
Roberto Pettinato Radiografía de un hombre extraño
Roberto Pettinato aún se acuerda de cuando tocaba con Sumo para cincuenta personas. No se cree mucho lo del éxito y los elogios: "Acá le dicen genio a cualquiera", dice.
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Por fin dio en la tecla.
Después de un largo camino que incluye haber sido el saxofonista de Sumo (aquella banda de rock que forma parte de la historia de la música argentina en los años ochenta); conductor de Mirá quien canta ; coequiper de Sofovich; movilero en 3.60 y comentarista deportivo en T&C, junto a Gonzalo Bonadeo, Roberto Pettinato comienza a paladear un éxito que jamás hubiera imaginado cuando cursaba sus estudios de traductorado de inglés.
El programa Duro de acostar , emitido por Telefé de lunes a viernes, de 0 a 0.30, fue el éxito del verano. Continuando el camino abierto por Tinelli, el canal apostó a una cara relativamente nueva para esta franja horaria que probó ser competente a la hora de las mediciones de rating. Y el nuevo conductor no defraudó: 7.7 (IPSA), 7.2 (Mercados y Tendencias) y 9.8 (Ibope) para febrero último. Buen puntaje y líder en su horario.
Cuando Pettinato aceptó el desafío, descargó una batería de habilidades aprendidas a lo largo de su carrera para llevar adelante lo que se define como un programa de ideas. Así, decidió incorporar la música en vivo con una banda en la que él mismo toca. De su etapa como periodista de la revista Libre rescató el hecho de escribir esta vez los monólogos, junto con Miguel Gruskoin y Fidel Chiatto. Por sus comentarios humorísticos, pero a la vez ácidos sobre la actualidad candente, la comparación con Tato Bores no se hizo esperar.
Pettinato llega a las 11 de la mañana al canal y se queda hasta las doce de la noche. A media tarde, duerme dos horas de siesta en una colchoneta que tiene en su camarín. Aunque parece un programa en vivo, se graba el mismo día de emisión, de 20 a 23.30.
Para aflojarse un poco, toma el saxo y ensaya un dúo improvisado con un guitarrista. "Somos buenos músicos y nos vamos a morir de hambre... pero bien", dice. Claro que es un chiste. "El 50 por ciento del programa se lo damos al televidente, el otro 50 por ciento lo ponemos a interés", dice Pettinato en una parte del monólogo.
Según la producción ejecutiva, todavía se lo considera un programa barato: hay un equipo de exteriores, lo editan en sólo cinco horas y todo lo que se hace se pone al aire. Pero se nota que comienza a crecer. A pesar de que el espacio del estudio es reducido, las inversiones se van afianzando. La última incorporación es una cámara voladora, también llamada cabeza caliente , indicada para hacer toda clase de planos extraños para acompañar la extraña imagen del conductor.
En su primera época, usaba una barba escasa que rodeaba el mentón y que se convirtió un día en dos bloques divididos. Después, se pintó el pelo de un color rojo furioso y se afeitó la barba. Más tarde, pasó a teñirse de rubio. Nadie apostaría a que éste es su último look.
Sus trajes coloridos, con grandes hombreras, son un poco raros. Pero su infancia en el exilio también fue atípica. Y su adolescencia, en la que compartió almuerzos en Nino con Perón. Por eso, extraño parece ser la palabra que lo define mejor y que utiliza muchas veces a lo largo de la nota.
La primera impresión es la esperada. Durante la grabación, Pettinato no para de hacer bromas a todos los que están en el piso. Incluso a los cinco reidores profesionales que, cuando se apagan las cámaras, festejan, esta vez de corazón, las ocurrencias del jefe. La segunda impresión es la que cuenta. Cara a cara, Pettinato sigue siendo raro: no tiene ínfulas de estrella, porque sabe que la vida reparte una de cal y una de arena. Por eso, habla sin pudor de los fracasos y sin vanidad de su éxito reciente.
-¿Quién dijo: "Si creés que todo está bárbaro y que sos un genio, seguro que sos un idiota"?
-Ah. Eso lo dije yo. Bueno, también porque en la Argentina... El otro día mi mujer me dijo que Homero, mi hijo, estaba con el síndrome del padre famoso. Parece que está harto de que le digan que su papá es un genio. Entonces le dije: "Homero, en este país le dicen genio a cualquiera". Y es verdad. A la gente de repente le parece genial que uno haga algo que ellos no saben hacer, lo cual no quiere decir que seas un genio. Quizá lo ven a Mauro Viale y le gritan: Genio, Mauro . Y uno piensa: qué bárbaro, es la misma palabra que usaron para mí hace diez minutos.
-En tu programa ya cayeron en la tentación de pasar avisos dentro de la parte artística. ¿También habrá juegos en el futuro?
-La televisión del mundo está llena de timba. Lo que pasa es que no entiendo por qué. Quizá sea la desocupación. En España, uno de los programas más vistos era El precio justo . Como es un país con más dinero, te ganabas un yate. Una vez rifaron una isla. Eran unas cosas insoportables. Rarísimas. Casi un viaje a la Luna. Todas muy caras. Si se me ocurriera un juego muy divertido y muy cretino, lo haría. Esa es la verdad. Pero me parece que jugar a la generala o a la rueda de la fortuna... eso sí que ya está hecho. Estoy pensando en un concurso en el que gana una reparación en un taller mecánico el dueño del auto más arruinado de toda la ciudad de Buenos Aires, pero que funcione. "Mi auto está peor que el tuyo", van a decir con orgullo. Es un concurso, pero gracioso. Es como un juego. Es más... ¿real?
-Hoy, durante la grabación del programa, estuve rodeada de señores muy nerviosos, de traje y corbata. Eran señores galletita...
-Para mí también fue muy difícil eso de estar rodeado de galletitas. Por suerte son ricas, porque sería peor tener que vender algo que encima es horrible. Pero... qué sé yo. También hay un tema comercial indominable. En general, todos los programas americanos también tienen como... sus chivos. Yo quisiera no llegar a estar todo el programa metiéndome cosas en la boca. Y ésa es también la idea que tiene la producción del canal. De vez en cuando se va metiendo alguna que otra cosita, pero siempre tratando de cuidar que vos no digas: Pettinato me gustaba en febrero y ahora, en mayo, lo único que hace es venderme esto y venderme lo otro . Igualmente todo está vendido y todo es vendible. Estamos en la televisión, tampoco es una cuestión de ponerte en una posición superrevolucionaria del tipo esto no lo hago .
-No se trata de ser el Quijote de la tele...
-Yo no creo que a Michael Jordan lo quieran menos o más cuando hace su gigantesca propaganda de zapatillas. Lo que hay que lograr es que eso no influya en la artística, de manera que se caiga.
-¿Ya estás un poco cansado de que te hagan notas?
-A pesar de que hace cuatro o cinco años que estoy en la televisión, de repente se te tiran todos encima porque sos la novedad. Ahora, al pasar a un canal grande, un canal que está primero, la expectativa es diferente. En realidad, yo soy el mismo tipo que hacía chistes en Orsay . El personaje es el mismo, pero para la gente no. Y para el periodismo tampoco es el mismo.
-¿Cómo es tu relación con los periodistas?
-Yo veo que me quieren mucho y que me hacen notas realmente entusiasmados y no pensando: "A ver cómo explico esta porquería". Lo copado del programa es que también le gusta al taxista. Porque en realidad yo tengo la virtud de decir de todo sin agredir a nadie.
-Con humor se puede decir todo...
-Podés hablar prácticamente de todo. A mí no me interesa casarme con unos o con otros. Por ejemplo, un diario de izquierda sabe que yo no soy enteramente de izquierda. Soy nada más que un tipo sensible.
-¿Este programa es tu primer éxito?
-Me considero bastante nuevo en el medio porque no hice tanto como para... Digamos que de éxito de éxito no hice nada. En realidad, yo tuve un pequeño gran éxito que fue Mirá quién canta , que tuvo un promedio anual de 10 o 12 puntos y gané durante dos años la franja de 1 a 2 de la tarde del sábado. Pero nadie se enteró. Por eso es que digo que fue un pequeño gran éxito.
-¿Te molestaba que desafinaran?
-No. Al que desafinaba le tenías que dar ánimo. Hay que aplaudir la intención, el valor. Había otros que cantaban muy bien, me acuerdo. No te olvides de que hay más público que artistas porque subirse al escenario es muy difícil. Hay gente que está allí porque compró la escalera. Lo que me gustaba de Mirá quién canta era darme cuenta de que todo el mundo tiene algo para dar. Quizás aparece alguien que colecciona botellas, y eso es valioso. Me gustaría incorporar este tipo de cosas en este programa, de a poco.
-¿El personaje de Aníbal Hugo es una reivindicación de la mal llamada tercera edad ?
-Aníbal Hugo tiene 65 años. Yo adoro a la gente grande, quizá porque tuve un padre grande. Yo no soy un... ¿como lo llaman a Pergolini? Un transgresor. La gente grande no quiere al transgresor. Yo me junto con cualquier tipo de 60 años para arriba y me mato de risa y él se mata de risa conmigo. La vez pasada fui al médico y estuve con siete mujeres que tenían más de 70 años. Me divertí mucho en esa sala de espera. Empecé diciendo: "Hola, ya sé, todos tenemos el mismo problema". Y no pensaron: ¿Y este insolente quién es? A la gente grande te tiene que salir quererlos. Quizá me viene del jazz. Todas las fotos que vi en mi vida eran de tipos que tenían 30 años más que yo. Cuando yo tenía 17 escuchaba a Oscar Peterson o veía la cara de Benny Goodman. Eran unos viejos destruidos. Yo me crié admirándolos, no con la onda viva el rock, te rompo la casa .
-¿Tenés una deuda pendiente con la música?
-Puede ser. Siempre se me ocurren proyectos musicales. Me acuerdo que una vez pensé en un buen título: To be o not to bop . (Be Bop es un estilo de jazz, entonces significa ser o no poder bopear .).
Muchísimos años después me enteré de que la biografía de Gillespie, uno de los creadores, con Charly Parker, del Be Bop, se llamaba To be o not to bop . Sí, se me ocurren cosas pero realmente no tengo tiempo para hacerlas. Quizá después... Después de la tele no, porque la intención que tengo es ser productor de un programa de humor.
-¿Y no estar frente a cámara?
-Y no estar frente a la cámara. Tengo claro que hay un momento en que uno cansa. Si tenés inquietudes y sos serio, te empezás a frustrar, o a deprimir, o a retroceder. Entonces tenés que pasar a otra etapa. Es importante darse cuenta de cuándo parar. Por ejemplo cuando hacés las cosas por el dinero únicamente.
-¿Te sentís cómodo enfrente de la cámara?
-Para mí estar frente a la cámara es nada. Yo de chico ensayaba delante de los espejos. Hacía caras haciendo de cuenta que estaba en una película. Eso significa que hay un actor enfrente tuyo. Lo que pasa es que es una cosa medio rara estar mirando a una cámara, a un robot, y saber que detrás hay miles de personas.
-¿Te inspirás todos los días con la actualidad?
-La actualidad no es lo que más me gusta. Lo que pasa es que trabajo con Chiatto y Gruskoin, a los que sí les gusta. A mí me gusta, por ejemplo, la parte que escribí hoy. "Lo dejé a mi hijo en el colegio, después mi mujer lo buscó y lo dejó en el colegio correcto". Ese tipo de cosas forman parte de mi verdadera vida. La vez pasada mi mujer me dijo: "Desenchufá el velador", y cuando lo hice me quedó una pata del enchufe en la pared. Y Cecilia se reía, como diciendo: "Olvídalo, ni siquiera puedo encargarte eso". Es gracioso contarlo, porque muchos hombres somos así. Unos desastres que tenemos una tara en la casa. Dejamos toda la ropa tirada. A veces encontrás a tu hijo debajo de un montón de toallas.
-¿El éxito cambió tus costumbres? Por ejemplo, ¿podés salir a comer afuera con tu familia?
-Ya no puedo salir a comer a un restaurante. Me lo había advertido Miguel Gruskoin, pero yo me reí. Le dije: "Jamás voy a cambiar, eso es mentira". Pero el domingo fui por primera vez al Tren de la Costa, que no conocía. Homero quería que fuéramos. Fue insoportable. Sé que es lo que tiene que ser y que tenés que aceptar y querer el cariño de la gente. Pero hoy el living de mi casa es la calle. Forman parte de mi familia 1.200.000 personas.
-En otros países, la gente es más respetuosa con los artistas.
-La última vez que fui a Nueva York me lo encontré a William Dafoe caminando en camiseta por el Village y fui el único que lo paré para decirle que quería sacarle una foto con mis hijos. Fue muy divertido, pero creo que fui el único. No lo paró nadie. Una vez lo vi a George Coleman, es un saxofonista espectacular, sentado solo en un bar... Lo que pasa es que en Nueva York la única estrella es la ciudad. Vaya quien vaya, a nadie le importa. Estuve en Paladium, una discoteca, hablando con Frank Zappa en una de las escaleras. ¿Vos te creés que alguien se acercó? Fui el único que habló con él en toda la noche. Me invitó a un concierto y después al camarín. ¿Te creés que había alguien en el camarín? No.
-¿Es indiferencia? ¿Frialdad?
-No, la gente ya está pasada de vueltas. Yo paraba en el Chelsea Hotel y el conserje me decía: "Me acuerdo en este living cuando se sentaban Hendrix y Lennon".
Diciembre de 1987. Luca Prodan cae de bruces y muere. Sumo, la banda de rock que lideraba, comienza a vender placas por miles. Nace un mito, una leyenda. Luca llegaba así al final de un viaje curioso, siempre al límite, siempre en el filo de una cuchilla, hecho de actitudes convulsivas, gestos desafiantes, soledad, pasiones, lirismo. Hecho de música también . Así lo define la Historia del Rock , editada por LA NACION. La banda estaba integrada además por Diego Arnedo, Alejandro Sokol, Germán Daffunchio y Roberto Pettinato.
-Contame un poco de la época de Sumo.
-Fue un grupo underground . Ahora, diez años después, me preguntan por Sumo cuando al último show que dimos, en la cancha de Los Andes, fueron cien personas. Muy triste fue. A los dos días, se murió Luca. Lo máximo que habíamos vendido de cada disco fueron 6000 placas. Después de muerto Luca, vendimos 200.000.
-¿Por qué te parece que pasó eso?
-No sé si es que en la Argentina hay un cierto culto a la muerte... Hay una cosa rara. Te morís y te convertís en un héroe de la clase trabajadora.
-El marketing de la muerte...
-Sí. No sé. Es rarísimo. No nos conocía ni Dios. Yo no tenía plata para volverme en taxi. Los fans me llevaban a casa después del recital. No te estoy hablando de la primera época, sino de la última, en la que ya habíamos llenado dos Obras. Y no hicimos más Obras porque no iba más gente, no porque quedaban millones de personas afuera. Sumo era un grupo esencialmente intelectual.
-Que después pasó a ser mitológico.
-Cuando yo volví de España, donde estuve tres años y medio, pasé por la General Paz y vi los graffiti que decían Luca vive . No lo podía creer, porque pensé que ya todo había terminado y que empezaba para mí una nueva etapa. Pero enseguida me rotularon como Pettinato, el saxofonista de Sumo. Me quedó como un estigma impuesto. En el programa Orsay la gente me preguntó durante dos años por qué no tocaba el saxofón. Por eso ahora toco el saxofón en la banda.
-¿Pero no es tu pasión?
-Sí, el saxofón es mi pasión, pero también lo hago porque me lo pidió mucha gente. Eso también tiene que ver con la histeria del argentino. Siempre le pedimos a alguien una parte que ese alguien no está haciendo. Yo a veces digo: "Pensar que si yo me dedicara a la música, no iría nadie a verme. O lo que es peor, irían para gritarme: ¡Bien, duro de acostar! " Es rarísimo. Lo más probable es que no llenara ni un pub.
-¿Pero vos te considerás un buen músico?
-Yo no sé lo que es un buen músico. Toco con sentimiento. Se demuestra la calidad de un músico cuando toca en una improvisación colectiva. Eso sucede mucho en el jazz. La base del jazz es escuchar a los otros. Por eso la gente que no lo escucha mucho dice que para ellos el jazz es todo igual.
-Hoy improvisaste un poquito.
-Todo el tiempo tocamos así. Me puedo ir al otro lado del estudio y de todas maneras estoy conectado con el guitarrista. Yo sé que el tipo está tocando para mí y que yo estoy tocando para él. No importa la distancia. Hay muchos músicos que piensan que son buenos guitarristas porque se saben tocar todo o porque estudiaron cuarenta años. No pasa por ahí. Pasa por la conexión que podés tener cuando estás tocando en una banda. Porque el tipo que estudió cuarenta años por lo general no se conectó con nadie, se conecta con su propio ego. Y eso no le sirve a nadie. El mundo, gracias al ego del ser humano, está donde está. Si el hombre no se hubiera preocupado en mejorar el mundo, el mundo estaría bárbaro.
-¿Cómo te fue trabajando con Sofovich?
-Hay gente que defiende a Gerardo porque trabaja con él. Hay otros que lo defienden porque piensan que de esta manera pueden llegar a trabajar con él. Yo creo que soy uno de los pocos casos que simplemente digo la verdad de cómo me fue, y me fue muy bien. Y no es que vaya a volver a trabajar con él. Me enseñó que la televisión es algo muy serio. No se pueden cometer errores ni barbaridades. Si vos preparás algo, tenés que tener cierto sentido de la responsabilidad. ¿No viste cómo le sale La noche del domingo ? ¡Bárbaro! Pero está cuatro horas ahí. El tipo tiene un timing perfecto porque tiene todo arregladito. Y guarda que te equivoques o le pongas mal un cartel.
-¿Es un estilo que no se da comúnmente?
-Nooo. Ese es un estilo supernorteamericano.Lo que pasa es que él no lo sabe. Yo siempre le decía: "Gerardo, usted es como Ed Sullivan o como Johnny Carson". Todo está superpreparado. Frank Sinatra no canta improvisando arriba de la orquesta. El tipo prepara. Gerardo me decía: "Lo importante es el remate".
-¿Qué es?
-Vos y yo vamos a hablar de la pareja. ¿Cuál es el remate? ¿Cuál es la frase final? Vamos improvisando, pero tenemos el comienzo y el final. Gerardo me enseñó que se puede improvisar hasta cierto punto, siempre con la responsabilidad de saber que hay gente del otro lado que puede estar disfrutando tu genialidad o comiendo la porquería del día porque no le preparaste tu parte. Si no hubiera que preparar las cosas para que salgan bien, yo saldría a improvisar los monólogos. Voy y hablo, y si me trabo, me trabo y si no tengo de qué hablar, te invento algo.
-¿Los monólogos los hacés con telepromter? (Una pantalla debajo de la cámara en donde aparece el texto que es leído por el conductor sin que el espectador lo note.)
-Claro.
-Yo pensaba que tenías una memoria fabulosa, porque no te equivocás ni una vez...
-Porque yo los ensayo antes. Además, les agrego cositas. Pero sé por dónde voy. Y lo mismo Carson, Letterman, Sofovich, etcétera. Lo difícil es cómo hacer que todo parezca improvisado y en chiste cuando en realidad está todo escrito. Como los diálogos con Guillespi (el director de la banda en vivo).
-¿No hay nada totalmente improvisado?
-Claro, yo tengo las preguntas para el invitado, sé lo que le voy a preguntar. No vamos a empezar con ¿Qué tal, cómo te va, qué estás haciendo? Siempre digo: Te quería preguntar esto porque estuve leyendo una entrevista en la que vos dijiste... Es algo periodístico. No vas a cualquier cosa. Por ejemplo, Guinzburg no tenía mucho talento para los sketches, pero preparaba muy bien sus reportajes y eso era lo mejor de su programa.
-En tu época de periodista, ¿cómo preparabas tus notas?
-Era hiperobsesivo.
-¿En qué sentido?
-Me di cuenta de que lo que se llama el trabajo-guión-obsesión en el periodismo es lo único que funciona. Lo mejor que hice fue la columna de Libre , de espectáculos, muy h... de p... pero muy divertida. Y a mí me llevaba muchas horas y muchos días hacerla. Iba anotando cositas que veía en la televisión, que supertrabajaba palabra por palabra.
-¿Buscabas perspectivas diferentes de los personajes?
-Claro. Lo importante es que el lector no haya leído antes lo que estás diciendo en la nota. De otra manera, lo estás haciendo perder el tiempo. Pero para eso tenés que ponerte a trabajar. No sos tan bárbaro como para que todo te salga así nomás, en dos minutos. Es lo que hace que haya muchos periodistas descriptivos de una realidad, pero pocos con una verdadera visión propia y un verdadero estilo para escribir. Por ejemplo, fijate en los americanos. En 40 líneas de la revista Time te enterás de todo lo que está pasando con un problema de actualidad. Y cuando leés al pie de la página ves que firman varios periodistas diseminados por el mundo. Acá hay mucho morcilleo .
-Hablemos de la imagen...
-El tema de la imagen es raro. Yo la voy cambiando como voy cambiando mi vida. Pero no cambio intencionalmente. Por ejemplo, un día vine de Amsterdam, de un viaje de esos que me dio 3.60 , y traje un montón de potes de colores y me los puse en el pelo. Empecé con el pelo negro, con una mancha roja. Un día me teñí de rojo fosforescente y otro día de amarillo fosforescente. Gracias a Dios, el pelo duró.
-¿Vos te teñías o ibas a una peluquería?
-Al principio iba a una peluquería, después me ponía yo mismo las tinturas.
-¿Y la ropa? ¿La elegís vos?
-Ahora uso los trajes que diseñamos con Marta Fernández. A veces nos vamos a Londres. Quiere decir que miramos las revistas de lo que pasa en Londres. Para la colección de invierno, vamos a Nueva York. Quiere decir que vamos a ver revistas de la moda en Nueva York. Siempre dentro de los trajes. Es difícil lo de la imagen, porque yo ya soy un tipo que tiene 41 años y no me voy a vestir con jeans y zapatillas. Hacerme el joven es algo que no me interesó ni siquiera cuando lo era. Cuando tenía 20 quería tener 40, y ahora que tengo 40 quiero tener 60. No veo la hora.
-¿Por qué?
-Porque sí. Porque para mí la vida tiene que pasar rápido. No hay que retrasarla. Ahora hay una teoría a través de lo que quieras, desde la clonación hasta la cirugía, de retrasar la evolución de la vida.
-¿No te harías una cirugía?
-Ni loco.
-¿Y si el canal te dice que tenés bolsas?
-Pues que me las llenen de dinero.
-Veremos...
-No me interesa en absoluto. Y eso también se nota. La gente lo notas. Lo importante es el espíritu que tenés adentro. Yo adentro tengo el espíritu de un pibe de 14. Al contrario, si alguien se hace una cirugía pensás: mirá, está tratando de hacerse el joven. Lo respeto en las mujeres, porque son más coquetas. En los hombres me resulta un poco extraño. ¿No? Si mañana, por ejemplo, me quedo pelado, antes de quedarme pelado ya te voy diciendo en varios programas que por culpa de las cosas que me hice en la cabeza se me está cayendo el pelo. Entonces vos te hacés amigo del espectador. ¿Vos sabés qué edad tiene Robin Williams?
-No.
-¿Te importa qué edad tiene?
-No.
-A mí tampoco.
-¿Se puede decir lo mismo de las mujeres?
-A mí no me importa qué edad tiene Sharon Stone.
-Pero...
-Mientras se siga cruzando de piernas...
-El tema de la imagen, ¿es más cruel con las mujeres?
-Puede ser. Pero también un hombre que se hace una supercirugía es patético. Si lo necesita profesionalmente, ¿por qué no estira el programa en vez de estirarse la cara?
-¿Qué fue de la doble barba?
-Yo me dejé esa barba porque un día me estaba afeitando y me di cuenta de que en el medio no me crecía. De golpe me pareció que quedaba una cara extraña. Y decidí dejarla. Cuando me fui a España, después de Sumo, lo primero que hice en Barcelona fue limpiar un parque de atracciones que hacía 70 años que estaba cerrado. El mismo mameluco naranja que usaba para tocar en Sumo lo usé para limpiar ese parque. No sabés lo que pesaban los autitos chocadores. Había un montón de sillas voladoras. Las doy vuelta y abajo tenían la imagen de un gordo con dos barbas divididas. Siempre me pareció poético. Un parque de atracciones... payasos... sillas voladoras... Pettinato.
-¿Cuánto tiempo estuviste en España?
-Estuve tres años y medio. Hacía de todo: limpié parques de atracciones, fui mozo hasta que me corté un dedo cortando lechuga. Todavía tengo la marca (muestra el dedo) . Llegué a la tele escribiendo para un programa que se llamaba Pero esto qué es , y otro que se llamaba No te rías que es peor , que después se hizo en Buenos Aires. Creo que aquí se llamaba El que se ríe pierde . Además tocaba. Tenía un grupo que se llamaba Los carnavales de Franco . El Generalísimo había prohibido los carnavales porque pensaba que si la gente se ponía máscaras, lo podían atacar.
-Tranquilo lo tuyo...
-Pero el grupo era muy serio. Era como Pink Floyd. Medio raro. Pero con ese nombre, que era como una ofensa.
-¿Cómo vive tu mujer estos cambios?
-Mi mujer es muy comprensiva. Tal vez la más comprensiva de todas porque me conoce desde la época en que yo era un humilde tipeador en una editorial. Me conoce de otra época, cuando era absolutamente nada y sin ninguna injerencia en la sociedad. Siempre bancó los cambios. Siempre fuimos medio gitanos. A la que te criaste.
-¿Tu infancia cómo fue? ¿Dónde creciste? ¿En qué barrio?
Mi primer año y medio de vida estuve encerrado en la embajada de Ecuador, porque soy mitad ecuatoriano, mitad argentino. Había caído la Revolución Libertadora en 1955 y exiliaron a toda la familia. Mi padre era una de las tantas manos derechas de Perón y de Evita. Estuve un año y medio allí, después tres años en Ecuador, siempre exiliado. Dos años en Perú, después en Chile. Por eso siempre fui bastante solitario. Cada vez que me hacía amigo de alguien me tenía que ir.
-¿Eso te marcó?
-Bueno... sí. A veces, cuando tengo amigos pienso que no los voy a volver a ver. Pero me pasa lo mismo con los enemigos, y eso es una satisfacción. Sé que en algún momento voy a cambiar y me voy a ir al c..., como hago siempre. Paso de una cosa a otra sin ningún problema. Pero fue una infancia rara. Un mes y pico en la selva peruana. Varios meses en Colombia. Siempre de acá para allá. Porque a medida que mi viejo iba consiguiendo laburo, la familia lo seguía. Siempre estuve entre la política y jugar con una colección de autitos. Entonces no fue una infancia muy divertida. Por eso salí tan chistoso o trato de ser chistoso, porque realmente nunca escuché un chiste en mi vida.
-¿En qué momento te instalaste en la Argentina?
-Creo que fue en 1966. No me acuerdo quién dejó entrar a mi familia. A todos, menos a mi papá. Se quedó un tiempo en Nicaragua con Somoza, hasta que lo dejaron entrar. Era asesor en materia carcelaria... no sé si Tacho o Tachito. Pero bueno, también conoció al Che Guevara. Esto era una mezcla de izquierda y de derecha.
-¿Qué te contó del Che?
-Que se habían encontrado en el lobby de un hotel en Panamá. Nada más. Pero bueno, siempre fue así. Tenía que comer con Cámpora, cenar con Lastiri. Me llevaban de un lado al otro. "Hoy vamos a ir a Nino y le vas a dar la mano a Perón". Uf, yo me quería quedar con mis amigos.
-¿Y de qué te acordás?
-Nada, para mí todo era un plomo. Estaba todo el tiempo entre eso y velatorios.
-¿Por qué?
-Porque se iban muriendo.¿Por qué iba a ser? Todos eran como gente grande. Un día la hermana de Evita... otro día... qué sé yo. Vivía entre velatorios y la política. Me acuerdo cuando López Rega no lo dejó entrar a mi viejo al velatorio de Perón. Mi viejo estaba superamargado.
-¿Qué pasó?
-No lo querían porque mi viejo era superperonista. Era de verdad de los famosos peronistas de la primera hora. Entonces, López Rega no lo dejaba acercarse. Siempre me acuerdo que Perón decía (nos enterábamos por otra gente): "¿Qué es de la vida de Pettinato? ¿En qué andará Pettinato? ¿Dónde está?" Y claro, aparecía López Rega y decía: "Pettinato murió". Cualquier cosa con tal de que no se le acercara ese tipo de gente. ¿De qué signo sos?
-De Virgo
-Ya sabía.
-¿Por?
-Mi mujer es astróloga y conozco a Virgo así ( chasquea los dedos ). Mis padres eran de Virgo. Yo los estudié. Tienen esa ca hipermental. Un pensamiento circular interminable. Este ( lo mira a Martín, su asistente ) es un pan de Dios. Es de Libra. Es un santo. Pero Virgo es terrible. Para periodista es copado, ¿eh? Podés morir y todo con honores. Si una Virgo se pone a investigar, descubre todo en 15 minutos. ¿El caso Cabezas a un grupo de virginianos, cuánto le puede llevar? Nada. El policía hizo un gesto mínimo y el virginiano lo anotó en su libreta. Borges era el típico plomo virginiano insoportable. Todo copiado de la literatura inglesa, lo que quieras, pero el tipo buscaba libros que nadie sabía de dónde salían. Rata de biblioteca. Típico virginiano.
-¿Creés en la astrología?
-Absolutamente. En el horóscopo, en absoluto. Es algo completamente diferente. Y todos mis movimientos, y esto es bueno que lo pongas, todos mis movimientos desde hace cinco años se basan en el Tarot que tira mi mujer.
-¿Ah, sí?
-¡Claro! Yo sé cuándo algo va a funcionar y cuándo no. Yo lo conocí a Gustavo diciéndole: "Este programa va a funcionar". Yankelevich me miraba pensando este tipo está loco . Yo sé cuánto va a funcionar, cuánto va a durar, sé cuándo vienen los cambios. Lo que pasa es que te retobás. Y como buen Sagitario, cada vez que dije no, mentira , me fue pésimo. Lo loco de cierto esoterismo serio es que uno tiene que estar atento a los cambios cuando son buenos, pero también te la tenés que bancar cuando son malos. Porque cuando Cecilia me dijo: "El segundo año de Orsay no va a funcionar..."
-¿Pero eso no es sugestión?
-No. Yo tengo mala memoria y al otro día me olvido. Cuando me lo recordás a fin de año, ahí me doy cuenta y digo tenías razón .
-Cuesta creer en eso...
-Depende de quién lo haga, quién te lo tire y la confianza que le tengas. Para una Virgo es imposible creer en eso. Desde ya. Pero los grandes políticos de la historia de la humanidad han tenido su astrólogo cerca. ¿Sí o no? Por algo es. Mao consultó el I Ching para decidir si iba a saltar la muralla. Teniendo un ejército de millones de chinos dijo: "Alto, tengo que hacer una consulta". Algo entonces hay. Pero éste es un tema muy personal, porque hay gente que cree en Dios, hay gente que cree en el Papa, como mi mamá, y hay gente que cree en cualquier otro tipo de religión.
-¿Vos creés en Dios?
-Cuando me hablan de sectas siempre contesto lo mismo: los cristianos, cuando empezaron, ¿no eran una secta para el gobierno romano? Eran un grupo de chiflados que se la pasaban diciendo que habían visto al Mesías y que era bárbaro. Un flaco barbudo, supuestamente.
-¿Pero creés en Dios?
-Yo creo en el único Dios que existe que es en el yo soy.
-¿No es un poco frágil?
-El de barba es frágil. Porque es una imagen, y todas las imágenes se diluyen en la nada. Al contrario, el único Dios que existe es el que uno lleva dentro. El que uno llama íntimamente, cuando en verdad decís Dios, ayudame.
-Entonces creés...
-Yo creo que nadie pertenece a ninguna religión, salvo mi mamá, que es hipercatólica. Cree en el Papa, en la Virgen María. Yo no creo en la Virgen María, pero creo en los mensajes de la Virgen María, que llegan hasta nuestros días a través de las mediums. Son todos espíritus, eso es lo que la gente no entiende.Es un tema muy difícil para poner en una nota. Son espíritus de luz que un día reencarnaron como el flaco barbudo y en la próxima reencarnaron como otro y en la próxima no reencarnaron más.
-¿Crees en la reencarnación?
-Para mí, el que no cree en la reencarnación es absolutamente ignorante... Lo lamento por vos, Virgo. Pero si creés que después de la muerte hay un bar, no es así. Uno va y vuelve, va y vuelve y seguirás volviendo hasta que un día te portes bien. Por eso digo que quizás en la vida anterior fui Napoleón. Porque me quedaron esos resabios de dar órdenes.
-¿En qué momento?
-En cualquier momento. ¿No escuchaste hoy órdenes? Yo lo llamo fascismo con humor. Toda la gente amó a Mussolini. Pero qué contentos se pusieron el día que lo colgaron entre todos. El fascismo con humor tiene un límite. Llega un momento en que la gente dice, bueno, y ahora no te aguantamos más. Pero... el tema de las religiones, que sospecho que es lo único que vas a poner, es que yo no creo que nadie crea firmemente en una religión. La gente cree en Dios, nada más. Saben que el agua bendita no está bendita. Pero tiene un sabor especial. ¿Sabías que la Biblia fue cortada? ¿O creés que todos los libros en la historia fueron cortados de acuerdo con la voluntad de los gobernantes y la Biblia no?
-¿Cuáles son las características fundamentales de Sagitario?
-Con las que me identifico puede ser el optimismo, una cierta voluntad dispersa y más que nada con la sensación yo veo. Por eso siempre digo que voy a ser o un gran productor o un buen gerente de programación. Porque veo. Bueno, Yankelevich es Sagitario también.
-¿Estudios?
-Traductor de inglés, aunque no llegué demasiado lejos. Secundario completo. Un poco de astrología. Secundario en el Vicente López, el Manuel Belgrano, sede de Ecuador y Mansilla, y en el San Román, que fue la etapa religiosa.
-Hagamos un ping-pong...
-Bueno.
-¿Menem?
-El presidente que a mí me encantaría que tuvieran los franceses.
-¿Duhalde?
-Un tipo que si no tuviera tantas ambiciones presidenciales podría llegar a ser presidente
-¿Tinelli?
-El enviado de los dioses. El único caballero del Zodíaco.
-¿Tato Bores?
-El tipo que me enseñó qué era la realidad política en la época en que lo escuchaba y no entendía nada de lo que decía, pero me gustaba verlo.
-¿Seinfeld?
-Me gusta. Compré un libro sobre él en Nueva York. Yo colecciono cassettes de muchos monologuistas. No entiendo de qué hablan, pero veo sus intenciones. Me encanta Martin Laurence, que tiene una muy buena serie en Sony Entertainment, Martin .
Lo que le gusta
Jazz:
John Coltrane
Miles Davis
Eric Dolphy
Charlie Mingus
Rock:
Led Zeppelin
Joy Divission
Frank Zappa
John Martyn (es de Virgo)
AC/DC
Libros:
Martin Amis
Tom Wolfe
William Burroughs
William Blake
Stephane Mallarmé
J. B. Ballard





