Rogerio Fasano: "Punta no es un lugar para venir con joyas"
Este brasileño de 50 años creó uno de los hoteles más exclusivos de La Barra, un imán para celebridades de todo el mundo
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Punta del Este - La pileta de su hotel se convirtió en refugio de celebridades internacionales que buscan relajarse en un ambiente más íntimo. Destacados deportistas, personalidades del mundo de la moda y DJ frecuentan sus pasillos o visitan el restaurante, erigido sobre una gran roca y con vista a colinas y bosques. Rogerio Fasano (50), su dueño, pasa ahí todo enero desde que inauguró hace dos años: el resto lo reparte entre San Pablo –donde nació– y Río de Janeiro, ciudades donde tiene sus otros dos hoteles. Atento a todos los detalles, prefiere mantener un perfil bajo respecto a sus clientes. Y más que en la pileta, su lugar de relajo es en el pueblo de San Carlos, donde cada cinco días va a hacerse la barba a una peluquería que parece de los años 50, mientras escucha Gardel y charla de fútbol.
Descendiente de italianos, heredó de su abuelo la pasión por la gastronomía. Aunque abocarse de lleno a ese rubro lo entiende como algo del destino: estaba estudiando cine en Inglaterra cuando decidió volver ante los problemas financieros que vivía su padre. Así, a los 20 años abrió su primer restaurante. De ahí, a cumplir un sueño que aún hoy lo emociona: un hotel que lleva su nombre en el frente.
–¿Cómo surge la idea de salir de Brasil con un proyecto así?
–En 2007 nos asociamos con el grupo JHSF, que tiene como foco el lujo. Y sabía de esta estancia porque mis amigos de Brasil la alquilaban. Cuando supe que el propietario quería vender, le dije a mi socio y le encantó. Pensamos en venir al campo porque la temporada en Punta es un poco corta. Y al campo se lo disfruta mucho en invierno. Acá tienen cancha de golf, cancha de tenis, caballos. Si quieren paz, la tienen; si quieren un restaurante, lo tienen.
–Y ante el paso de personalidades, ¿usted es de acercase o prefiere verlo todo desde lejos?
–Yo soy de bajo perfil. Si alguien quiere hablar conmigo, sí claro. Pero esas personas siempre están muy acosadas y lo que quieren acá es estar en paz y hablar siempre las mismas cosas.
–¿Qué cosas?
–La única pregunta que se hacen es qué vamos a comer, qué vamos beber. Vino, clericó o gin tonic [se ríe].
–¿Qué platos y bebidas son los elegidos de esta temporada en Punta del Este?
–Tenemos muchos clientes que vienen al restaurante acá y que dicen ¡Oh, finalmente puedo comer una pasta o un risotto! Porque una cosa sola me impresiona un poquito acá y es la cantidad de carne que se come. Es una exageración. ¡Acá hay asado por todos lados! [ríe otra vez]
–¿Y qué le falta a Punta del Este?
–Un vuelo directo a San Pablo.
–Sobre todo con el boom inmobiliario, acá la ecología es un tema que siempre se discute, ya sea por un bosque o el cruce de la laguna Garzón. ¿Tiene una posición definida al respecto?
–Acá en Uruguay las reglas se mantienen muy bien. En Brasil destruimos todo. Buzios era una Punta del Este. Y ahora Buzios se acabó. [De una bolsa donde guarda su sombrero Panamá y un suéter azul, saca el iPhone y muestra una imagen de una playa atestada de gente]. Río, Ipanema. ¿Cómo es posible? Yo veo que Punta crece, pero con muchas reglas. Nosotros hemos construido sólo el 5% de 500 hectáreas. Y con el puente no sé qué decirte: es muy simpático como está hoy. Yo adoro esta balsa, es tan pintoresco… Pero lo hizo Vignoli el proyecto, y yo lo admiro mucho y sé que va a hacer algo simpático.
–¿Piensa que va a cambiar la vida acá de seguir creciendo?
–Va a cambiar mucho, sí. Cada vez más va a ir para allá [señala hacia José Ignacio]. Punta se está haciendo muy larga, se está extendiendo mucho: del aeropuerto en Punta Ballena hasta José Ignacio son como 60 kilómetros. Es mucho. Una logística un poco complicada, ¿no?
–¿Qué es lo que más le estresa del hotel?
–Éste es un hotel que yo nunca tuve en mi vida. El hotel normalmente es un solo bloque y acá hay bungalows. Por temporada pierdo tres o cuatro kilos porque estoy siempre caminando. Y una cosa que al principio no conocía es la logística en el restaurante: acá las mesas son de 18, 22 personas. Y si cada uno pide una cosa, es un desastre. La otra es que se cancela mucho. Uno dice a las cinco vamos a cenar, y después empieza a beber, se van cansando y después nunca una llamada para cancelar. Hay mucha informalidad.
–¿Le hacen pedidos excéntricos?
–No, acá quien viene es para relajarse. Eso pasa en Río, con personalidades como Madonna, que llegan para trabajar. Lo más divertido que sucedió acá fue en la inauguración del restaurante Fasano. Yo invité a Ron Wood. Teníamos un camino que llevaba al restaurante arriba de la roca. Y yo no sabía que los regadores se prendían solos. Y en el medio del camino… chuf chuf chuf… agua por todos lados. Ron se quedó completamente mojado. Yo que no sabía nada, salgo de la cocina y veo una cosa blanca sobre un árbol, y le pregunto a un camarero: "Ey, camarero, ¿qué es esa toalla blanca secándose ahí?" Y me contesta: "Es la pashmina de Mr. Ron Wood". Fue un desastre [se ríe a carcajadas].
–Un tema del que se habla mucho esta temporada es el de la seguridad. ¿Qué impacto le producen a usted esas noticias?
–Yo creo que robos así va a ser muy difícil que no haya nunca. Porque no es violencia lo que tenés acá, violencia es la que hay en San Pablo. Yo ya pasé seis veces por situaciones muy terribles, una de estas traumatizante. Seis personas, en mi casa, con mi hijo, la pistola en la boca. Acá pasa que uno va a cenar, y te entran y te roban una TV. Pero yo a mi auto lo dejo abierto acá y no tengo miedo de andar por la calle. En San Pablo ando en coches blindados. Para un brasileño, acá es un paraíso.
–¿Y cómo ve a Punta del Este para los próximos años?
–Cada vez más internacional. Porque para los argentinos y brasileños es lógico, pero es impresionante cuánta gente viene de otras partes del mundo. Porque es lejos para ellos. Ver tantos americanos cuando tienen el Caribe a tres horas… Y no, vienen a Punta del Este.
–¿Cuál es la explicación?
–Son cosas que se pasan de boca en boca. Y quizás una cosa que es muy cierta es que Uruguay se ha quedado un poco en el tiempo. A mí el verano europeo no me gusta: el de Saint Tropez, quién tiene más plata, quién no. Todo el show off. Acá todo es cool. No es un lugar para traer joyas como las que le robaron a éste… ¿para qué viaja con 3 millones de euros en joyas? No es un lugar para venir con joyas de ese tipo. No es Mónaco. Yo creo que eso hace que estas personas amen tanto Punta. Esa cosa tranquila, menos pretenciosa.
La frescura en el paladar
PUNTA DEL ESTE (De un enviado especial).– Amante de la gastronomía y el buen beber –dice andar siempre con una copa de vino en la mano por su hotel– durante la entrevista con LA NACION, Rogerio Fasano prefirió un jugo natural de sandía. Pero si se tiene que quedar con una botella de vino, no lo duda: elige un Chablis William Fevre, bien frío.
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