
Rock de las dos orillas
La banda charrua y los metaleros argentinos cuentan sus historias a horas de cerrar el año en buenos aires con nuevo disco y a lo grande
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LA VELA PUERCA
Había una vez un grupo de amigos que se juntaba en el altillo de Manolo a tomar unos tragos y hacer ruido. Hablamos de Seba, Santi, Nico, de Montevideo, de mediados de los años 90 y de cómo se originó La Vela Puerca, la banda que abrió la puerta para que el nuevo rock charrúa se dejara ver. Ensanchar los límites, de eso se trata. Porque los vagos que se juntaban en el altillo de Manolo el batero -que finalmente no formaría parte del grupo- y que un día decidieron ponerle nombre al asunto, hoy y mañana tocarán en el Estadio Obras. Pero en el medio hubo una historia de hormigas laboriosas.
En 1996 y luego de probar suerte en España, Sebastián Teysera (voz y composición) se volvió a juntar con sus amigos en Montevideo. Los había dejado unos meses atrás con promesas de reencuentro y de empezar a transitar el camino de sus sueños. Y eso hicieron, porque un demo de La Vela Puerca fue a parar al concurso Generación 96 y dejó como resultado el primer premio, una guitarra, un amplificador, 80 horas de grabación y un par de actuaciones en la tele como yapa. De ahí a tocar por primera vez en el Teatro de Verano de Montevideo (1999) para cinco mil personas habría sólo un trecho.
"Siempre tuvimos ganas de formar una gran banda, con mucha gente alrededor -cuenta Seba Teysera-. Y así se dio. Yo le quise comprar el saxo a Coli, él no me lo quiso vender y, finalmente, se sumó a la banda. Así se fue agregando la gente hasta llegar a siete u ocho tipos. Dijimos: «Vamos a probar. Si sale bien, seguimos, si no, por lo menos nos divertimos un rato»."
Y salió bien. La Vela Puerca editó en el sello independiente Obligado Records su álbum debut, "Deskarado", emprendió una gira por la costa uruguaya ("a pura carpa, camión, vino y tambor", como cuentan en su página Web, velapuerca.com) y a su regreso ya se habían convertido en una de las bandas más populares de la incipiente escena charrúa. Cuando en 2001 mostraron a todo el país "De bichos y flores", con Gustavo Santaolalla en la producción, la idea de conquistar la otra orilla ya estaba tomada. "Eso sí que fue estudiado y premeditado -comenta Sebastián-. Ya en 1998 pensamos: «Tenemos cerca una ciudad gigante como Buenos Aires, con una tremenda escena de rock, así que tenemos que ir para allá». Queríamos empezar de cero, como en Uruguay. Para eso tuvimos que invertir la plata que nos quedaba de los toques de allá para los viajes y estadas."
Ahora, con el flamante "A contraluz" en las bateas y a horas de los dos shows de Obras, que servirán como presentación del tercer disco, todas las anécdotas vuelven entre sonrisas, aun las de los recuerdos menos gratos. Ahí están Sebastián y Cebolla Cebreiro, el otro Seba, el otro cantante, hablando de todo un poco y apurando unas cervezas. "Nunca nos vamos a olvidar de la primera gira por la costa argentina -dicen Seba y Cebolla, casi a dúo-. La llamamos la «girafónica» porque no podíamos cantar ni el arroz con leche. Encima caímos en la primera quincena de enero y no había nadie. En Uruguay, es la quincena más fuerte y pensamos que acá pasaba lo mismo... pero no. Habíamos alquilado una casa, teníamos todo programado, pero faltaba la gente. Hoy la recordamos con un cariño tremendo, con el orgullo de haber apostado, de habernos tragado la ansiedad y de aguantar."
La estrategia siempre es la misma, pero los objetivos cambian. Así como la etapa Argentina cierra con éxito con dos Obras, otra, la europea, busca consolidarse. "Ya hicimos dos giras, la última, de 51 toques en 57 días, con 30 mil kilómetros recorridos en camioneta."
-El mundo empieza a quedarles chico...
Sebastián: -Las giras crecen y nosotros envejecemos. Sostener una banda es parte de una mediación constante, más cuando hay de todo, solteros empedernidos como Cebolla y casados con dos hijos que se levantan temprano y proponen ensayar a las 9 de la mañana.
-En el nuevo disco se nota cierta madurez, sobre todo en las letras que se alejan de los lugares comunes de los álbumes anteriores.
Sebastián: -Surgieron otras experiencias y, personalmente, tuve la confianza necesaria para escribir algo más introspectivo. Primero tuve que animarme a hacerlo y después concluí que me gustaba. Es una etapa necesaria para todo compositor.
Era cuestión de animarse. "Sin palabras", el segundo tema de "A contraluz", nació en 1991, pero sólo ahora Teysera le encontró un lugar. "Me pasó de tomar una letra de este disco, leerla al margen de la música y darme cuenta de que era como un pequeño poema. El hecho de trabajar con Santaolalla te lleva a una gimnasia compositiva interesante. Al margen de que él te pide muchos temas para luego poder elegir y dar forma a una obra compacta, me sentí muy libre para escribir. Tomé conciencia de que no todo lo que escribo es bueno, pero que nunca debo privarme de sacarlo, de pasarlo a un papel."
-Te pusiste más serio...
Sebastián:- Y... me la agarré con la muerte. Quise mostrar su costado encantador. Siempre tuve ganas de escribir sobre la muerte y el amor, los dos temas más difíciles de tratar sin caer en cursilerías.
-Otro tema es la influencia de la música popular en casi todo el rock uruguayo y ustedes no son la excepción.
Cebolla:- Creo que las influencias se plantean en forma inconsciente. Por ejemplo, haber escuchado de niño a Zitarrosa y haber tocado, en este disco, con dos de sus guitarristas (Toto Méndez y Carlos Morales) quiere decir algo. Pero no escuchamos música para volcarla en la banda, sino porque es una de las cosas que más disfrutamos.
Sebastián: - Además, siempre estuvo eso de mezclar en Uruguay. El candombe beat de El Kinto y Totem, la murga canción de Jaime Roos... Me acuerdo del día que grabamos "Las polillas", un tema del primer disco. Es una murga ska y pensé que nos iban a matar, pero no pasó nada, quizá porque otros ya se hicieron cargo. Nosotros venimos a ser una banda de descarados.
Sebastián Espósito
El antídoto alemán Die Artze, teloneros
- Los que vayan hoy y mañana a Obras tienen un motivo extra para llegar temprano: el trío alemán Die Artze (Los Doctores), que no practica la medicina, pero que sí le imprimió cirugía mayor al viejo punk para lograr un sonido propio. Con dos décadas de trayectoria, son una de las bandas más populares de Alemania y rival directo de Die Toten Hosen. "Nos hicimos amigos de La Vela Puerca y por eso vamos para allá -cuenta Farim, en un buen castellano-. Es nuestra primera vez en América del Sur. Son vacaciones en banda.". ¿Y su relación con los Hosen? "Tenemos más diferencias que cosas en común. Nosotros sólo cantamos en alemán. ¡Bah! Tenemos un tema en español. Sé que los argentinos prefieren los grupos serios, con mensaje, pero nosotros sólo podemos garantizarles diversión."
"A contra luz" La protagonista es la canción
- Agazapada, la influencia de Los Redondos asoma en "A contraluz", tercer álbum de La Vela Puerca, pero, al mismo tiempo, aquí la personalidad de la banda termina de moldearse. El rock, la música popular charrúa, el ska y el reggae se unen en un rico puchero. Teysera adquiere dimensión de letrista mayor del Río de la Plata y su mayor acierto es ese gustillo a tango que asoma por debajo de sus canciones.
CARAJO
Carajo a pleno está en la terminal de ómnibus de Retiro. Sus integrantes esperan el micro que los llevará a Córdoba para presentarse en el festival La Voz Rock. Allí están, con sus piercings, tatuajes y remeras roqueras, despatarrados encima de los bultos. ¿Qué se puede esperar de una banda de rock pesado cuando viaja? Descontrol, cuelgue, algo de drogas, algo de alcohol... Es lo que corresponde, ¿no?
"Ayer llevé a mi nena Juli y una amiguita a ver «El espantatiburones» y se quedó dormida apenas empezó", cuenta Marcelo "Corvata" Corvalán, voz y bajo del grupo y padre de Julieta, de 3 años. "¿Le das golosinas? Las golosinas son lo peor", acota Andrés "Andy" Vilanova, el baterista. "La Coca-Cola, eso es una porquería para los chicos", se suma Hernán Tery Langer (el sobrenombre porque parece que de chiquito era terrible), guitarra y coros.
Con un sonido metalero furioso, cantan frases como "hacerse cargo es comprender la real esencia de tu ser", en el tema que abre su nuevo álbum, "Atrapasueños", y que mañana presentarán en República Cromañón, a las 21. ¿Contradicción? ¿Esquizofrenia?... "Para nosotros es normal. Sentimos la música pesada y nos gusta tocar así, pero también somos muy humanistas. Nos preocupa cómo está el mundo; nos indigna ver a un chabón que tira la basura al piso. Esa sensibilidad la terminás transmitiendo en canciones y no es planeado. Sale así porque somos así", explica Corvata, justo antes de que llegue el micro.
Una vez arriba, Dafne, manager de la banda y madre de Andy, se acerca a los choferes para consultar por la película que van a pasar y aparece con la caja de "En compañía del miedo". "¿Les gusta? Si no, me dicen, así podemos pasar por el videoclub a sacar otra."
En el hotel de Córdoba, el desayuno está esperando: café y medialunas. "Yo preferiría té con limón, si puede ser", piden Tery y Chalón, uno de los plomos y diagramador de las calcomanías y posters de la banda. "¿No hay chocolatada?", pregunta Andy, y todos terminan con una taza de Toddy.
A las pocas horas de llegar, una combi pasa por el hotel para llevar la banda al Superdomo Orfeo, sede del festival, para la prueba de sonido. Dentro de la van todos discuten (incluidos plomos, manager, sonidista y jefa de prensa) sobre el segundo corte del disco (el primero fue "El error") y cuándo lanzarán el video del primer tema acústico (casi balada) del grupo, "De frente al mar". Seguramente, una sorpresa tanto para la crítica como para los fans. "Teníamos ganas de hacer algo más acústico. Nos dimos cuenta de que nos sentíamos cómodos con el sonido y salió", explica Andy.
Dentro del Orfeo ya están probando sonido Arbol y Kapanga, que también tocan esa noche y con los que, según Corvata, forman "una cofradía". Las tres bandas acaban de sacar disco nuevo y parece que estuvieran intercambiando figuritas. Claudio Maffia, batero de Kapanga, escucha los primeros tracks de "Atrapasueños" en un discman prestado: "Increíble, de verdad. Muy buena la bata en el segundo tema. Los felicito".
Ya cerca de la hora del té, Carajo se sienta a almorzar: pastas, agua mineral y ensalada de frutas. Un buen momento para saber más de ellos. Y, si para hacerse cargo hay que conocer la real esencia del ser, estos chicos están haciendo lo posible por "hacerse cargo".
-Oí por ahí que están leyendo a Bucay.
Corvata:- Leemos para aprender. Cada uno intenta ser mejor y leer ayuda.
Andy:- Es sólo una de las cosas que estamos leyendo. A mí me sirvió como un primer acercamiento a la psicología porque es muy didáctico.
-¿Se psicoanalizan?
Andy:- Sí. Nos ven arriba de un escenario y quizá piensan que nuestra vida es perfecta, pero no: sufrimos y estamos mal como cualquiera.
Corvata:- Me psicoanalicé durante un tiempo, pero no me sirvió. Me enganché más con la espiritualidad. Me ayudó a entender un poco más todo.
Tery:- A mí la psicología me interesa e intriga mucho. Pero nosotros tenemos muchos otros intereses. Otros laburos...
-¿Tienen otros trabajos?
Andy:- Yo no.
Tery:- Yo soy grabador de joyas y laburo en la joyería de mi viejo.
Corvata:- Con mi mujer tenemos un local de ropa y una marquita. Está bueno porque es otra fuente de ingresos y otro lugar adonde poner la cabeza.
Son las 20.30 y falta muy poco para que Carajo suba a escena. En el camarín, Tery rasguea un poco la guitarra. Corvata entra y sale; Andy golpetea una silla con los palillos. ¿Nervios? "Mucho miedo a equivocarme, a mandar algo mal", dice Andy. Tery agrega: "O que al empezar el primer tema se rompa todo". Alguien fuera de la banda pregunta si se puede fumar: "Preferimos que no. Sólo fuman los plomos y lo hacen afuera", dice Tery, ya vestido con su nuevo look: camisa blanca, corbata roja y la infaltable gorra de béisbol. "Nunca me costó ponerme un traje. Es una nueva etapa de mi estilo en la banda y el vestuario tiene que ver con eso", explica. Corvata entra una vez más ahora con look de escenario: remera y pantalón de gimnasia rojo con rayas blancas. "Antes de un show, no estoy cómodo en ningún lado", admite, y se pone a hacer flexiones contra la pared y ejercicios vocales. "Ahora que estoy en la voz, es un desgaste físico enorme. Hay que cautivar a la gente y eso no es fácil. Pero lo prefiero", agrega Corvata, y llegan a buscarlos para subir a escena. Sin presentación, aparecen en el escenario, se cuelgan los instrumentos, arrancan con "Salvaje" y se produce la transformación. Pogo, abajo; saltos y gritos, arriba. Potencia y violencia. Y ahí cuesta creer que sólo tomen Toddy.
Constanza Guariglia
Tres lamparitas
- Si el debut del trío se había manifestado oscuro, su sucesor (sin contar el acústico, "Carajografía") es tan luminoso como esperanzador. Se llama "Atrapasueños" y contiene canciones metálicas que renuevan la energía del oyente; otras, con cierta influencia del skate rock de Massacre ("El llanto espiritual" es un buen ejemplo), y una balada, "De frente al mar", para demostrar cómo son los días de Carajo tras el furor de los piercings. En pleno trabajo introspectivo, el trío propone nuevos paisajes, más calmos que los anteriores.





