
Podemos descansar parados en el subte, pero mucho mejor es hacerlo sobre nuestro querido colchón, que esconde más secretos que billetes encanutados.
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Por Cecilia Acuña
Desde hace décadas, la industria del descanso se ha desarrollado a través de diferentes tecnologías que conjugan la química para obtener fascinantes espumas de poliuretano, la metalurgia para crear distintas sensaciones a partir de resortes y la textil para producir mantas de confort.


Hace cien años Manuel Vázquez llegó de Galicia y comenzó a arreglar colchones. Pronto se lanzó a fabricarlos él mismo. Junto con la prosperidad del emprendimiento, llegaron hijos y nietos, que son quienes hoy gestionan esta empresa que produce colchones premium en Valentín Alsina.

Podríamos decir que un colchón es una suma de capas, como un rogel pero con mucha más tecnología. La travesía se inicia en un laboratorio, donde se combinan los elementos químicos para producir diversas espumas de poliuretano que se diferencian en calidad por el peso: cuanto más pesada, mejor es. En Springwall se manejan entre los 18 y los 35 kilos por metro cúbico. Los bloques de espuma ya expandida se colocan en una máquina llamada carrusel que los corta en módulos de distintos espesores y medidas. Un colchón puede tener entre dos y cinco capas de espuma. Existen tres tipos de resortes: los pocket, los bonnell y los continuos.

Para todos se utilizan rollos de alambre de acero 216. En el primer caso, son individuales y se unen por medio de una entretela que los separa con un cerramiento de calor. Los bonnell son también individuales pero unidos entre sí por dos alambres que los atraviesan en horizontal y en vertical. El resorte continuado es un alambre que nunca se corta y que pasa por una máquina que lo ensortija para luego extenderlo. En los tres casos es una producción automatizada en máquinas resorteras.

En el medio se tapiza el sommier, que queda listo para recibir a su compañero el colchón, el cual solo estará terminado cuando se unan los resortes, las espumas y las mantas de confort, que se trabajan en una matelaseadora capaz de producir una tapa con hasta dos placas de espuma, una de guata y un tejido de algodón.El proceso culmina con la unión de todas las partes mediante un vivo que se ubica al final junto con la etiqueta de la marca y el deseo de un buen dormir.







