Santiago Bilinkis. "Las series se diseñan para que no puedas parar de verlas"

El fundador de Officenet y divulgador de invenciones futuristas acaba de publicar un nuevo libro, en el que advierte sobre los peligros de las tecnologías del presente
El fundador de Officenet y divulgador de invenciones futuristas acaba de publicar un nuevo libro, en el que advierte sobre los peligros de las tecnologías del presente Crédito: SILVANA COLOMBO
Ariel Torres
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27 de julio de 2019  • 00:20

Economista por formación y nerd a mucha honra, Santiago Bilinkis se graduó con medalla de oro en la Universidad de San Andrés, pero nunca se dedicó ni pensó en dedicarse a la economía. En su espíritu ardía el fuego emprendedor e inmediatamente después de recibirse, junto con Andy Freire, fundó Officenet, el sitio de comercio electrónico de productos para oficina que dirigió durante 15 años y que fue adquirido por Staples en 2004. Fue su primer emprendimiento y el más representativo de su carrera, pero sigue invirtiendo y, en algunos casos, cofundando compañías, casi siempre relacionadas con internet, como Restorando, Trocafone y Sirena.

Nueve años atrás Bilinkis fue a estudiar a la prestigiosa Singularity University, en Silicon Valley, y esa experiencia le dio un vuelco total a su vida. "Volví tan impactado de Singularity que sentía una gran necesidad de contar todo lo que había vivido y aprendido allá," explica. Empezó así a hacer radio, escribir para la Revista de la nacion y a dar conferencias. "Singularity me dejó un gran entusiasmo acerca de lo que podemos hacer con la tecnología para mejorar el mundo y nuestras vidas. Ese optimismo me acompañó por muchos años y se plasmó en mi primer libro, Pasaje al futuro, y es lo que la gente más conoce de mí", resume.

-Pero eso de pronto cambió.

-Sí, hace un año y medio, empecé a tener un vuelco en mi mirada. Empecé a ver que la tecnología en algunos aspectos tenía muchos impactos que no parecían positivos. Y que eso estaba pasando ahora, no en el futuro mediato, del que siempre me había ocupado. Mi optimismo empezó a virar hacia el escepticismo y mi foco en la tecnología más largoplacista empezó a virar hacia el presente. De allí surge este nuevo libro, Guía para sobrevivir al presente. La introducción puede descargarse de sobreviviralpresente.com.

-Escribir un libro es un esfuerzo abrumador. ¿Qué te llevó a escribir Guía para sobrevivir al presente?

-Lo que más me impulsó es que siento que en este momento hay una asimetría muy importante entre la sofisticación que manejan quienes diseñan el software que usamos y la mayoría de los usuarios.

-La asimetría de poder entre Amazon, Apple, Facebook, Google, Microsoft o Netflix y el usuario común.

-Sí, eso, y la sensación de que están pasando dos cosas. Por un lado, la mayoría está jugando un partido contra estas compañías, y nos están ganando ocho a cero sin que nos demos cuenta siquiera de que empezó el partido. Pero incluso cuando te das cuenta de que empezó el partido, la cancha está inclinada. Mis motivaciones fueron despabilar a la gente acerca de que estamos jugando un partido y tratar de nivelar la cancha.

-En tu libro decís que el smartphone es peligroso. ¿Por qué?

-No es peligroso en sí, sino por el software que corre en él. Si vos te preguntas qué tienen en común todas las personas que están leyendo este reportaje, son solo dos. Son seres humanos y tienen un smartphone. Y al revés que todas las tecnologías previas, como la tele o las consolas de videojuegos, el celular está en todos lados, en todo momento, y es todas las cosas, porque no es solo un teléfono, sino también una cámara, es una consola de juegos, es un e-book, etcétera. Si bien es cierto que todas las tecnologías nos modificaron conductas y posibilidades, nunca existió en toda la historia de la humanidad una tecnología que fuera tan omnipresente y omnipotente en nuestra vida.

-¿Cómo estás llevando vos esta adaptación a estos cambios que describís?

-Es interesante, porque yo cambié antes del libro. Una de las cosas que hice fue desactivar por completo las notificaciones de mi celular. Todas. No emite ninguna luz ni ningún sonido. Yo decido cuándo lo uso o acuerdo con alguien para que me llame a cierta hora.

-¿En qué mejoró eso tu calidad de vida?

-Las notificaciones están diseñadas para causarte un pequeño pico de dopamina. Así que estás más pendiente de lo que está pasando en otro lado (en las redes, por ejemplo) que lo que ocurre donde realmente estás. Al sacar estas interrupciones constantes, puedo estar presente ahí donde estoy, concentrarme cuando lo necesito o estar entretenido y distraído, pero en una sola actividad. Porque, de nuevo, todo esto está diseñado para que empiece a interesarte más lo que pasa en el teléfono que en el lugar donde estás.

-¿En qué benefician a las empresas estas manipulaciones, como las llamás en el libro?

-La mayoría de los modelos de negocios de las compañías de internet tienen que ver con monetizar tu tiempo y tu atención. No es que quieren convertirnos a todos en un ejército de zombies, quieren ganar dinero. Pero en ese proceso, necesitan que estemos la mayor cantidad de tiempo posible pendientes de la pantalla. Y eso no está alineado con lo que nos conviene a nosotros. Los síntomas se ven por todos lados. Ya me pasó que dos escuelas me pidieron que fuera a hablar con chicos de primaria porque van al colegio casi sin dormir por Netflix, Instagram y Fortnite. Esto no pasaba antes, al menos no con esta magnitud. Y está pasando porque estas compañías quieren que pase y saben cómo diseñar sus plataformas para que pase esto.

-En tu libro tratás algunos temas que son supersensibles. La soledad, el romance, el futuro del trabajo, la crianza de los hijos. ¿Estas tecnologías lo están cambiando todo?

-Absolutamente, y, si querés, el lugar donde más está cambiándolo todo es en la cabeza de nuestros hijos. Porque si bien los adultos tenemos cierta plasticidad cerebral, esto de criar chicos con pantallas casi desde el nacimiento es un experimento que no sabemos en qué resulta.

-¿A mediano plazo, vamos a salir más o menos bien de esto, o se viene algo distópico?

-Soy optimista en el sentido de que si balanceamos la cancha tenemos la posibilidad de usar la tecnología para fines mucho más positivos que los de ahora.

-¿Cómo ponemos la cancha a nivel?

-Bueno, si te fijás la primera parte del libro trata de explicar cómo funcionan nuestra mente y los palitos que estamos pisando. Los sesgos cognitivos son como las ilusiones ópticas. Sabés, aunque tu ojo no la vea, que hay una distorsión, y actuar en consecuencia. Por ejemplo, detectás que querés ver otro capítulo de la serie, pero no porque es lo mejor para vos, sino porque la serie se diseña para que no puedas parar de verla, y en una de esas tomás la decisión correcta, contra tu propia voluntad.

-Contra tu supuesta propia voluntad.

-Exacto. Lo desafiante es que el ejercicio lo tenés que hacer todas las veces, no hay un aprendizaje en esto.

-Vos parecés siempre un tipo muy ocupado. Me gustaría saber qué hacés para distraerte.

-Me gusta mucho el deporte, pero soy muy malo como deportista. Le pongo tenacidad al tenis y me gusta mucho mirar deportes. Soy uno de los pocos argentinos más fanáticos del fútbol americano que del fútbol, aunque también lo soy del fútbol. Y después me gusta mucho la matemática, así que soy de hacer acertijos y ejercicios de ingenio matemático. Mi manera de descansar.

-No es mirar una serie, sino resolver acertijos matemáticos. Muy Bilinkis eso.

-[Risas] Puede ser, mis hijos se burlan y me dicen que soy demasiado nerd.

-No te preocupes, somos una legión, lo que pasa es que a veces nos sentimos avergonzados.

-En casa se burlan, pero ojo que a mí no me produce ninguna vergüenza. Lo reivindico con orgullo.

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