De las Altas Cumbres a la par de los cóndores a un recorrido por Traslasierra, el circuito de Calamuchita y el Camino Real, itinerarios que mechan naturaleza, historia y pueblitos con mucha onda
De las Altas Cumbres a la par de los cóndores a un recorrido por Traslasierra, el circuito de Calamuchita y el Camino Real, itinerarios que mechan naturaleza, historia y pueblitos con mucha onda
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21 de agosto de 2019  • 12:12

Con su exitoso combo de aventura, cultura y aire puro, siempre es un placer visitar Córdoba. Te llevamos por cuatro circuitos para todos los gustos: Altas Cumbres, Traslasierra, una escapada a La Cumbrecita y una cuota de campo y patrimonio en el norte, tras la huella jesuítica.

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1. Alta en el cielo

Aprovechamos la nueva ruta que agilizó el tráfico entre Punilla y Traslasierra: tomamos este tramo de montaña para llegar a la intersección de la ruta 34, donde se inicia el famoso Camino de las Altas Cumbres.

Estacionamos en Lo de Ramallo, un parador que con su pequeño museo es la primera ocasión para comenzar a conocer al cóndor: la más grande de las aves que vuelan. Y tomar conciencia de que estamos adentrándonos en el territorio de los cóndores de Achala. Después de un sándwich de bondiola serrana con una vista inmejorable (el cartel de la entrada también ofrece "Hoy locro y mañana también"), estamos listos para visitar el primer parque nacional de Córdoba: la Quebrada del Condorito, que ubicado al oeste de la provincia, abarca parte de las Sierras Grandes y de la Pampa de Achala. Sí o sí hay que registrarse en el centro de visitantes, donde amablemente nos explican el circuito de trekking en las alturas. También nos recuerdan la importancia de ingresar temprano, quienes no vengan por la mañana no llegarán a tiempo para caminar hasta el Balcón Norte, la gran atracción del lugar (12 kilómetros en total ida y vuelta). En esta imponente quebrada de casi 800 metros, los cóndores anidan, aprenden a volar y duermen.

El final de la estación fría es, junto con la primavera, una de las mejores épocas para descubrir el Parque Nacional cordobés sin transpirar durante las dos horas que hay que recorrer para alcanzar la morada de los cóndores. De todos modos, hay senderos para todas las edades, ganas y estados físicos en este espacio protegido a más de 2.000 metros que invita a conocer paisajes y animales en sus 37.344 hectáreas. "Estas vacaciones de invierno recibimos cerca de 150 turistas por día. Se llevan la mejor impresión, los senderos están recién reparados y hay postas a lo largo de todo el recorrido, también carteles que recuerdan prácticas sostenibles. Hasta se puede recargar agua en el arroyito", nos cuenta uno de los guías, un brigadista que estudió en Ascochinga y que luego de dos años de trabajar en el parque tiene pensado capacitarse como paramédico para amplificar sus posibilidades de trabajo con el turismo.

De regreso en la Ruta provincial 14, lo único que podemos pedir es que el día dure un poco más. Paramos a ver el atarceder en Giulio Cesare, el bar de Cura Brochero.

2. El estilo de vida hippie chic de Traslasierra

Almacenes naturales, ollas de barro, bodegas orgánicas, talleres de pintura. De solo prestar atención a los productos y servicios que se ofrecen a lo largo del camino nos damos cuenta de que acá se vive con un ritmo muy diferente al que llevamos en Capital Federal. Desde el oeste de Córdoba y con más de 20 localidades turísticas, Traslasierra se destaca por su espíritu serrano. Un imponente cordón montañoso, bosques y ríos la convierten en una región ideal para el descanso y la recreación. ¿A quién no se le dibuja una sonrisa en la cara cuando se acuerda de sus vacaciones en Traslasierra?

De la onda hippie chic de Los Nonos al encanto de Villa Las Rosas, que hay visitar un sábado para encontrarse con su hermoso mercado en la plaza, donde de verdad se respira un alegre espíritu de feria: artesanos, productores, emprendedores, cooperativas, músicos callejeros y un público dispuesto a probar. Las pizarras ofrecen todo tipo de alimentos "hechos con consciencia y amor", de pizza integral, brownie con frutos rojos, bio-limonadas, turrones de girasol deshidratado, cerveza artesanal, huevos de gallinas felices, alimentación viva, salchicha con chucrut, humita, quesos ahumados saborizados, yerba sin químicos, sandwich de milanesa vegetariano, hamburguesas caseras, hasta dumpling y arepas.

Por cierto, esta feria de Villas Las Rosas se está posicionando con un fuerte boca a boca que está trayendo cada vez más turistas y por supuesto, más puesteros. Como el caso de Ciabatta Serrana, el proyecto familiar de Rodrigo Argüello, al que acaba de sumar a su mujer y su hermano, porque la demanda no para de aumentar.

En San Javier se puede probar el vino que da este monte. Después de una visita guiada por la finca biodinámica y la bodega para ver la parte productiva de La Matilda (Ruta Provincial 14, Km. 4), Cecilia nos conduce hasta la pulpería para degustar los tres vinos más importantes. La gran apuesta es el tannat, una cepa diferente para el valle gracias a la cual los hermanos Michelini se quisieron sumar. "Cuando empezamos nos decían que estabamos locos por hacer tannat. Le pusimos Sierra Roja porque cuando el sol se pone por Dolores hace un efecto lumínico que tiñe todo de colorado. Nuestro blend también es peculiar, representa el porcentaje de variedades que tenemos en los viñedos".

La joven platense no solo se encarga de las visitas, también produce todo lo medicinal, su línea se llama Amaluna y está a la venta en la tienda de La Matilda. "Soy una apasionada de la biodinamia, viajé muchos años, vi este lugar y me quedé. Para mi esto es oro puro. A partir de la maceración de las plantas en un ciclo lunar hago tinturas madres, cremas, jabones, sales de baño. A través de esta receta comechingona la planta larga todas sus propiedades. Por ejemplo, altamisa es la mejor para los parásitos mentales. La huerta la planificamos con plantas medicinales por eso podemos hacer medicina. Somos fanáticos del compost: cuánto le das a la tierra es lo más importante, no cuánto recibís".

En lo alto del terreno está la posada rural de adobe, pintada con cuajo de leche de cabra y aloe vera con tinte natural de cebollas, durmientes de trenes cordobeses fuera de uso, herraduras recicladas y aberturas de remate. Claro que los muebles son reciclados y la carta del restaurante ofrece agrococina. Pata muslo de campo a la chapa adobada con hierbas y limón, ensalada de quinoa, braseado de carne vacuna en horno de barro con puré de zanahorias y lentejas, higos con helado de lavanda y miel.

3. Hacia el Valle de Calamuchita

Esta zona propone arquitectura centroeuropea, gastronomía y turismo aventura. Quien quiera sumar una escapada a La Cumbrecita se sentirá en los Alpes pero con la encantadora tonada cordobesa. Hace años que dejó de ser una aldea peatonal donde caminar cuesta arriba escuchando la historia de los pioneros alemanes que llegaron en los años 40 para sumar una propuesta muy activa. Los que viajen con niños pueden destinar un día al parque temático Peñón del Águila, pura adrenalina con rappel, arborismo y actividades especiales para los peques.

Lo mismo sucede en Jardar Park de Villa General Belgrano (a unos 40 km), un pequeño parque de atracciones con calesitas, pistas de autos y arneses para saltar.

Como buen destino familiar, la Villa tiene gran cantidad de cabañas. La herencia alemana está en el aire, con figuras de tiroleses talladas en madera para tomarse una selfie, platos típicos y patios cerveceros. Falta muy poco para su gran momento del año, Oktoberfest. ¿Para comer? los que saben recomiendan Madre, que sirve todo casero en la plaza; La tasca, en los Reartes, cerca del río.

Sin embargo, lo mejor que tiene el valle está en sus ríos y sus paisajes.Villa Berna, Yacanto de Calamuchita y, más allá, El Durazno regalan decenas de posibles bicicleteadas y hasta escalada, con un ascenso al Champaquí desde Villa Alpina.

4. Campo y estancias jesuíticas

Se conoce como Camino Real a la ruta que enlazaba el Puerto de Buenos Aires con la ciudad de Lima durante la etapa colonial. Con este itinerario, el norte de Córdoba resguarda uno de los mayores atractivos de turismo cultural de la provincia. Es impactante recorrer esta hoja de ruta que fue la principal vía de comunicación, transporte y comercio entre el Virreinato del Río de la Plata y el Alto Perú. El circuito de 176 kilómetros parte de la localidad de Colonia Caroya (excelente excusa para degustar y aprender los secretos del corte de salame caroyense) y trepa hasta el límite con la provincia de Santiago del Estero, en un entramado que reúne postas y sitios de valor histórico.

Para hacer base en esta zona rural, El Colibrí (camino a Santa Catalina, km7, Jesús María) emula a las estancias argentinas de principios del siglo pasado, con sus pisos de madera oscura, la fachada colonial y muebles de época.

Los grandes exteriores con las sierras de fondo son el escenario perfecto para una cabalgata y un asado. Trasmitir este espíritu campero es lo que le interesa a Gabriela Mirtuono, una rosarina que desde 2002 se vino a trabajar a Córdoba con turismo. " Desde chica, cuando estudiaba en la facultad y mis compañeros soñaban con irse a un hotel del Caribe, en cambio, yo sabía que me quería dedicar a las estancias argentinas. Antes estuve en La Paz, después en un lodge del norte de la provincia y me llamaron para tomar la gerencia de El Colibrí hace un año y medio para dedicarnos al mercado argentino", nos cuenta Gabriela, que recomienda visitar el pueblo La Granja para conectarse con las obras del platero José Cozzano y del pintor Daniel Sedita que recrea los paisajes y la cultura gauchesca de la zona.

Muy cerca, a escasos kilómetros, la estancia Santa Catalina es patrimonio mundial de la Unesco: una misión jesuita fundada en 1622. Con este sistema de estancias, la Orden se aseguraba el sustento económico de estos emprendimientos que fueron seis: Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643), La Candelaria (1678) y San Ignacio (1725). Conocida en todo el país por su iglesia de estilo colonial barroco, también conserva la ranchería. Por historia contemporánea, una excursión a Alta Gracia donde está el museo del Che Guevara. De regreso en el hotel, nos espera una cena de 5 pasos que nos sorprendió desde los amuse bouche hasta el cheeseckake con dulce de cayote. Y a dormir como reyes en una suite que también tiene las dimensiones de antes.

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