
Rolando Hanglin: El padre que carece de la palabra no
Quiere a sus hijos, pero dice no hacer las cosas como debería: no puede poner límites
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Salomé estaba en una estrella y mamá y papá querían mucho tener un bebe. Como mamá no podía tener a Salomé en su panza, le pidieron a Irma que le prestara su panza. Entonces papá puso una semillita que salió de su pilín en la panza de Irma. Salomé creció hasta estar lista para nacer. Entonces los médicos la sacaron de la panza de Irma, la pusieron en una canastita y se la dieron a papá y a mamá para que se la llevaran a casa para siempre."
Con estas palabras y algunos dibujos, la ex mujer del periodista Rolando Hanglin, Marta Ibáñez, explicó a su hija María Salomé cómo había nacido.
Después de haber sufrido un aborto y de haber perdido un bebe recién nacido a causa de problemas hematológicos, ambos probaron varios métodos para tener un hijo. Finalmente, once años atrás, decidieron contratar un vientre ajeno.
"Buscamos madre portadora -alquiler de útero-; llamar al teléfono...", anunciaron en la revista Uno Mismo. Nadie llamó. Finalmente lograron que la manicura de Marta, Irma, aceptara alquilar su vientre por 10.000 dólares.
La pareja contó esa experiencia en Esperanza por encargo, un libro que la Editorial Planeta publicó en 1992 y hoy está agotado. "No puedo decir que todas las angustias de la existencia hayan desaparecido con esta niña, pero sí sé que el margen de incertidumbre se ha reducido -escribió Hanglin-. La he buscado, y no la busqué a ciegas. Yo quería un hijo, y eso es exactamente lo que tengo. No era una tontería, un pretexto, una farsa neurótica. Necesitaba verme prolongado en un ser de mi sangre, que se me pareciera en la piel, en la mirada y en los instintos espirituales. Aquí la tengo, es María Salomé." A los 54 años, Hanglin dirige su propio ciclo, RH Positivo, en Radio Continental, y acaba de publicar una autobiografía que reúne las memorias de un hippie viejo. Se casó dos veces y ahora está otra vez en pareja. Con Emiko Yamamoto no descarta la posibilidad de tener un cuarto hijo.
De su primer matrimonio nacieron Camilo, que tiene 28 años, es arquitecto y vive en Buenos Aires, y Faustina, de 26, que es licenciada en Letras y traductora, nació en Barcelona y vive en Roma.
-¿Cómo se vive el hecho de tener hijos de distintas parejas?
-Cada hijo es una historia distinta y especial, tanto si es de una pareja como de otra. Porque aparte de cambiar de pareja cambia uno y cambia la edad. Una cosa es tener un hijo a los veinte años, otra es a los treinta y otra a los cincuenta.
-¿Cómo pensás que sería tu relación con un hijo ahora?
-Me hincharía bastante, como hinchan todos los chicos. Estoy más cascarrabias ahora que a los veinte años, cuando tenía estado físico y juventud para regalar. Ahora quiero dormir y hacer las cosas que quiero, porque mi momento es ahora, no mañana. Pero estoy seguro de que sería más sabio como padre.
-¿Qué valores le transmite un hippie viejo a sus hijos?
-Yo no soy especialista en valores; les transmito afecto. No me dedico especialmente a los valores. Les transmito verdad, sensibilidad y libertad.
-¿Hablás de sexo con tus hijos?
-No mucho.
-¿Cómo influyó el hecho de ser una figura pública en la relación con tus hijos?
-Mal. A los chicos no les gusta que los padres sean públicos. Los chicos quieren ser alguien ellos, así que la fama de los padres nunca les ha caído bien.
-¿Qué errores sentís que cometiste como padre?
-Yo cometo siempre el mismo error: carezco de la palabra no. Me cuesta mucho poner límites. Lo puedo hacer, pero me duele en el alma. No soy buen padre. Soy afectuoso y amo a mis hijos, pero no hago las cosas bien.





