondades de su exclusivo paraíso, el nombre del principado empezó a correr de boca en boca entre los millonarios y celebridades del mundo y, rápidamente, se transformó en sinónimo de buen vivir y en el lugar más glamoroso de la Costa Azul. En la medida en que el principado se tornaba un sitio próspero y alcanzaba renombre por su Gran Premio de Fórmula 1 y por el emblemático casino de Montecarlo, el puerto se fue colmando de yachts de lujo.

El día en el que Raniero se convirtió en soberano del principado, a los 26 años, Mónaco lo celebró con cinco días de coloridas fiestas.
El día en el que Raniero se convirtió en soberano del principado, a los 26 años, Mónaco lo celebró con cinco días de coloridas fiestas. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

Durante la ceremonia, el príncipe flanqueado por miembros de la familia real (de izquierda a derecha): la princesa Antonieta, su hermana mayor, la princesa Charlotte, su madre, el príncipe Pierre, su padre, y la princesa Ghislaine, viuda de su abuelo, Luis II
Durante la ceremonia, el príncipe flanqueado por miembros de la familia real (de izquierda a derecha): la princesa Antonieta, su hermana mayor, la princesa Charlotte, su madre, el príncipe Pierre, su padre, y la princesa Ghislaine, viuda de su abuelo, Luis II Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

CAMINO AL TRONO

El caso de Raniero III es único entre las Casas Reales contemporáneas. Su abuelo, Luis II, no tuvo hijos con su esposa, la princesa Ghislaine, razón por la cual el gobierno francés aceptó que reconociese como suya a Charlotte, la hija extramatrimonial fruto de su relación con Marie Juliette Louvet. Entonces, en 1919 Charlotte, la ma-dre de Raniero, se convirtió en Charlotte Grimaldi, princesa heredera de Mónaco y duquesa de Valentinois. Con esa decisión, Luis II salvó el futuro de los Grimaldi en el trono y también, el futuro del principado dado que, según las leyes vigentes, si el soberano monegasco no tiene descendencia, Mónaco pierde su independencia y pasa a formar parte de Francia.

Raniero III -su padre fue Pierre de Polignac, conde de Polignac- tomó el relevo de su abuelo porque, en 1944, su madre renunció a los derechos dinásticos: el 11 de abril de 1950 -Luis II murió el 9 de mayo de 1949-, resultó coronado como trigésimo príncipe de Mónaco y recibió también los títulos nobiliarios de duque de Valentinois, marqués de Baux, conde de Carlades y barón de Saint-Lô. Tenía 26 años.

En el momento de ascender al trono, el flamante soberano se encontró con un tesoro prácticamente inexistente y un reino sin porvenir. Y, para encarar la tarea de reconstrucción que tenía en mente, contó con la ayuda de su amigo, el magnate griego Aristóteles Onassis, quien no sólo lo auxilió con el primer millón de dólares, sino que, además, se hizo cargo de la Société des Bains de Mer, empresa que con el tiempo impulsaría la transformación de Montecarlo hasta convertir a la ciudad en una parada obligada para el jet set que veraneaba en Cannes, Niza y Saint-Tropez. Como príncipe de Mónaco, Raniero también fue responsable de la nueva Constitución de 1962, que redujo el poder del soberano y puso a Mónaco en la lista de las monarquías hereditarias y constitucionales.

UN PRÍNCIPE ENAMORADO

A los 32, el príncipe brindaba una imagen de playboy millonario y atractivo, y aunque tenía apuro por casarse para asegurar la descendencia y que su reino no pasara a ser un protectorado francés, su relación con la actriz francesa Gisèle Pascal no era aprobada por sus súbditos. Así, y siguiendo los consejos de su amigo Ari Onassis, se propuso conquistar a Marilyn Monroe. Pero sus títulos y sus millones no fueron suficiente para que la rubia más famosa se enamorara de él, y Raniero terminó por abandonar el intento de conquista. Sin embargo, el azar estaría de su lado en 1955, cuando le presentaron a la actriz Grace Kelly en el Festival de Cannes -que durante esos días se convertía en la vidriera del mundo- y el destino de los dos se torcería para siempre.

Ella era una estrella de Hollywood: espectacular y distante, había tenido varios romances y roto el corazón de más de un galán de cine. Pero como en los cuentos de hadas, cuando conoció a su príncipe azul supo que se casaría con ese hombre serio, riguroso y apegado al protocolo. Aunque el flechazo fue fuertísimo, Grace dejó Cannes enseguida para volver a Estados Unidos a filmar El cisne. Y Raniero se refugió en palacio, sin poder dejar de pensar en esa mujer que acababa de conocer. Las cartas iban y venían de un lado al otro del Atlántico, cargadas de la pasión que la distancia encendía aún más. Como en un guión de ficción, pero ciento por ciento real. Unos pocos meses más tarde, se comprometieron: él viajó a Filadelfia a conocer a los Kelly y le regaló a Grace un anillo Cartier de oro blanco y amarillo de 18 quilates, con un diamante fancy central y doce diamantes blancos que adornaban la piedra principal. Ella, enamorada, lo lució en casi todo el rodaje de Alta sociedad, su última película. Se casaron el 18 de abril de 1956 y su boda unió a la realeza europea con Hollywood.

El vestido de Grace fue diseñado por la encargada de vestuario de la MGM Helen Rose, que contó con la ayuda de treinta y seis costureras. Encaje de Bruselas en el cuello alto, manga larga, pechera ajustada y falda ondulante de punto de encaje rosa y tafetán, todo con perlas cosidas a mano.
El vestido de Grace fue diseñado por la encargada de vestuario de la MGM Helen Rose, que contó con la ayuda de treinta y seis costureras. Encaje de Bruselas en el cuello alto, manga larga, pechera ajustada y falda ondulante de punto de encaje rosa y tafetán, todo con perlas cosidas a mano. Fuente: HOLA - Crédito: Rex

LA BODA DEL SIGLO

Durante varias semanas se habló de la boda real en buena parte del mundo y, cuando llegó el momento, treinta millones de personas siguieron la ceremonia por televisión. Mientras la actriz que sería princesa se preparaba para el gran día, los Kelly embarcaron en Nueva York rumbo a Europa y, una semana después, fueron recibidos por Grace, quien ya había sido entrenada en ceremonial y protocolo para saber cómo manejarse de acuerdo con su nuevo status.

La ceremonia civil tuvo lugar en el Salón del Trono del Palacio de los Grimaldi y, en ese mismo momento, ella obtuvo sus títulos y se transformó en Su Alteza Serenísima Grace de Mónaco. Al día siguiente, una boda religiosa de las más fastuosas jamás vista: la novia, radiante entre nubes de seda, tafetán y miles de perlas cosidas a mano (el vestido lo había ideado la encargada de vestuario de la MGM, Helen Rose, y escondía el trabajo de casi dos meses de treinta y seis costureras), entró en la catedral de Nuestra Señora Inmaculada para consumar el cuento de hadas frente a seiscientos invitados. Su prometido la esperaba en el altar, vestido con uniforme de gala y todas sus condecoraciones en la pechera. Alfred Hitchcock ofició como padrino y, junto a él, lo más granado de Hollywood estuvo presente. Por el lado del novio se destacaban Aristóteles Onassis, su amigo y confidente, y el rey Faruk de Egipto. Era el final cinematográfico que merecía el love story que tenía suspirando al planeta.

La boda religiosa -que se televisó al mundo- tuvo lugar en el altar mayor de la Catedral de Mónaco frente a seiscientos invitados, y monseñor Paolo Marella, nuncio papal en París, leyóun mensaje especial enviado por el papa Pío XII
La boda religiosa -que se televisó al mundo- tuvo lugar en el altar mayor de la Catedral de Mónaco frente a seiscientos invitados, y monseñor Paolo Marella, nuncio papal en París, leyóun mensaje especial enviado por el papa Pío XII Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

El príncipe Raniero y la princesa Grace fueron llevados desde la Catedral hasta el palacio de los Grimaldi en un Rolls-Royce descapotable, desde donde pudieron saludar a la multitud que se congregó para verlos pasar.
El príncipe Raniero y la princesa Grace fueron llevados desde la Catedral hasta el palacio de los Grimaldi en un Rolls-Royce descapotable, desde donde pudieron saludar a la multitud que se congregó para verlos pasar. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

La invitación a la boda real, celebrada el 19 de abril de 1956
La invitación a la boda real, celebrada el 19 de abril de 1956 Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

El almuerzo fue en el Patio de Honor de Palacio. Allí, los novios conversaron animadamente con sus invitados antes de que el príncipe se levantara para cortar con su espada la enorme torta de bodas de seis pisos.
El almuerzo fue en el Patio de Honor de Palacio. Allí, los novios conversaron animadamente con sus invitados antes de que el príncipe se levantara para cortar con su espada la enorme torta de bodas de seis pisos. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

La pareja real junto a Aristóteles Onassis -amigo y confidente de Raniero- a su regreso de un crucero en el Christina, propiedad del magnate griego.
La pareja real junto a Aristóteles Onassis -amigo y confidente de Raniero- a su regreso de un crucero en el Christina, propiedad del magnate griego. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

PAPÁ RANIERO

Mientras los príncipes se embarcaban en la aventura de hacer de Mónaco un reino soñado, en 1957 nació su primera hija: Carolina Luisa Margarita. Y, un año más tarde, Raniero de Mónaco recibió con felicidad la llegada del varón, Alberto Alejandro Luis Pedro, que le aseguraba la continuidad de su dinastía. Así, mientras el esplendor del principado empezaba a hacerse tangible gracias a sus casinos, su pasión por el circo, el glamour de los bailes a la vieja usanza que Grace recreó con toques norteamericanos y la habilidad del monarca -un auténtico businessman- para la gestión de propiedades, inversiones y acciones, en 1965 nació Estefanía María Isabel, la última hija. Todo resplandecía en una de las familias reales más miradas de Europa. Pero Raniero, el fuerte, el bon vivant, le quedaba mucho por sufrir.

Los soberanos posan con sus hijos, los príncipes Carolina y Alberto, el 4 de febrero de 1965 después del nacimiento de su tercera heredera, la princesa Estefanía.
Los soberanos posan con sus hijos, los príncipes Carolina y Alberto, el 4 de febrero de 1965 después del nacimiento de su tercera heredera, la princesa Estefanía. Fuente: AFP

Papá Raniero compartía con sus hijos la pasión por el esquí. En la foto, los cuatro en Suiza en el invierno de 1970
Papá Raniero compartía con sus hijos la pasión por el esquí. En la foto, los cuatro en Suiza en el invierno de 1970 Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

Durante el verano europeo de 1988, el príncipe disfrutó de unas vacaciones en Cerdeña junto a su hija Carolina y a sus nietos Andrea, Charlotte y Pierre Casiraghi
Durante el verano europeo de 1988, el príncipe disfrutó de unas vacaciones en Cerdeña junto a su hija Carolina y a sus nietos Andrea, Charlotte y Pierre Casiraghi Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

Vestidos de gala, los príncipes posaron en la terraza del hotel Gresham durante una de sus habituales visitas a Londres. Era el año 1960
Vestidos de gala, los príncipes posaron en la terraza del hotel Gresham durante una de sus habituales visitas a Londres. Era el año 1960 Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

CORAZÓN DESTROZADO

El golpe más duro para él fue, sin dudas, la muerte de su mujer en un accidente automovilístico, el 13 de septiembre de 1982. Grace y Estefanía volvían de la casa en Mont Agel, el punto más alto de Mónaco donde la familia tenía una casa llamada "Roc Agel", y aunque nunca quedó del todo claro qué pasó en la ruta (se dice que la princesa tuvo un ataque cardíaco mientras manejaba, pero otras versiones indican que era Estefanía quien iba al volante), lo cierto es que chocaron y pese a que Grace llegó viva al hospital, no lograron salvarla. Su funeral fue tan impactante como lo había sido la propia boda -estuvieron presentes desde Lady Di hasta Cary Grant- y, finalmente, el 18 de septiembre, el cuerpo de la princesa de Mónaco fue depositado en la cripta real. Un Raniero destrozado apareció ante al mundo para despedir a la mujer de su vida.

Después, los años le depararon otros desafíos complicados, como las azarosas vidas sentimentales de sus dos hijas, Carolina y Estefanía, la empedernida soltería del príncipe Alberto (el heredero recién se casó con Charlene en julio de 2011, seis años después de la muerte de su padre).

Sin embargo, y pesar de sus años, el príncipe más amado de la Costa Azul cumplió hasta el final con sus obligaciones: el Baile de la Rosa, el circo, el saludo desde el balcón de palacio cada 19 de noviembre (Día Nacional de Mónaco) eran citas sagradas para él. Murió el 6 de abril de 2005, tras quince días de agonía. Y así cerró el capítulo más intenso de la historia del pequeño país mediterráneo. Tenía 81 años y una fortuna estimada en dos mil millones de euros.

El funeral, con la presencia de miembros de las Casas Reales de toda Europa, fue en la Catedral de San Nicolás el viernes 15, donde Raniero fue inhumado junto a su adorada Grace. Tras su muerte, el príncipe heredero, Alberto, tomó las riendas del principado, y asumió las responsabilidades dinásticas con naturalidad, tal como lo hubiera querido su padre.

En uno de los últimos retratos oficiales que se hicieron juntos antes de la muerte de ella, los príncipes conmemoran su 25 o aniversario de boda
En uno de los últimos retratos oficiales que se hicieron juntos antes de la muerte de ella, los príncipes conmemoran su 25 o aniversario de boda Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

El 18 de septiembre de 1982, un desconsolado Raniero caminaba tras el féretro de la princesa Grace, que murió en un accidente de tránsito cinco días antes. Sus hijos Carolina y Alberto lo secundaron.
El 18 de septiembre de 1982, un desconsolado Raniero caminaba tras el féretro de la princesa Grace, que murió en un accidente de tránsito cinco días antes. Sus hijos Carolina y Alberto lo secundaron. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

La princesa Carolina, Ernst August Hannover, el príncipe Alberto, Charlotte Casiraghi, la princesa Estefanía, Andrea y Pierre Casiraghi, a su llegada a la Catedral para darle el último adiós al príncipe Raniero.
La princesa Carolina, Ernst August Hannover, el príncipe Alberto, Charlotte Casiraghi, la princesa Estefanía, Andrea y Pierre Casiraghi, a su llegada a la Catedral para darle el último adiós al príncipe Raniero. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

El cortejo fúnebre -seguido por Odín, la inseparable mascota de Raniero- acompañó el último viaje del príncipe hacia la Catedral de Mónaco, donde sus restos descansan junto a los de la princesa Grace.
El cortejo fúnebre -seguido por Odín, la inseparable mascota de Raniero- acompañó el último viaje del príncipe hacia la Catedral de Mónaco, donde sus restos descansan junto a los de la princesa Grace. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

Disfrazados, Raniero y Grace se divirtieron con Sophia Loren en una de las famosas fiestas que se celebraban en el principado a principios de los años 70
Disfrazados, Raniero y Grace se divirtieron con Sophia Loren en una de las famosas fiestas que se celebraban en el principado a principios de los años 70 Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

A mediados de los años 70, retrato de la familia real al completo durante una tarde de paseo por el campo
A mediados de los años 70, retrato de la familia real al completo durante una tarde de paseo por el campo Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

Como todos los 19 de noviembre, Día Nacional de Mónaco, el príncipe saluda desde el balcón de palacio. En ese año 1997 lo acompañaron sus tres hijos, los príncipes Carolina, Alberto y Estefanía, y tres de sus nietos, Andrea, Charlotte y Pierre Casiraghi.
Como todos los 19 de noviembre, Día Nacional de Mónaco, el príncipe saluda desde el balcón de palacio. En ese año 1997 lo acompañaron sus tres hijos, los príncipes Carolina, Alberto y Estefanía, y tres de sus nietos, Andrea, Charlotte y Pierre Casiraghi. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

Padre e hijo durante una jornada de trabajo en 1998. Raniero ya estaba preparando a Alberto para cuando llegara el momento de sucederlo.
Padre e hijo durante una jornada de trabajo en 1998. Raniero ya estaba preparando a Alberto para cuando llegara el momento de sucederlo. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

Retrato de Raniero en palacio, frente a una pintura de la princesa Grace, tomado en junio de 1989 con motivo de cumplirse cuarenta años de su reinado.
Retrato de Raniero en palacio, frente a una pintura de la princesa Grace, tomado en junio de 1989 con motivo de cumplirse cuarenta años de su reinado. Fuente: HOLA - Crédito: Getty Images

Conforme a los criterios de

Más información
ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.