
Salió a pasear con su familia y, a 3 mil metros de altura, se topó con una escena inesperada: “No paraba de maullar”

El plan original era un paseo familiar hacia la Reserva Natural Villavicencio para aprovechar la jornada fresca y las postales que dejaba una reciente nevada sobre la precordillera mendocina.
Sin embargo, el viento helado en la montaña obligó a la familia a seguir subiendo por los caracoles de la histórica Ruta 52 hasta alcanzar la zona del cruce con Uspallata, a casi tres mil metros sobre el nivel del mar. Allí, en medio de la inmensidad del paisaje andino, donde no se veían poblados ni viviendas en kilómetros a la redonda, una pequeña vida resistía al frío extremo.
Mientras se disponían a almorzar, la caminata de Fabri y su compañera Majo por los arbustos de la zona rompió el silencio de la montaña. “Escucharon el maullido de un gatito y de pronto lo vimos aparecer. Pero no nos dejaba agarrarlo, se escapaba y escondía. Lloraba todo el tiempo”, relata Gonzalo Cano, quien viajaba junto a sus padres, Eduardo y Alejandra, y el resto del grupo.
Ante la imposibilidad de atrapar al animal de inmediato, decidieron esperar con paciencia. “Le dimos un poco de comida y agua, y nos pusimos a comer. Sabíamos que se iba a acercar hasta que tomara confianza. Como última opción, teníamos la certeza de que la íbamos a agarrar”.
Tras dos horas de intentos frustrados entre las matas espinosas, llegó el momento de emprender el regreso hacia la ciudad de Mendoza. Abandonar al animal en esa soledad no era una alternativa viable, ya que el caserío más próximo se encontraba a más de diez kilómetros de distancia.
“Fuimos con mi hermano a atraparlo, se nos escapaba pero no se iba lejos, hasta que lo pudimos agarrar y ahí se tranquilizó”. La actitud arisca del gatito se disipó apenas sintió el contacto humano. “Una vez que lo agarramos se entregó por completo y se relajó un montón. Tanto que en el auto nos la pasábamos un ratito cada uno, ya que eran dos horas y media de viaje de vuelta. Fue durmiendo con todos”.
De regreso en la ciudad, el control veterinario confirmó la fortaleza de lo que resultó ser una pequeña sobreviviente. Con apenas dos meses de vida y un peso que rondaba el kilo, presentó un excelente estado general de salud.
“El examen físico incluye la evaluación del estado y color de las mucosas (si estuviesen pálidas podría indicar la presencia de anemia), se revisan las fosas nasales (presencia de mocos), los oídos (para descartar una otitis), el peso (para descartar desnutrición a causa de una enfermedad parasitaria o infecciosa o simplemente por una mala nutrición) y el estado de la piel y el pelaje (presencia de pulgas, ácaros u hongos; el pelaje puede estar opaco y deslucido también por falta de una buena nutrición o por presencia de parásitos intestinales)”, detalla Patricia Paredes, Médica Veterinaria del equipo de Natural Life (M.P 7387).
Asistir con regularidad al médico veterinario es necesario para prolongar el bienestar de los gatos, según indica un reciente estudio de Waltham Petcare Science Institute, el centro de ciencia de Mars Petcare. Cuidar a un gato no significa solamente atender sus necesidades físicas, sino también acompañarlo en cada etapa de su vida para fortalecer el vínculo que construye con su familia. El veterinario no solo identifica enfermedades en etapas tempranas, también orienta sobre cambios en el entorno, en la rutina y en la alimentación que pueden favorecer un envejecimiento más saludable y feliz

La adopción la formalizó Gonzalo, que es instructor de acroyoga (@_gonzacano) y organizador de eventos, cuya rutina combina el trabajo en computadora desde su casa con viajes frecuentes a festivales. Para él, la llegada de la gatita, bautizada como Pipina, reconfiguró el espacio del hogar y sus proyectos a futuro.
“Duerme desde el minuto uno en mi cama... ya explora la casa, está engordando mucho y estoy feliz de que haya llegado a mi vida y de esa forma tan hermosa e inesperada”, dice emocionado Gonzalo.
Ahora, la meta compartida pasa por la adaptación al movimiento cotidiano: “Próximamente compraré una mochila para poder viajar a la montaña en la moto y que se vaya acostumbrando a salir de la casa y a relacionarse con otros animales, así me la puedo llevar a los trabajos”. Aquella gatita que lloraba desolada en la inmensidad de los Andes hoy camina con arnés, se entrega al afecto y se prepara para convertirse en una compañera de ruta sin fronteras.
Compartí una historia
Si tenés una historia de adopción, rescate, rehabilitación o ayudaste a algún animal en situación de riesgo y querés contar su historia, escribinos a bestiariolanacion@gmail.com











