
Reflexiones irónicas, imaginarias y en blanco y negro
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Un mes atrás, en el Museo Reina Sofía, en Madrid, un cartel abrazaba unas fotos con la frase: "Buenos Aires. No tocar". Eran las obras del español Chema Madoz (foto), de 46 años, ganador del Premio Nacional de Fotografía de España (2000), que estaban listas para venir al Festival de la Luz. Y que él mismo se encargó allá de desmontar para exhibirlas en Buenos Aires, con marcos prestados por Sara Facio. Aquella exposición en España había sido de lo más representativa tanto para él como para la fotografía: "Era la primera vez que el museo dedicaba una exposición a un fotógrafo español vivo", cuenta Chema Madoz.
Su currículum vitae y sus premios contrastan con la sencillez con la que dice: "mi formación se compone de una mezcla entre autodidacta y unos pequeños cursos de fotos muy básicos que hice a finales de los años 70". Su relación con la fotografía nunca la entendió como una forma de ganarse la vida. "Yo hacía fotos por pura necesidad, así como hay gente que en su casa se sienta a escribir o a pintar", agrega. Pero en los 90 consiguió ingresar en el circuito artístico. "En verdad, las galerías de arte vivían de espaldas a la fotografía, de la misma manera que infinidad de fotógrafos vivían de espaldas al arte. Pero empecé a armar exposiciones y a ser aceptado."
Aun así, recuerda que en una edición del Festival de Arles, en Francia, mostró su portfolio y no tuvo una buena recepción. "En aquel momento, mi fotografía no se entendía, en especial la idea de que se alterara y manipulara lo que se iba a fotografiar. Me encontré con una mirada estrictamente fotográfica, muy purista."
Sus fotos son reflexiones irónicas, imaginarias, en blanco y negro y a través de objetos: "Años antes, sí aparecía la figura humana. Pero con la intención de quitar de las imágenes lo que no aportaba, llegué a la conclusión de que a las personas que aparecían en las fotos les estaba dando un tratamiento objetual, que no aparecían sus sentimientos, ni comunicaban nada. Tuve la sensación de que los estaba utilizando casi como una especie de excusa formal para construir imágenes, y así dejé de trabajar con ellos. Pero aunque esté utilizando objetos, sigo trabajando un poco con la misma materia. En definitiva, los objetos los realizamos para cubrir nuestras propias necesidades y trabajar con ellos es hacerlo con nuestros propios sueños".






